"Las canciones ofrecen un refugio más duradero que el ladrillo,además de resistir crisis tras crisis"
pamplona. Su discurso es, sin duda, uno de los más lúcidos, eruditosy bregados del rock estatal. Ha vivido el éxito masivo con RadioFutura así como el reconocimiento oficial y popular; ahora defiendecon uñas y dientes su libertad y su música.
La crisis, las ganas de renovarse, la inquietud que siempre hacaracterizado a Santiago Auserón... ¿Qué es lo que le ha llevadoa enfrascarse en un dúo acústico?
Es un formato al que me he ido acercando a lo largo de la trayectoriade Juan Perro, y siempre a través de guitarristas geniales. Primerocon John Parsons, en México; y luego con el guitarrista cubanoNorberto Rodríguez, en Las Palmas de Gran Canaria. Así hastaque me encontré con Joan Vinyals, un guitarrista muy versátilcon el que he establecido una gran complicidad en la música.Esto, por un lado. Por otro, es cierto que la crisis en la contrataciónha favorecido que los conciertos vayan en esta dirección. Setrata de un formato muy ligero, solo viajamos cuatro personasy no tiene ninguna complicación en escena, ya que todo el espectáculose basa en las canciones y en la relación muy directa con elpúblico, que da lugar a situaciones muy imprevistas la mayoríade las veces.
Ha definido esta gira como un taller, ¿esto quiere decir quecada concierto forma parte del proceso de creación de las queserán las nuevas canciones de Juan Perro?
Así es. Nos hemos centrado en el material de Río Negro, ya quefue un disco que trabajé durante dos años con la guitarra lostemas al desnudo. Con el tiempo, han sobrevivido las cancionesque mejor resisten la desnudez, el despojamiento. Lo que suenabien desnudo es lo que más me interesa ahora. Y Joan, que haentendido perfectamente la jugada, me ayuda a buscar soluciones,aunque, a la hora de salir al escenario, lo que buscamos es pasárnoslobien ante todo.
En esta búsqueda de la conexión con el público a través de ladesnudez de las canciones, ¿qué papel juega la improvisación?
En este caso, bastante. Yo siempre he sentido que lo que másme interesaba de la canción popular era la situación de encuentrocon la gente y con el espacio concreto en el que tienen que sonarlas cosas. Al principio, con Radio Futura y los primeros discosde Juan Perro, dependíamos más de la producción, pero, poco apoco, me ha ido apeteciendo ver cómo se sostienen las cosas sintanto aparato. En estos encuentros, que casi son un ritual profanoen torno a la hoguera, como si fuera el patio de casa, parececomo si la gente pudiera intervenir en cualquier momento, dándosesituaciones que deben resolverse con inventiva e imaginación,más que con la técnica de la improvisación que tienen otros génerosmusicales como el jazz. La improvisación nos la tomamos comoun echar mano de los recursos ante una situación inesperada,de forma que lo que uno inventa le provoca al otro una idea que,a su vez, sirve como pie para zigzaguear en otra dirección...Y, de esta forma, a veces se llega a resultados muy divertidos,que lamentamos en muchas ocasiones que no hayan sido grabadosya que podían dar lugar a nuevas canciones.
A raíz del espectáculo Casa en el aire ha descrito sus cancionescomo "habitáculos móviles no sometidos a la especulación". ¿Hastacuándo nos va a durar esta definición?
No lo sé... Creo que la casa de aire, hecha de vibraciones, esun refugio más duradero, ya que los elementos que utilizamosson milenarios, y duran mucho más que los imperios y las lenguas.A veces nos entristecemos porque vemos que la ciudad hecha depiedra va a durar más que nosotros, pero podemos resarcirnospensando que una cancioncilla está hecha de elementos que duranmucho más que las ciudades. Y, por otra parte, ahora que noshabían convencido de que teníamos que ser propietarios de algosostenido por columnas de cemento cerradas con ladrillos... yavemos dónde ha desembocado todo eso, porque nadie sabe a quiénpertenece su casa ni qué valor tiene. Es decir, el valor queparecía más solido se ha esfumado hasta convertirse en aire,en el sentido más peyorativo. Sin embargo, las canciones ofrecenun refugio más duradero, además de resistir crisis tras crisis.Eso sí, habrá que currárselo con humildad y sin aspirar a losmejores cachés... Pero hay que tener confianza en que la canciónes el soporte que permanece desde el neolítico, se pongan comose pongan las tecnologías y los especuladores.
Recurro a su tema Malasaña para cerrar la entrevista. Vista lasituación actual, ¿podemos decir todavía que la república esla calle?
Claro que sí. La cosa pública, en el sentido literal, es la calle,el barrio... La calle significa muchas cosas, no solo el díaque te dan permiso para manifestarse. La calle significa el ira la compra, el bar de la esquina, el lugar donde charlas...Para mí la cosa pública se fragua ahí y en el lenguaje que unose gasta, y con el que se aclaran, o no, las ideas. Estamos viviendoen un momento en el que cada día es más claro que es necesariauna transformación profunda de nuestra sociedad, que no sé sise llama revolución o de otra manera, pero tiene que ser profundapara recuperar las riendas de los modos de convivencia... Y quenos haga entender que hemos entregado nuestras energías a especuladoresque nos las quitan sin dar la cara. Antes, los esclavos veíanlas caras de sus señores, ahora ni siquiera las vemos. Las grandescorporaciones no están metiendo en deudas impagables. Esto yano es un problema de Estado ni de partidos, es más grave, perolos sistemas de Gobierno debieran ayudarnos a combatir esto...pero a lo que están ayudando es a someternos cada día más enesa dirección.