pamplona - La Filmoteca de Navarra acogerá hoy, a las 20.00 horas, la proyección de Corazones Rojos (2004), documental de la navarra Elisabeth Aranda que recoge los testimonios de hijos y familiares directos de personas asesinadas en Tudela durante los primeros días del golpe del 18 de julio de 1936 en Tudela.
Para Elisabeth Aranda era un tema pendiente. Hace unos años estudió vídeo en un centro de la Caixa en Barcelona, donde reside y donde también completó un posgrado en Realización de Vídeo en la Universidat Politècnica de Catalunya. En esa época coincidió con Sergi Casamitjana, director de la Escac y presidente de Escándalo Films, con el que participó en tres cortos, “pero los programas de edición entonces eran caros y complicados y había que ir a centros especializados para montar”, así que no fue hasta que salieron los programas más caseros cuando decidió que “era hora de hacer un homenaje a esa generación de hijos y familia directa de los asesinados en el 36 en Tudela”. El tema lo conocía mejor que bien, no en vano una de las víctimas fue su abuelo Tomás Aranda, presidente de la UGT de la localidad en 1934. Para arrancar, contaba con el testimonio principal de su padre, Luis Aranda, pero la cosa se torció. “Primero me dijo que no, luego que sí y más tarde que no otra vez”, cuenta la realizadora. “Hay que tener en cuenta que son temas muy íntimos y a las personas que los sufrieron directamente les cuesta mucho exponerlos y mucho más en público”, agrega, consciente del dolor que aquello causó a quienes desde entonces se acostumbraron a vivirlo en silencio, como un trauma enterrado. Precisamente, el entierro de una mascota de uno de sus dos hijos en la tapia que hay junto al cementerio de Tudela fue “el clic que me hizo reaccionar”. “Estábamos mi hijo, mi padre y yo enterrando con un cariño tremendo a un conejo y pensé en todas esas personas que aun permanecen por las cunetas”, dice. Y decidió empezar a investigar y a hablar con los afectados, a los que llegó gracias “a la memoria prodigiosa de mi padre”, que finalmente se sumó.
testimonios El documental reúne las declaraciones de Luis Aranda, Javier Buñuel, Jesús Jalle, Fermín Cruchaga, Joaquín Meler, Mª Luisa Pérez, Manuel Sanz Ramírez, Ana Carmen Sainz y Esperanza Sainz. Antes siquiera de ponerles una cámara delante, la directora acudió a verles “y como iba de parte de mi padre y soy nieta de asesinado, me abrieron las puertas y me contaron sus historias”, aunque grabarles fue otro cantar. “Me da mucha pena no haber tenido la ocasión de grabar a todas las personas con las que hablé, pero algunas decidieron que preferían no hacerlo por miedo o porque si ya había pasado tanto tiempo sin que a nadie se interesara, me decían”. Son frágiles, “a nivel emocional se han quedado en ese momento duro de la infancia, y, aunque hayan pasado muchos años, tienen la herida muy viva”, tal y como queda patente en el filme, que se completa con la opinión especializada del historiador Emilio Majuelo, “que me proporcionó el testimonio especializado”, y de Julio Segura, archivero municipal de Tudela, “que me ayudó muchísimo a dar con la documentación que me interesaba”.
Corazones rojos está grabada en las calles y el Archivo Municipal Montes del Cristo de Tudela, en campos de las carreteras de Corella y Cabanillas, en el río Ebro y en las Bardenas. “Algunas de las lomas redondeadas me recordaban a cuerpos sepultados en la tierra”, indica Aranda. La película se estrenó en 2004 y se ha visto en distintos espacios y festivales de dentro y fuera de España. “Me ha dado muchas satisfacciones, la acogida siempre ha sido muy buena, aunque habla de un tema particular y hasta local, la verdad es que estas tragedias suceden en todo el mundo y la gente se identifica”, continúa la realizadora, que, sin embargo, nunca la habría estrenado sin el beneplácito de los protagonistas. “Hicimos un pase en casa de mis padres en Tudela y fue impactante ver lo absortos que estaban todos, y me dijeron que se veían reflejados”. Del mismo modo, el pase de hoy en la Filmoteca de Navarra es una alegría para Elisabeth Aranda. “Estoy encantada, hay pasado 12 años y ya era hora de que se viera en Navarra. Creo que los navarros en general y en particular los jóvenes tienen derecho a conocer su historia completa”, y le gustaría que el documental estuviera en bibliotecas, centros de documentación y centros de enseñanza, “aunque de momento ninguna institución ha mostrado interés”. “Yo misma me sorprendí al hacer la película al comprobar que la mayoría de la gente de mi generación no conocía lo que vivieron estas personas”.