Flores marchitas 'Gardenia' Obra: Gardenia. Basada en una idea de Vanessa Van Durme. Compañía: Les Ballets C de la B. Dirección: Alain Platel, Frank Van Laecke. Intérpretes: Vanessa Van Durme, Griet Debacker, Timur Magomedgadzhiev, Andrea De Late, Richard 'Tootsie' Dierick, Danilo Povolo, Gerrit Becker, Dirk Van Vaerenbergh, Rudy Suwyns. Lugar y fecha: Teatro Gayarre, 24/05/11.
LA gardenia es el símbolo de la gracia femenina, la sutileza y el mérito artístico. No lo sabía, pero me parece muy adecuado para el espectáculo que, con el nombre de esa flor en el título, presentaron los Ballets C de la B en el Gayarre. Lo del símbolo de la gracia femenina lo he leído en la Wikipedia, y lo mismo no es verdad, pero si fuera falso me parecería aún más adecuado. Digo esto porque Gardenia es un espectáculo que tiene como eje central el tema del travestismo. Luego hay daños temáticos colaterales, o nos los podemos imaginar según lo que nos sugiera la función, porque esta no está nada definida, no hay un hilo conductor, ni se pretende que lo haya, y todo se basa más en la sugerencia que en la afirmación inequívoca.
El interesante comienzo de Gardenia presenta a los nueve actores de frente al público, vestidos con elegantes trajes masculinos. Todos, excepto uno, son hombres de cierta edad, bien entrados en la sesentena. Vanessa Van Durme, actriz transexual y alma máter de Gardenia, escogió a los intérpretes con la condición de que fueran sexagenarios que se hubiesen travestido alguna vez en su vida. Cuando estos caballeros con la apariencia de respetabilidad que les dan sus ropas se despojan de ellas para mostrar los veraniegos vestidos floreados que llevan debajo, los sentimientos son encontrados: hay un cierto aire de travesura, de hacer algo divertido y a la vez inapropiado; sin embargo, las imágenes de los actores con su movimiento congelado mientras se desnudan, como en una fotografía, tiene algo de trascendente, de acto que se realiza con la conciencia de estar llevando a cabo un hecho de una seriedad inapelable, al menos para quien lo ejecuta.
Así que por ahí va Gardenia: el travestismo es algo importante, un modo de expresar algo inefable, un sentimiento de diferencia. Gardenia trata de mostrar un cabaret, partiendo de la película Yo soy así, de la directora Sonia Herman Dolz. Y efectivamente, las canciones se alternan con los chistes procaces sobre "mariquitas" (así lo dice Van Durme). Todo se aparece como intrascendente y frívolo, pluma y seda china. Sin embargo, la visión de las barrigas y las arrugas de los actores aporta más bien una sensación de declive, de decadencia dentro de un género decadente. Gardenia expone con esto el tema de la vejez, dejando el ambiente cargado con un aroma de flores marchitas.
Es lo que más me sugiere esta acumulación de rímel y postizos: melancolía. Tristeza y dolor, incluso, en la danza y posterior lamento (aunque fuera en ruso) de Timur Magomedgadzhiev, el único joven y el único bailarín real del elenco. Ante la quietud general del espectáculo, su baile atruena como un grito, enérgico y desesperado a la vez. Hermoso también, por supuesto. Si algo le reprocharía a Gardenia es precisamente la morosidad con la que se presenta todo, y casi más que eso, la sensación de redundancia. Un poco como si quisieran decirnos: "Esto es lo que te quiero contar. ¿No lo has entendido? Espera un momento, que te lo cuento otra vez". Cambian los vestuarios, las pelucas, las canciones, pero no encuentro evolución en el tono o en la intención. Algo deliberado, entiendo, pero que termina por meterte y sacarte del espectáculo a ráfagas.