La educadora y psicoterapeuta Miren Cía ha puesto en marcha Asesoría Educativa Familiar Miren Cía, un nuevo proyecto de consultoría educativa y acompañamiento familiar con base en el entorno rural navarro y con atención tanto online como presencial. La asesora, especializada en adolescencia, educación afectivo-sexual y prevención de los efectos de la pornografía, busca ofrecer con su iniciativa un espacio estable de apoyo a familias que, según advierte, “muchas veces no se enteran de lo que está pasando en el mundo interior de sus hijos”.
Detrás del proyecto, que ha surgido de forma “orgánica” tras más de tres décadas de estudio y aprendizaje sobre el mundo emocional, hay un recorrido que no ha sido lineal. “Mi origen es del mundo de la enseñanza. Estudié Educación Primaria en la Universidad Pública de Navarra”, explica. Tras realizar prácticas y recibir ofertas para quedarse en centros educativos, Miren decidió no tomar el camino más previsible. “Siempre he sido una persona que quiere cambiar la sociedad, que no se conforma con lo que hay. Sentí que no podía meterme en un sitio para toda la vida”, asegura.
Lejos de abandonar el ámbito educativo, la asesora amplió su formación en desarrollo personal, coaching, relaciones familiares, adolescencia e inteligencia emocional. También cursó estudios en osteopatía, buscando, según señala, “otra manera de entender el cuerpo”. Así, la navarra, instalada en Murugarren, abrió un centro de masajes y terapias alternativas en Estella. Sin embargo, las consultas comenzaron a transformarse. “Las madres que venían a hacerse masajes sacaban muchas cuestiones emocionales y relacionales de sus hijos o parejas. Se fueron convirtiendo en sesiones no tanto corporales, sino en dos sillas donde las personas venían a que yo les escuchara”, aclara.
En 2016 cerró el centro y reorientó definitivamente su actividad hacia la psicología y la formación. Se especializó en prevención de la pornografía y cursó un Máster en Educación para la Salud Sexual. Miren, desde entonces, ha impartido talleres en numerosos centros educativos y ha colaborado con ayuntamientos. “Llevo muchos años trabajando con adolescentes y tengo mis propios hijos –de 20 y 21 años–, que son los que más me han enseñado”, afirma. Además, la navarra subraya que “le encanta la adolescencia, pero me parece que está muy abandonada a nivel administrativo y familiar”.
Uno de los principales motivos de consulta, explica Miren, es la percepción de rebeldía. “Lo primero que me dicen los padres es que su hijo está desobediente y ya no les hace caso. Ahí falta una comprensión de la etapa, porque requiere un distanciamiento y muchos padres se lo toman personal”, explica. La educadora rechaza, así, las soluciones ‘rápidas’. “Yo no doy tips, lo mío son procesos de acompañamiento psicoeducativo”, expresa. De esta manera, Miren defiende que la adolescencia implica un cambio profundo también para los adultos. “Es importante que los padres comprendan que tienen que despedirse del niño que fue para dar la bienvenida al adulto que es”, recordando que el cerebro no termina de desarrollarse hasta los 24 o 25 años y que el proceso comienza ya en la preadolescencia con apenas 9 años.
En el ámbito de la educación afectivo-sexual, Miren alerta de un descenso en la edad de acceso a la pornografía. “Los estudios dicen que el acceso ha bajado a los ocho años”, advierte. A su juicio, el problema no es solo el consumo, sino el silencio. “Las familias no se están enterando de nada. Nos creemos que el porno es como en nuestra época”, explica a la vez que anota que “si en casa los niños y adolescentes no tienen un marco de seguridad, ahora mismo internet está siendo el peor educador social, sexual y relacional”.
Su asesoría combina consultas individuales o de pareja con grupos de acompañamiento, principalmente de madres. “En el noventa por ciento de casos son ellas las que acuden. Puede que por el peso de la crianza y porque es un lugar de encuentro en donde gestionar el espacio familiar y personal”, asegura. Miren mantiene actualmente una veintena de procesos abiertos y un grupo estable de doce mujeres que comparten inquietudes y apoyo cotidiano. “No les digo lo que hay que hacer. Si le dices a alguien qué hacer, no dejas que emerja de su interior”, apunta sobre su método de trabajo, en el que su papel es facilitar el proceso, no dirigirlo.
Desde marzo, ofrecerá también atención presencial dos días al mes en el Valle de Erro, con consultas en Erro y Espinal, en coordinación con el concejo. Aunque gran parte de su trabajo es online, quiere reforzar la presencia en el territorio. Así, en un contexto que define como acelerado incluso en zonas rurales, observa que “los adolescentes están muy solos, cada vez más, porque salen menos a la calle y las familias nos relacionamos menos; como lo tenemos todo en casa, nos cuesta más salir”.
La propuesta de la navarra pasa por recuperar el tiempo y crear un clima para que aparezca la conversación. “Los jóvenes están deseando hablar, pero hay que saber crear el espacio y bajar el ritmo. Yo creo espacios de seguridad, sin juicio y con empatía, donde el adolescente pueda sentir seguridad para hablar. De esta forma, Miren concluye que “la adolescencia es una etapa muy bonita a la que hay que quitarle esa mala prensa. Tenemos que comprender su sentido evolutivo para la especie”.