El Gobierno de España ha prohibido a EEUU el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones que tengan que ver con la guerra de Irán. A día de hoy, son las dos principales bases de soberanía compartida entre el Estado y los americanos, que las instalaron tras la firma de los Pactos de Madrid en 1953, un movimiento militar, diplomático y geoestratégico que sirvió como auténtico salvavidas del régimen en el nuevo contexto de la guerra fría.

La base naval de Rota y la base aérea de Morón son las que quedan, pero hubo más. También en Navarra.

Desde los cincuenta y hasta 1974 estuvo operativa la estación del Escuadrón de Alerta y Control W-6 de Elizondo, situada en la cima de Gorramendi. Era una base donde los americanos instalaron unos grandes radares y radios que servirían para avisar a toda la línea defensiva americana en caso de ataque soviético. Los americanos querían una base lo más al norte posible para que pudiera conectar mediante microondas con las otras bases americanas en Europa y Reino Unido. 

Según testimonio del aviador español José Pérez-Cruz Sánchez, en 1958 la Comisión de Ingenieros Topógrafos del USA National Bureau of Standars y la Comisión de Ingenieros de Telecomunicaciones de la USAF Headquarters, al mando del coronel Lynch, le solicitaron que les acompañara como representante del Ejército del Aire en sus trabajos de prospección y elección del emplazamiento del Escuadrón de Alerta y Control número 6, que finalmente se construyó en Elizondo y estuvo en servicio hasta finales de 1966, cuando se desmantelaron los radares más importantes. Después continuó unos años más, pero ya sin los radares y con otras funciones.

Varios soldados americanos operando los radares de la base de Gorramendi. Cedida

Bardenas... ¿la 'quinta' base hispano-americana?

Aunque no es propiamente una base americana y no figuró en los planes iniciales de 1953, es imposible separar el polígono de tiro de Bardenas Reales de los usos del ejército americano en España.

El polígono de tiro, que este año cumple 75 años desde su entrada en funcionamiento, fue una pieza esencial para la aviación americana y ahora lo es para los aviones de la OTAN.

Su mantenimiento ha sido un empeño para los Estados Unidos, que lo han tenido en cuenta como una infraestructura básica en todas las renovaciones de los pactos Estado-EEUU desde los cincuenta, tal y como contó el historiador Ángel Viñas en su libro En las garras del águila. De hecho, los EEUU se refieren a Bardenas, en sus documentos internos, como base hispano-americana.

Siempre se dice que fue José Lacalle Larraga, exministro del Aire con Franco (de 1962 a 1969) y nacido en Valtierra, quien decidió la localización del polígono cuando era responsable de la región militar aérea de Navarra. Sin embargo, el aviador Pérez-Cruz aseguró en la revista Aeroplano que “la construcción y puesta a punto” del polígono de tiro fue posible “en estrecho trabajo de cooperación” con los EEUU, directamente a través del teniente coronel Kenn Deal.

Sus condiciones ideales para la aviación (cielos despejados de nubes gracias al cierzo, buena visibilidad durante muchos días del año…) y su cercanía a la base aérea de Zaragoza (esta sí compartida entre España y EEUU en virtud de los acuerdos) convirtieron el polígono de tiro en zona habitual de prácticas para los americanos, que aquí tiraron con todo. Incluso en Bardenas se entrenaron para la guerra nuclear, con el lanzamiento de bombas nucleares de carga simulada, las BDU-38, según un informe elaborado por William Arkin y Richard Fieldhou, expertos en defensa norteamericana e investigadores del Institute for Policy Studies de Washington, publicado en 1985.