Intérpretes: Maite y Francisca Baumont, mezzosopranos. Coro Premier Ensemble de la AGAO, (Dirección Máximo Oloriz). Orquesta Sinfónica de Navarra. Dirección: Kolja Hosemann. Programa: Obras de Haendel, Vivaldi, Rossini, Offenbach, Loewe, Berntein y Humperdink. Programación: Asociación Gayarre de Amigos de la Opera y Ayuntamiento de Pamplona. Lugar y fecha: Auditorio Baluarte. 19 de diciembre de 2010. Público: Lleno.

FRANCISCA y Maite Beaumont son dos voces de carrera consolidada. De timbre muy original y distinto dentro del apartado ambiguo y complejo de las mezzos. Con presencia escénica rotunda. Y una profesionalidad y sentido del canto firmemente asentados en una tradición familiar que aporta un empuje de natural simpatía y pasión. El recital anunciado como concierto de Navidad resultó, afortunadamente, alejado de dulzonerías y corroboró que ambas tienen un gran poso escénico en el repertorio convencional de su cuerda. Pero, también, nos descubrió facetas de repertorio que no conocíamos, y que ambas solventaron con verdadera maestría. La mayoría de las obras, por cierto, de extraordinaria exigencia.

Maite es una mezzo lírica que posee una belleza de voz, en origen, aterciopelada y suave. Con grandes facultades para la coloratura. Lo demostró comenzando su actuación con una soberbia aria de bravura (L"aquila generosa) de Vivaldi. A la homogeneidad en todos los registros -endiablados en algunos tramos- se añade el dominio de aligerar en el agudo, la firmeza en el recorrido del adorno, sin desequilibrio alguno, y el fiato para alargar los finales hasta donde quiere. En el aria a modo de rondó de la Cenerentola (Naqui all"affano) demostró una gran flexibilidad vocal, pero manteniendo su color -otras mezzos más famosas resultan excesivamente blancas-, y con voz cálida y sensual siempre. Maite, además, puede presumir de escala. En este recital adquirió rol de soprano con efectos sorprendentes y muy bellos en los dúos con Francisca: el Julio César de Haendel, o la famosa Barcarola de los Cuentos de Hoffmann de Offenbach. Dúos de inauditos, de original colorido, de robusta hermosura.

Francisca es mezzo dramática, y de esta característica dio fe toda la tarde. Su Agnus Dei de la pequeña misa solemne de Rossini, fue una carga de profundidad. Volumen, gravedad y potencia son sus armas. Se lució en la Candide de Bernstein, con registros vocales y teatrales sorprendentes. Y su voz llega poderosa y rotunda, hasta la última fila del auditorio. Hermosísimo sustento en los dúos, aporta la solidez de los grandes roles de mezzo dramática de la tradición operística.

Convencieron ambas en la segunda parte del recital, en un repertorio que se conoce e interpreta poco. Berstein, Loewe y Humperdink en su estilo. Con soltura, convencimiento e impecable resolución de la partitura. Muy bien secundadas, por cierto, por el coro de la AGAO, que demostró lo que es un coro de ópera en el escenario, cuando hay que trasladarse a mundos teatrales tan distintos como el musical.

Kolja Hosemann, muy atento toda la velada a las solistas, dominó siempre a sus conjuntos. La orquesta, precisa en los tramos más rítmicos de Bernstein, también supo adaptarse al ecléctico programa. Muy respetuosa en el volumen, consiguió reguladores plenos. Éxito total del recital, con una propina -esta sí de Navidad- armonizada por el maestro de capilla A. Sagaseta.