pamplona - Alejandro Pelayo (piano), la parte masculina de Marlango, desgrana los entresijos del nuevo álbum de grupo, así como sus particulares claves musicales, ante el concierto que ofrecerán en Pamplona.

Toda una carrera como trío y cantando en inglés hasta que en su disco anterior, Un día extraordinario, cambiaron al castellano, y en este, Porvenir, ya asentados en el Un día extraordinarioPorvenirnuevo idioma

-La manera de escribir las canciones siempre ha partido del mismo sitio: del piano y, después, del cuaderno de Leonor. Con esta base apostábamos por una segunda melodía con la trompeta en algunas canciones. Pero ya en la gira de Un día extraordinario nos vimos forzados a ir aprendiendo a repartir esas melodías de otra forma porque Óscar ya se había desvinculado del grupo (se casó y, posteriormente, se fue a vivir a Chicago). Así que hemos tenido tiempo para reubicar esos arreglos con las guitarras y con una sección de metales. Lo echamos mucho de menos en el escenario, pero la vida es así.

En los primeros trabajos de Marlango se palpaba una gran diferencia entre lo que se escuchaba y lo que luego se veía en directo, en el sentido de que sobre el escenario las canciones eran mucho más enérgicas. En este trabajo, ¿se aprecia un intento por conseguir trasladar parte de esa energía al disco?

-Sí, eso ha sido una decisión de Sebastian Krys (productor), quien desde que escuchó las maquetas a piano y voz ya nos planteó que había que darle a la grabación la energía que teníamos en el directo, porque no quería hacer un disco como los que habíamos grabando anteriormente. En el estudio uno pierde cierta vitalidad por lo que Sebastian empujó mucho las canciones hasta ese punto al que él creía que podemos llegar sobre el escenario. Ahora, en algunos conciertos, y en algunas canciones, estamos haciendo el viaje al revés, tocando los temas solo a piano y voz, tal y como nacieron, para ver la distancia que hay entre la idea y el resultado final.

¿Hablar de porvenir es un forma de luchar por el presente?

-Sí, es una manera de sobrevivir y de sobrellevar lo que nos ha tocado ahora, y pensar que cada día que pasa es un día menos que queda para que esto cambie; cada día estamos un pasito más cerca de algo mejor... Algo obligatorio cuando uno se dedica a escribir canciones o tiene niños.

En todo cambio, en todo presente o futuro, el dinero juega un papel importante, ¿cuál es el que le otorgan a través de la canción Dinero

-Todo está impregnado de eso, y todo lo que nos rodea tiene que ver con eso, y nosotros también formamos parte de ese juego y de esa necesidad. Lo que a veces da mucha rabia, y rabia es una palabra pensada y puesta adrede, no es casual, es el uso que hacen del dinero los que tienen la posibilidad de ser justos y no lo son. En este sentido, sí que hay un punto de enfado.

Actualmente, ¿qué le aporta a un disco el hecho de saltar el charco para grabarlo? ¿Todavía necesitamos emigrar para aprender en este sentido?

-Depende de las canciones... Pero, en nuestro caso, los músicos que han grabado el disco solo los tienes si vas allí (Los Ángeles). El tratamiento y el salto de calidad que dan a la canción de esta forma sí que se nota mucho; quizá no tanto a nivel técnico, porque ya en todas las partes del mundo se puede grabar un disco técnicamente de mucho nivel... pero no en todos los sitios viven estos músicos.

Partiendo de la premisa de que hacer canciones, para un músico, es una necesidad, en estos diez años, ¿cómo ha evolucionado, crecido o se ha deformado su necesidad?

-El otro día estábamos haciendo cuentas y creo que con Leonor he escrito más de 100 canciones. De lo que nos hemos dado cuenta ahora es que unas canciones te llevan a otras, y el escenario es un filtro para muchas de ellas y un caldo de cultivo para las nuevas que vienen. Hace poco intentamos montar en los ensayos una canción de George Harrison... Y cualquier canción de Harrison que cojas es maravillosa para escuchar y horrible para intentar versionar, de hecho nosotros hemos sido incapaces de comunicar nada con esa canción; cuando llegamos al segundo estribillo nos dábamos cuenta de que nos aburríamos... ¿Pero cómo nos podíamos aburrir si no parábamos de escucharla en la furgoneta? Somos músicos profesionales y ahora mismo contamos con una banda espectacular... Pero es que hay algo en las canciones que es mucho más grande que los intérpretes o los compositores, algo mágico que es lo que nos hace adictos a este oficio... Es sentarte en el piano y sumergirte en esa búsqueda constante y en el reflejo de esos espejos en los que te miras al escuchar una canción de Joe Henry o de Willie Nelson, que parecen súper sencillas, pero coges la guitarra y te das cuentas de que, frente a esa obra de arte, lo único que tú haces son dibujillos en un papel... Imagino que esa es la clave de todo esto, cuando te das cuenta de que cada día que pasa tienes mucho más por conocer que hace diez años. Antes no pensábamos en nada, simplemente decíamos: “Esta canción mola, vamos a grabarla”. Ahora trabajamos semanas y semanas en la estrofa esperando merecer el estribillo y que aparezca esa melodía que nos deslumbre... Pero no pasa y tienes que picar piedra hasta conseguirla, por eso es un oficio maravilloso. A mí no se me ocurre hacer otra cosa.

Hablando de versiones... ¿Por qué han apostado por Ay pena, penita, pena

-Fito Paez tiene mucha culpa de muchas cosas y es un referente que nos ha ido descubriendo mucha música de la que somos muy fans y muy deudores. Pero la versión tiene que ver con todo el tiempo que hemos pasado, de promo o tocando, muy lejos de casa... Cuando llevas dos o tres semanas en la habitación del hotel, haciendo skype para poder ver cómo crecen los niños mientras escuchas o lees tantas tonterías en televisión o en Twitter sobre la marca España, que siempre está muy asociada al deporte, en el que sí estamos viviendo una época gloriosa, pero luego hay otras muchas cosas que son marca España, como las canciones, a las que no se les hace tanto caso. Tristemente no hay un museo en el que se puedan colgar canciones en la pared como sucede con Las Meninas, pero si lo hubiera, temas como Suspiros de España, Ojos verdes o Ay pena, penita, pena, y casi todo el repertorio de Quintero, León y Quiroga, debieran estar en él seguro. Esta canción siempre ha estado muy ubicada en la copla y en Andalucía pero tiene muchas vidas y se puede tocar de millones de maneras. Nosotros hemos querido ubicarla en el bolero, en Cuba y en Argentina, proponiéndola desde otro sitio como homenaje a estos tres autores que son nuestros Gershwin.

Colaboraciones como las citadas de Fito o Bunbury provocan que en este disco quizá pasen desapercibidas las aportaciones de músicos como Pit Thomas (fundador con Elvis Costello de los Attractions), todo un lujo.

-Sí, las baterías del disco las grabó Pit. Y también han grabado los músicos de La Santa Cecilia, un grupo de Los Ángeles, mexicanos de segunda generación, ganadores de un grammy con su propuesta de música tradicional mexicana. Creo que hemos tenido mucha suerte en estos diez años con la gente que nos ha rodeado, ya que hemos colaborado con los Amaya y con Rufus Wainwright, por ejemplo; en el medio de ambos es donde nos gusta estar... La verdad es que estamos muy agradecidos por esa oportunidad de, por ejemplo, ser amigos de Bunbury hasta el punto de que participe en una de nuestras canciones y nos regale su tiempo para el videoclip. Creo que es de lo que más orgullosos nos sentimos, de esos momentos con gente muy dispar, apasionada por la música, que nos están regalando los discos y los conciertos.

Al margen del título del álbum, ¿qué le debe Marlango a Ángel González, y por ende a la poesía?

-Hemos tenido la suerte de conocer tanto a Ángel González como a José Hierro, incluso de compartir cenas con ellos; son dos personajes que nos marcaron mucho. A Ángel le robamos un par de versos, pidiéndole permiso a su viuda, que se mostró muy agradecida cuando nosotros somos los que estamos en deuda constante por todo lo que aprendes y todo lo que va saliendo en las canciones, que en muchos casos te das cuenta de que nació en aquellas conversaciones con José Hierro o con Ángel González, más allá de las anécdotas o de la lección de vida constante que transmitían los dos.

Saltando a las canciones, sucede en Te vas

-En nuestra manera de componer siempre hay algo que funciona como vasos comunicantes. Cuando Leonor aparece con una letra muy depresiva mi primera inercia es ir al piano a intentar rescatarla de ahí; nunca empujo en la misma dirección que ella; y al revés, si yo me pongo a tocar algo muy alegre, ella va a buscar en el cuaderno lo contrario para compensar. Nos gusta que sea el que escucha quien decida cómo es la canción y qué hace con ella.

Para esta gira, ¿cómo habéis planteado los conciertos, siguen conviviendo los temas en inglés con los más recientes en castellano?

-Mayoritariamente es un concierto en castellano, ya que los dos últimos discos mandan más que los cuatro primeros en inglés; pero no podemos dejar de tocar algunas canciones de hace diez años que ahora las hemos puesto al día. Y con todo ese material subimos al escenario para que no haya una cena precocinada sino para enseñar los ingredientes que llevamos y decidir entre todos qué nos apetece: si cenar frío, de pie, o hacer un guiso más sentado y denso. Pero siempre con la idea de que lo que sucede sea específico para esa noche y gestado entre todos. No llevamos una plantilla. Este fin de semana hacemos Logroño, Pamplona y Santander y solo la primera y la última será las mismas canciones, lo que vaya en medio está por decidir, para desesperación de nuestro técnico. Y es que así entendemos nosotros el oficio, subir a un escenario para darle al público lo que tú crees que te está pidiendo. Y a veces sale bien (risas).