“No hay industria de cine en España con más vocación internacional que la de la animación”
La muestra Animatic de Civican se inauguró este viernes con la charla ‘Del trazo al píxel. Más de 100 años de animación española’, que ofreció esta experta
pamplona - Protagoniza la apertura de la octava edición de Animatic, un encuentro que, como otros que proliferan por el Estado, parece demostrar el interés creciente del público por este género.
-La penetración de la animación cada vez es mayor, seguramente porque la producción ha crecido y también porque está más presente que nunca en distintos sitios, tanto en el cine de ficción como en los videojuegos. El audiovisual en general cada vez tiene más animación, y, dentro de este mundo, el tipo de animación que se va a mostrar en Animatic y que sigue la línea que nos mueve en Animac es la de autor. Hay creadores interesantísimos no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, y la oferta es extraordinaria y demuestra el poder creativo de este medio, que permite trabajar infinidad de estilos y técnicas.
Con el proyecto ‘Del trazo al píxel’ han tratado de recuperar y difundir la historia de la animación española. Una tarea ardua, sin duda.
-Llevo muchos años programando animación, sobre todo internacional, y notaba que faltaba recuperar una parte importante de nuestra historia. Me daba cuenta de que en buenas condiciones solo podía mostrar Segundo de Chomón y luego ya cosas de los 90 y actuales. ¿Y qué pasaba en medio? Pues que había un gran desconocimiento. Se habían escrito algunos libros, se podían llegar a ver algunas películas si ibas a filmotecas y conseguías algunas ediciones concretas, pero con mucho esfuerzo e interés. Había materiales que estaban fatal, algunas copias estaban magenta, otras se habían perdido, algunas tenían problemas de derechos... No eran accesibles al público. Y lo importante es que esas películas se vean, porque es a partir de ese momento cuando se puede escribir sobre ellas, se pueden empezar a relacionar unas con otras... Y otros programadores se pueden animar a partir de este proyecto a hacer sus propias selecciones. Porque me gusta hacer hincapié en que no es una antológica.
¿Qué es entonces?
-Es un recorrido posible con unos criterios de selección que, en mi caso, han consistido en quedarme con las piezas históricas y las contemporáneas. Si no, es inabarcable. Más que nada porque esas otras piezas que han puesto a España en el mapa de la animación internacionales, como series tipo Pocoyo o películas como Chico y Rita o Tadeo Jones, ya tienen otros canales de difusión. Aun así, en De trazo al píxel sí que están los nombres importantes de la animación española. Por ejemplo, de Enrique Gato hemos elegido el corto del que nació Tadeo Jones y también está Doomed, una peliculita de Guillermo García Carsí, creador de Pocoyo, al que se rifan fuera de nuestras fronteras.
¿Ha habido mucha fuga de talentos en este ámbito?
-Sí, y la crisis ha influido muchísimo. Te encuentras españoles trabajando en lugares increíbles como Aardman, Pixar... Y ellos también tienen sus cortos de autor que se han incluido en este ciclo, que, como he dicho, es un recorrido posible en el que hemos tratado de dar visibilidad a los filmes históricos, que estaban los pobres con el SOS (ríe), y también a las películas contemporáneas de autor.
El proyecto se mostró este año en Annecy, uno de los festivales más importantes del mundo, ¿cómo fue recibido?
-Fue muy bien. En Europa se conoce solo la animación española de los últimos años, sobre todo la más comercial, así que sorprendió mucho descubrir que eso no había salido de la nada, que tenía un pasado y que había piezas tan sorprendentes como la primera película europea de dibujos animados a color, que es Garbancito de la Mancha, de 1945. El público también acudió con mucho interés a una sesión en la que exhibimos los spots de los Estudios Moro, de los años 50 y 60, y a otra en la que se mostraron trabajos de los talentos actuales. Gracias a este proyecto, España fue el país invitado en Annecy, y no solo en la parte artística, sino también en el MIFA, que es el mercado que corre paralelo al festival. La cultura y el negocio fueron de la mano, que es como tiene que ser.
Esos 100 años de animación española cuentan con un comienzo, el cortometraje El apache de Londres, del que no se conserva ninguna copia, ¿qué sabemos de esta película?
-Pues muy poco. Sabemos que su director fue Alfred Fontanals, que venía del mundo de la historieta, pero, como tantas otras, se perdió. Al menos está documentada y sabemos que existió, pero de esta primera época nos ha costado mucho encontrar materiales, aunque en el proyecto sí que hemos dado con algunas piezas anónimas de sátira política de 1917 y 1918, también tenemos algún anuncio de Serra i Massana... En los años 40, conocidos como la edad de oro de la animación española, ya hemos encontrado más trabajos, y, aparte de Garbancito, hay un montón de cortometrajes, series con personajes como Juanito Milhombres, el Fakir González, el Toro Civilón... Cosas medio floklóricas que tenían mucha gracia. Todas esas joyitas se han digitalizado, algunas se han restaurado nitrato original e incluso alguna se ha descubierto.
Y Segundo de Chomón como precedente imprescindible.
-Es que, para mí, un ciclo sobre la historia de animación española sin Chomón me parecería incompleto. Por eso decimos Más de cien años y cogemos un par de películas suyas de 1908. Es verdad que él trabajó sobre todo en Francia, pero es nuestro Méliès y era importante destacar la importancia de este pionero de Teruel.
Quizá hasta mediados de los años 80 se echan de menos más largometrajes, apenas una decena desde 1945.
-Claro, en el cine de los orígenes eran todo cortometrajes y el primer largo fue Garbancito. Y se hizo en condiciones muy difíciles, en plena posguerra, a pesar de que fue muy apoyado por el régimen. No es que fuera una cinta de propaganda, pero al gobierno franquista le gustó porque le interesaba aleccionar a los niños en los modales, el cristianismo... Se hizo un cuento, juguetes, álbum de cromos, aunque, como digo, tuvo muchas dificultades en la producción porque, hasta tiempos recientes en los que ya se puede decir que hay una industria, en España se empezaba una cosa y se dejaba, se construía y se olvidaba... Hemos estado reinventando la rueda todo el tiempo.
¿Estamos recuperando el tiempo perdido en los últimos 20 años?
-Absolutamente. España siempre ha sido un país de artistas de mucho talento, pero hasta que irrumpió la tecnología digital, hacer animación era muy complicado y, además, no había escuelas ni estructuras industriales. Ahora tienes miles de tutoriales en Youtube, pero yo me tuve que ir a estudiar fuera, los libros que existían estaban en inglés y había que hacer animación en cine, que es muy caro. Así que claro que se ha recuperado el tiempo. La tecnología y el acceso a información han permitido que mucha gente, incluso creadores de bellas artes, haya abrazado la animación. Además, la aparición de las escuelas ha sido fundamental y, por supuesto, la existencia de una industria que enlaza un trabajo con otro con cierta regularidad da continuidad al género y permite una transmisión del conocimiento entre productores, autores y todos los profesionales involucrados. Esta continuidad es importante para que la animación se consolide y mucho mejor si arte e industria van de la mano, como sucede ahora, ya que hay gente que hace proyectos comerciales que también tiene otras historias personales y viceversa.
Últimamente se han dado hitos como Planet 51, Atrapa la bandera...
-Sí, porque, aunque vivimos momentos difíciles, tenemos empresarios súper profesionales que se recorren todos los mercados. No hay industria audiovisual en España con más vocación internacional que la de la animación. Los grandes, medianos y pequeños productores saben que no pueden vivir solo del mercado español, así que sus proyectos nacen pensando en el mundo, y esto no pasa en el cine de imagen real.
Al margen de la ficción también ha crecido muchísimo la animación.
-Y en diseño de software, donde España es muy buena. En videojuegos, por ejemplo, solamente en Barcelona hay dos empresas punteras en el mundo, una es Social Point, responsable de Dragon City, que en España solo tiene el 10% de sus ventas; y la otra es Novorama, donde crearon los Invizimals, el primer juego para niños que utilizó la realidad aumentada. Esta gente hizo una apuesta que hay que aplaudir y alimentar.
¿Y la animación española tiene algún elemento identitario o ya es global?
-Este es un tema complicado y lo he debatido muchas veces. Lógicamente, los referentes de los creadores de ahora son globales, pero, bueno, yo sí que diría que existen algunos elementos como la relación, más o menos estrecha, con la historieta y también otros como el humor negro, el carácter crítico, la sátira...
¿Estamos viviendo entonces la segunda o, mejor dicho, la auténtica edad de oro de la animación española?
-Por supuesto. Hay gente con muchísimo talento a la que se están rifando fuera, escuelas que forman a gente en la parte artística y en la técnica y un grupo de productores que salen como sandokanes a currárselo y que están impulsando proyectos de mucho nivel. Hay mucho músculo.