El enésimo asesinato del servicio secreto de Israel habla por sí solo del actual conflicto palestino-israelí, presente en los noticiarios día tras día y origen de muchos libros y artículos que sobre el mismo se siguen escribiendo desde las diferentes trincheras de esta guerra cuyo bosque oculta realidades que, en la espesura, se difuminan. Por ello, no es fácil hallar, en El judío errado, las virtudes de un ensayo diferente, que aporta un punto de vista propio del reportaje destinado al lector menos informado, sobre un Estado edificado "sobre la contradicción".

En el estudio del opresor, se encuentra el meollo de esta crónica sobre la visita al frente de batalla, que puede ser toda la geografía del entorno susceptible de ser convertida en hogar.

Para empezar, Pradilla, periodista que forma parte de ese equipo que cada campaña tiene problemas para perfilar una plantilla y responde al nombre de free-lance, reconoce que Europa, "indiferente al genocidio del pueblo judío, también fue indiferente a la masacre y la limpieza étnica del pueblo palestino", cuando el Estado de Israel llegó para convertirse en "instrumento perfecto para la regeneración del poder colonial" en la región en la que le habían parido.

Y añade que el día a día de algunas minorías dentro del Estado es, hoy, una de "las principales contradicciones de Israel y exponen de forma clara las desigualdades provocadas por un Estado colonial".

Así pues, la aportación de El judío errado a este lance de largo alcance parece ser la de situar al interesado en su presente a través de su pasado (origen y breve historia), y de las opiniones de los propios combatientes de ese combate que comparten laicos y religiosos, refugiados y árabes, colonos y desposeídos. Lástima, los escasos errores tipográficos, (por otro lado) producto de la valiente decisión de dar salida inmediata a una actualísima edición.