Fueron 11.901 kilómetros y 176 noches, pero lo logró. Y es que la peraltesa Patricia Jiménez Orduna, una viajera de pro con 56 países a sus espaldas, se marcó el reto de llegar con su furgoneta, una Fiat Ducato Turbo, de 1990 con 180.000 kilómetros, a Turquía. A 90 km/hora, cuenta, y sin aire acondicionado, calefacción o dirección asistida, cogió carretera y manta en junio y llegó a su destino el 17 de octubre. Ahora, desde casa, desde Peralta, su parada y cita anual a la que nunca falta, Navidad, cuenta su experiencia.
De 38 años, y licenciada en Biotecnología por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, tras estar dos años en una pequeña farmacéutica, “de becaria, precaria”, vio que aquello no era lo suyo. “Tuve claro que me iba y el sudeste asiático lo definían como fácil, sencillo, acogedor y me llamaba un montón la atención. Era una mezcla entre barato, seguro, exótico y diferente, así que me fui de mochilera y sin billete de vuelta”. Aunque asegura que ahora hay muchas más mujeres que viajan solas, por aquel entonces era más extraño y así descubrió Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam, Malasia, Singapur e Indonesia.
Tras volver a casa en diciembre, aquella primera vez “todo el mundo pensaba que me había quitado la espinita de viajar y que me iba a quedar quieta, pero no”. Trabajó medio año y en 2016 se va a Sudamérica. Allí hizo 13.000 kilómetros a dedo y no tenía móvil aunque sí un blog, que ahora tiene algo abandonado ya que se ha ido a Instagram (@dejarlotodoeirse), en el que iba publicando sus aventuras y desventuras.
En 2018 se va a México y trabaja en Bacalar, y en 2019 hizo los Balcanes. “Siempre he tirado de hostales de habitación compartida y mucho couchsurfing. También llevo conmigo la tienda de campaña, pero la uso poco porque es algo que no disfruto. Salir de la zona de confort está bien, pero hasta cierto punto”.
En 2020 se va a Kenia y Tanzania con su hermano, donde permanecen 5 meses por el cierre de fronteras y espacios aéreos por el Covid, y en 2023, justo antes de coger un albergue para peregrinos en Asturias (y aprovechar las vacaciones para visitar Perú y Colombia), se va a Israel, Palestina y Jordania.
“Y es aquí cuando me planteo tener una especie de campo base, aunque siempre volviese a casa. Necesitaba un sitio que fuese mío, pero que se moviese”, y encuentra a su nueva compañera de viaje: su furgoneta. “La campericé lo mínimo; la aíslo, la pinto, le quito algún óxido y le cubro con fibra de vidrio unos agujeritos que tenía debajo de las ventanas. Es muy básica, pero con una cama, una cocinilla, y un pequeño armario, yo tiro”.
El periplo
En junio se pone como meta Turquía “porque no lo conocía y porque quería pasar también por Rumanía y Bulgaria”. Tras cambiar la ruta y, en lugar de por la costa, introducirse por la montaña puesto que el calor iba a ser una odisea, sufre una avería “que me hace pensar que mi viaje ha terminado, pero nada más lejos; un taller tenía la pieza que necesitaba y que no era nada fácil conseguir”.
De Italia cruzó a Eslovenia, a Croacia, a Bosnia, Serbia, Rumanía, donde pilla una nieve inesperada, y Bulgaria. El 17 de octubre, y a pesar de dudar en si tirar la toalla o no, llega a Turquía, donde agradece la hospitalidad, en particular, de los suegros de una amiga turca.
“Lo bueno de la furgoneta es que parece de trabajo; ponía el chaleco y nadie pensaba que podía haber alguien ahí dentro. Además, siempre que he necesitado ayuda, la he recibido”.
La vida que elige vivir
Ahora, y tras llegar a Peralta después de 30 días de viaje de vuelta, asegura que no tiene un próximo destino claro, aunque le llama mucho la atención la India. “Diría que este viaje ha sido solitario, desafiante y muy emocionante también”. Con el futuro en el aire, desvela que “no me veo sin viajar, aunque sí alargando estancias en lugares, y de ahí, la furgoneta; no me veo con una vida estable al uso”.
Lo que no deja nunca de lado es la escritura, y es que, además de los diarios de viaje, en marzo de 2023 publicó Vidas de gata; la historia de cinco mujeres que viajan solas y que, escritas en diferentes registros, acaban por entrelazarse entre sí. Además, ahora está inmersa en otro ejemplar centrado en el viaje de Jordania.
Para terminar, alega que “siento que hay personas que romantizan el viaje, el viajar y, ahora, las furgonetas, pero no todos los días te levantas y ves amanecer frente al mar y eres la persona más feliz del mundo; a veces lo haces en aparcamientos de supermercados y en asfalto puro y duro en las afueras de ciudades. La vida de viajera no es ni mucho menos perfecta; quienes apostamos por ella es porque nos hemos dado cuenta de que es la forma en la que estamos más felices, pero no significa que siempre lo estemos”. Aún y todo, y a pesar de estar acostumbrada a viajar sola, no descarta irse con compañía: “sí que me apetece; he pasado por fases de no quererlo, pero ahora no me importaría y la furgo es una forma de viajar súper compartida”.