Un teléfono suena en la sala del 091 de la Policía Nacional y una voz anuncia un peligro en un edificio público. En cuestión de minutos, patrullas, ambulancias y, en los casos más graves, la unidad especializada en desactivación de explosivos TEDAX-NRBQ, se ponen en marcha. Se acaba de activar la Circular 50, el protocolo antiterrorista que este miércoles entró en liza por la aparición de una maleta sospechosa junto al Palacio de Justicia de Pamplona. El objeto fue detonado y se descubrió que se trataba de una falsa alarma, pero la persona que lo depositó –iba encapuchada– se enfrentará a consecuencias penales si la Policía Nacional logra identificarla.
Lo que alguien podría llegar a considerar una travesura tiene un nombre en el Código Penal y una pena que puede llegar a la prisión. Se encuentra en el artículo 561, que castiga la simulación de peligro, es decir, lo que comúnmente se conoce como falsa alarma. El precepto establece que quien afirme falsamente o simule una situación de peligro para la comunidad, o la producción de un siniestro a consecuencia del cual es necesario prestar auxilio a otro, y con ello provoque la movilización de los servicios de policía, asistencia o salvamento, puede ser condenado a una pena de prisión de tres meses a un año, o a una multa de tres a dieciocho meses.
La movilización de los servicios de emergencia no es el único umbral, ya que en ocasiones, el simple desalojo de un inmueble es suficiente para que la conducta tenga relevancia penal, como puede ocurrir en el caso de un centro escolar si el director lo ordena ante una llamada que alerte de la colocación de un explosivo. "La clave para que la conducta sea delictiva es el dolo, la intención. Si la persona que depositó un objeto sospechoso lo hizo a propósito para generar alarma, hay delito", explican desde la Jefatura Superior de Policía de Navarra.
Grabado por una cámara
Es lo que parece que ocurrió este miércoles en el barrio de San Juan, ya que las cámaras grabaron a una persona, presumiblemente un varón, que cubría su cara con una capucha, depositando una maleta sospechosa junto al lateral del Palacio de Justicia. "La intencionalidad también puede agravar la calificación jurídica. Cuando el objetivo de la falsa alarma es impedir que se celebre un acto o evento concreto, la conducta puede derivar en un delito de amenazas o coacciones, con penas potencialmente más severas", señalan las mismas fuentes. En cambio, si se trata de un despiste, no se estaría perpetrando el delito.
Cuando la Policía Nacional recibe un aviso sobre un posible artefacto explosivo, el protocolo comienza antes incluso de que los artificieros lleguen al lugar. Los agentes analizan el objeto, la actitud de quien lo depositó, a través de testigos o cámaras de seguridad, y aventuran su contenido.
Si la valoración es de riesgo, se activan dos perímetros concéntricos de seguridad: el primero, a 200 metros del punto de la amenaza, es una zona de exclusión estricta a la que solo pueden acceder los agentes del TEDAX-NRBQ, y el segundo, a 250 metros, que actúa como cordón de seguridad ciudadana, garantizando distancia con la población y creando el espacio necesario para el triaje y la atención médica en caso de que haya víctimas.
Aislar la amenaza
Los perímetros los establecen las unidades de Seguridad Ciudadana y la UIP (antidisturbios), siempre en coordinación con la sala del 091 y con el resto de cuerpos policiales presentes en el dispositivo. "El objetivo es triple: proteger a la ciudadanía, dejar espacio de trabajo a los servicios de emergencia y garantizar que, si finalmente se produce una explosión real, la distancia máxima posible separe a las personas del foco de peligro. Cuanto más aislada quede la amenaza, más eficaz resulta la respuesta", indican desde la Policía Nacional. Mientras los anillos de seguridad se consolidan, la Brigada de Información trabaja en paralelo para identificar al autor y neutralizar la amenaza antes de que sea necesaria una intervención física.
Los TEDAX-NRBQ, la unidad de Técnicos Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos y en defensa contra agentes Nucleares, Radiológicos, Biológicos y Químicos, es la pieza final y más especializada del dispositivo. Son quienes cruzan el perímetro interior y, al mismo tiempo, quienes dirigen la actuación del resto de las unidades en la escena.
Su formación combina una exigente preparación teórica y física: los trajes de protección que deben portar en muchas intervenciones pesan decenas de kilos y obligan a trabajar con calor extremo y movimiento muy restringido. Pero quizá el requisito más difícil de entrenar es el psicológico. Se trata de personas muy tranquilas y calmadas, capaces de tomar decisiones críticas bajo una presión extraordinaria.
Detonación controlada
La disponibilidad de los TEDAX-NRBQ es permanente: 24 horas al día, 365 días al año. No siempre son movilizados, ya que en ocasiones la situación se resuelve antes de que sea necesaria su presencia física, pero cuando intervienen lo hacen con un objetivo claro: neutralizar la amenaza, bien mediante la desactivación si se presume un riesgo real, bien mediante su destrucción mediante detonaciones controladas a distancia, como sucedió este miércoles en Pamplona.
Tras comprobarse que se trató de una falsa alarma, ahora es trabajo de la Brigada Provincial de Información investigar lo sucedido e intentar identificar a la persona que ha motivado la última activación en Navarra de la Circular 50, un protocolo contra amenazas terroristas que pretende, principalmente, dar respuesta a situaciones de esta naturaleza, garantizando la seguridad de la ciudadanía y de los propios agentes intervinientes.