pamplona. Diez años poniendo el ocio al alcance de todos. Diez años de empeños en la búsqueda de la igualdad de oportunidades. Diez años de teatro accesible. Son los que estos días celebra el Teatro Gayarre, que junto con la Asociación Retina Navarra lleva una década apostando por acercar las artes escénicas a las personas con discapacidad visual. La próxima cita, esta semana con Querida Matilde, con Lola Herrera.
La iniciativa de usar el sistema de audiodescripción en algunas funciones fue pionera en todo el Estado. Y lo sigue siendo, porque aunque ciudades como Madrid, Barcelona, A Coruña o San Sebastián han seguido el ejemplo del Gayarre, todavía no han dado el paso de programar funciones adaptadas de sus obras de cartelera, sino que optan por montajes específicamente dirigidos al público discapacitado. Sin embargo, en el teatro pamplonés lo que se pretendía era que, precisamente, las personas con y sin discapacidad compartieran sus momentos de ocio sin segregar. Así lo defiende también José Mari Casado, presidente de Retina Navarra, una asociación cuyo principal objetivo es "hacer que las personas con alguna discapacidad visual se sientan como cualquier otro ciudadano". En este sentido, Casado recuerda que cuando se decidieron a impulsar este proyecto, hace diez años, "eran pocas las personas interesadas en acudir al teatro", pero con el tiempo eso cambió, y ahora las funciones con audiodescripción cuentan de media con unos cuarenta espectadores con discapacidad visual. Espectadores a los que el Gayarre cede las dos primeras filas en el caso de aquellos que aún conservan un resto de visión, y las filas 12 y 13 para los invidentes.
En cuanto a la programación, el teatro les ofrece entre dos y tres representaciones adaptadas por trimestre y la asociación suele optar por aquellas que de entrada son interesantes y que, además, no resultan complicadas para la audiodescripción. De esto, quien más sabe es Mikel San Julián, voluntario de Retina y responsable del sistema junto con Modesto Arregui. En la medida de lo posible y de la oferta, se escogen espectáculos en los que el elenco más bien reducido, para evitar conversaciones grupales, y en los que la escenografía y los movimientos escénicos no sean muy complicados. A partir de ahí, una vez elegida la obra, ambos se hacen con el libreto y acuden a verla una vez, para "saber qué mensajes creemos que hay que transmitir a los espectadores", que llevan auriculares. Pero el sistema, que se maneja desde la cabina que el Gayarre tiene en el anfiteatro, va más allá y atiende a todos los detalles; desde la llegada al teatro, cuando se les entrega los auriculares y se les pide que se sienten al primer aviso "para poder explicarles la escenografía y anticiparles si hay alguna escena de mucho diálogo o especialmente complicada".
sobre las tablas Así las cosas, ya son diez años apostando por la audiodescripción. Y casi ocho con el ciclo bienal Escena y discapacidad, en el que las personas con discapacidad suben a escena, donde, según José Mari Casado, "las discapacidades se anulan completamente", tal y como han comprobado ya quienes han visto los montajes de la Fundación Atena, El Molino o Isterria.