muros de piedra, pantanos áridos, vegetación que se abre paso entre las ruinas... Son paisajes que encontramos en la naturaleza y en las ciudades, pero también pueden ser descripciones de estados de ánimo. El proyecto Transoceánica recorre este paralelismo conjugando lenguajes como el movimiento, las imágenes y el diseño sonoro, en un intento por investigar el modo en que nos afectan en el interior las transformaciones que causamos en el exterior y viceversa. Parte de esta propuesta podrá verse mañana, viernes, a las 20.00 horas en la casa de cultura de Aoiz dentro del Festival de Danza Contemporánea de Navarra DNA, que ya llega a su recta final.

La bailarina y coreógrafa Carmen Larraz, formada en danza contemporánea en Bruselas y en Amsterdam con maestros como David Zambrano; la fotógrafa Uxue Montero, que estudió en Andoain antes de formarse en Fotografía en el Arte en la Swansea Metropolitan University y un máster en Cinematografía; Ignacio Fernández Galindo, profesor y compositor de música contemporánea, e Hilario Rodeiro, percusionista, son los artífices de este proyecto que partió del diálogo entre Larraz y Montero en torno a las transformaciones, “un concepto muy amplio que vamos definiendo por el camino”, explica la bailarina. Todo comenzó con una serie de sesiones fotográficas con Carmen retratada en paisajes urbanos, “plasmados en muros de piedra, rígidos”, y en estampas naturales, “pero no cualquiera, sino aquellas que tenían un magnetismo especial para nosotras”. Por ejemplo, el pantano de Yesa. Aquella visita lo cambió todo. “Fuimos con la idea de hacer algo con el agua y nos lo encontramos completamente seco”. El impacto dio una vuelta de tuerca al proyecto, “que fue girando hacia una reflexión sobre lo que estamos haciendo con los paisajes y lo que eso repercute en nosotros”. Ahí surgió una perspectiva más ecológica que también se ha ido modificando a lo largo de un proceso en el que las residencias han sido fundamentales.

barañáin, barcelona, aoiz La primera residencia fue en el Auditorio Barañáin dentro del programa Periferia, pionero en el apoyo a la danza en Navarra. “Allí empezamos a estudiar cómo llevar al cuerpo la escucha que habíamos realizado en cada lugar. Fui desarrollando texturas de movimiento con lo que Uxue había captado con las imágenes”, señala Larraz. Y sigue: “Ese fue otro momento decisivo, ya que nos dimos cuenta de que lo que comenzó como una investigación podía tener una proyección escénica”, de modo que aprovecharon la estancia para iniciar el registro físico, que continuó en otra residencia, esta vez en La Caldera de Barcelona. En ese espacio “empezamos a generar una estructura dramática y realizamos más sesiones fotográficas”, indica la coreógrafa. Y llegó el DNA, que les ha permitido trabajar en la casa de cultura de Aoiz desde el pasado 22 de mayo. Mañana mostrarán parte de la creación, “pero no es un estreno”. “El diálogo entre todos los elementos está siendo muy rico, pero también complejo”. Como propuesta escénica, Transoceánica “nos está planteando un reto muy difícil”, que consiste en encajar las imágenes con el movimiento, de ahí que el proceso vaya a continuar con otra residencia, esta vez en Madrid. “En ese caso contaremos con una asistencia artística, lo que es muy importante, porque un ojo externo resulta muy necesario, y más en un solo”, indica Carmen Larraz, a la que le gustaría mucho poder estrenar el montaje final en Barañáin, donde comenzó todo.

imágenes y movimiento Para Uxue Montero, que había realizado vídeos y exposiciones fotográficas de danza, esta es un primera experiencia escénica. “Y esta siendo muy intensa. Mucho”, reconoce. En cuanto al sentido de esta propuesta, apunta que acudir a los paisajes y ejercer una escucha atenta en ellos ha sido clave para todo lo que ha venido después. Este gesto “generaba imágenes que, a su vez, daban lugar a la coreografía y esta, de nuevo, nos llevaba a decidir cuál era el siguiente concepto y lugar que queríamos visitar”. Y es que, todo “tenía que tener sentido para nosotras”. Ahora, el desafío pendiente es ensamblar el movimiento con las imágenes. “En esta residencia en Aoiz ha avanzado mucho el encaje de la coreografía con el sonido, y aun estamos tratando de ubicar las imágenes en la escena, ese proceso está por decidir”, continúa Montero, que remarca en que la esencia del proyecto reside en plasmar en las tres disciplinas artísticas implicadas “cómo la naturaleza inmensa está tratando de sobrevivir y cómo nosotros también con lo que llevamos dentro”.

Por supuesto, llevar a cabo un proceso de investigación de este tipo requiere tiempo. Y dinero. Y Transoceánica “todavía no ha recibido la inyección económica que necesita” para que sus creadores puedan centrarse y darle forma definitiva. “Hemos tenido suerte con las residencias, pero seguimos estando en precario”, lamenta la fotógrafa, que coincide con Larraz en el impulso que suponen Periferia, el Centro Huarte y el DNA. “Creo que va a haber un avance importante en lo que es el lenguaje de la danza en Navarra”, sostiene la bailarina.

sensaciones evocadoras Ignacio Fernández Galindo ha formado parte del proyecto desde el principio. “Habíamos trabajando juntos antes y el entendimiento era muy bueno, así que cuando nos pusimos con esto, se lo propuse y se sumó y enseguida empezó a hacer un esquema de la música”, indica Larraz. Sin embargo, cuando llegó la etapa de Aoiz, “como no podía estar aquí por temas de logística, llamamos a Hilario (Rodeiro)”. Este, conocido en la escena por su labor como batería y percusionista, colabora con la coreógrafa desde hace un tiempo en un trío de improvisación libre que completa Iñaki Rodríguez, “así que cuando Carmen me llamó para participar en este proyecto me lancé a la piscina”. Y, aunque dicen que no son buenas consejeras, las prisas “en este caso han funcionado en positivo”. Como Fernández Galindo andaba inmerso en otros trabajos, mientras pasaba a Rodeiro todos los documentos que había creado, “yo empecé a generar cosas y cuando me llegaron las suyas resulta que todo cuajó muy bien”, cuenta. En concreto, Transoceánica se compone de paisajes sonoros “que nos evocan lugares, a veces de manera explícita y otras de un modo más camuflado”, pero siempre atentos a despertar sensaciones.