Entre las muchas historias de la final de Copa que están dando la vuelta al mundo está la de Iñigo, un padre de familia que cedió su entrada a su hija, para que animara a la Real en el fondo de La Cartuja junto a su madre.
“Bueno, al final me he quedado fuera”, responde al reportero de El Chiringuito que se lo encuentra ante los accesos A, B y C del estadio sevillano. A él le reconoce que “tenía acceso al campo, pero bueno, ha venido mi hija también, que venía sin entrada. Se ha quedado ahí un poquito y al final digo: ‘Pues intenta entrar, me quedo yo aquí fuera’, que yo ya lo he vivido, ¿me entiendes? Yo ya lo viví en Zaragoza hace 38 años”.
Con la batería del móvil más bien justa, siguió el partido por las reacciones de la masa de La Cartuja. Y por su mujer, mucho más forofa de la Real que él, que se asomaba a la terraza del fondo realista, desde donde podía ver a su marido, con el que se comunicaba.
En uno de esos momentos, le emplaza a que vuelva a su localidad, “que mete la Real, ¡corre, corre!”. Y no hay gol de la Real, sino el empate a 2 de Julián Álvarez, ante lo que Iñigo lanza un exabrupto.
La Real como sentimiento
Así, jugada a jugada hasta que el reportero le confirma que la última explosión de júbilo es por el gol de Pablo Marín. “¿En serio? ¿De verdad?”, pregunta, incrédulo, antes de alzar los brazos de alegría antes de acordarse de una generación que no conoció tanto éxito blanquiazul.
“Lo que pasa es que me emociono mucho. Me acuerdo de mi padre, de mis tíos… al final, eso es… han vivido a la Real y no han conocido esto”.
Con la voz entrecortada, Iñigo intenta encontrar palabras para lo que siente: “Y esto es… que me emociona mucho por ellos, de verdad te digo. Donde estén, que estén… eso. Me acuerdo mucho. Para mí la Real es todo”.
El precedente rojillo
Una historia muy parecida a la de Iñigo la vivió un aficionado de Osasuna en el mismo escenario durante la final ante el Real Madrid en 2023. "No tengo entrada, he venido con mi mujer en coche. Ella sí está en el campo, solo teníamos una entrada y hemos decidido que entre ella. ¿Una prueba de amor? Sí".
Un sacrificio, casi doloroso, porque implica renunciar a un momento histórico que a saber cuándo se volverá a repetir: ver a su equipo pelear por un título en directo, compartir la emoción con otros rojillos y formar parte de aquel recuerdo colectivo irrepetible. Sin embargo, un gesto que, con voz entrecortada y emocionada, también refleja una forma profunda de amor y generosidad, donde pone por delante la ilusión de su pareja, aceptando que la felicidad compartida puede pesar más que el deseo propio, aunque por dentro se quedara con la espinita de no haber estado allí. La final del sábado de la que salió triunfante la Real despertó la nostalgia rojilla y el deseo de volver a intentarlo.