En una ópera como El guardián de los cuentos se rompe con lo establecido hasta ahora. Para empezar, la historia habla de magia y de un mundo donde los cuentos se hacen realidad, una obra infantil perfecta, escrita por Miquel Ortega. En segundo lugar, los protagonistas son niños, y muchos no profesionales en el canto coral, y, además, tanto el vestuario como la escenografía surgen de la reutilización de diversos materiales.
En la preparación de esta obra, que será representada los días 23 y 26 en el Teatro Gayarre y el 30 en el Auditorio de Barañáin, han participado 26 niños y niñas y cinco cantantes profesionales adultos. En el caso de los más pequeños tuvieron que realizar varias audiciones el pasado mes de septiembre, en las cuales debieron, además, demostrar sus dotes de canto, actorales y coreográficas.
"Hicimos una primera criba y seleccionamos a unos cuantos, después volvimos a escucharlos para ver cómo podían encajar en la obra", cuenta Álvaro Albiach, director musical de ésta ópera. "Lo que más me sorprendió fue la espontaneidad de los críos, me quedé muchas veces pasmado porque yo nunca había tenido que trabajar con chavales, y cuando lo había hecho solían venir con experiencia de escolanías o coros. Además, lo del casting es novedoso en el sentido de que normalmente suelen ser profesionales adultos los que encarnan los personajes de las óperas infantiles", puntualiza el director.
Y es por esta misma razón, porque son chavales con poca experiencia, por lo que se ha ensayado "más concienzudamente", según Albiach. "Hemos tenido que insistir mucho en las prácticas. Y para llevarlas a cabo he tenido una ayudante, Nekane Piñuelas, que los ha dirigido estos meses durante los fines de semana, el único momento que tienen libre. Ahora, en estos últimos ensayos antes del estreno, me he incorporado yo para las prácticas generales con los solistas adultos, y, desde el pasado fin de semana, con la Orquesta de Cámara de Navarra", relata.
vestuario y escenografía
El detrás del espectáculo
Pero eso no es todo, a la preparación vocal se ha unido la del vestuario y la escenografía. En el caso de los trajes, la ideadora de estos ha sido la joven diseñadora pamplonesa Edurne Ibañez, quien, entre otras cosas, se hizo en 2008 con el Premio al Mejor Joven Diseñador Nacional en Madrid. Ibañez, que siempre se ha caracterizado por la reutilización de materiales muy variados para la confección de sus trajes, ha puesto, por primera vez, sus dotes al servicio de una ópera. "Para mí ha sido una experiencia nueva, porque nunca había hecho vestuario para un espectáculo. Lo primero fue leer el guión, la historia es muy bonita, y normalmente lo que suele ocurrir cuando lees un texto es que vas haciendo imágenes en tu cabeza. Asi que, una vez creados los bocetos, me tocó presentarlos para que le dieran el visto bueno", cuenta la diseñadora.
Inspirados en el vestuario y la estética de las películas de Tim Burton, los trajes están creados a base de materiales como globos de colores, para las casacas de los 7 enanitos; sujetadores y fajas de color carne, para el vestido de la Princesa; etiquetas de composición, para la falda de la Cerillera; o flejes de envolver palés, que imitan a los antiguos miriñaques, para las faldas de los niños del coro. "También, cuando bailan la Tarantella, llevan unas faldas naranjas que están hechas con los plásticos de las obras de la autovía. Son, en definitiva, materiales a los que se les ha dado otro uso distinto del habitual. Pero ha llevado su tiempo adecuarlos y adaptarlos a las necesidades. Exactamente tres meses", asegura Ibañez.
Y no es la única a la que le ha tocado trabajar a conciencia. La escenografía también lleva planteándose desde septiembre, aunque estos últimos días está sufriendo unos cuantos retoques importantes. "La intención primera era hacer algo muy sostenible, que se viera más el material reutilizado, que fuera muy evidente en la escenografía. Me parecía interesante trabajar, por ejemplo, con velas de barco, cajas de cartón, yo quería que los materiales tuiveran su propia lectura. Pero al final, se ha decidido que era demasiado duro para este tipo de obra infantil que se va a representar, y se están cambiando cosas", cuenta Alicia Otaegui, artista e interiorista. "En definitiva, es algo muy experimental", afirma.