‘Jesucristo en la Cruz’, la obra cumbre de Remacha
Baluarte acoge hoy y mañana la interpretación de la pieza clave del navarro a cargo de la osn y el orfeón (20.00 horas)
La Orquesta Sinfónica de Navarra despide esta semana su temporada de abono en el Auditorio Baluarte y en el Teatro Gaztambide con la interpretación de Jesucristo en la Cruz, obra cumbre del compositor tudelano Fernando Remacha. La OSN estará acompañada por el Orfeón Pamplonés y por cuatro solistas, la soprano Ruth Rosique, Marina Rodríguez-Cusí, mezzo, José Luis Sola, tenor y el bajo José Antonio López. Todos ellos estarán dirigidos por el Director titular y artístico de la Orquesta Antoni Wit.
Jesucristo en la Cruz, para orquesta, coro y solistas, fue estrenada en la III semana de música religiosa de Cuenca en 1964 y le valió a su autor el premio Tomás Luis de Victoria. fue presentada en la III semana de música religiosa de Cuenca en 1964. Se basa en una serie de textos anónimos escogidos del Cancionero de Barbieri.
Los conciertos tendrán lugar en la Sala Principal de Baluarte hoy y mañana a las 20.00 horas, y el día 10 en el Teatro Gaztambide de Tudela. El concierto de hoy y el de mañana en Baluarte serán grabados, tanto en audio como en vídeo, por la Fundación Ars Incognita con la esperanza de conseguir una futura edición.
Patxi Larrañaga, experto en la obra y la figura de Fernando Remacha, cedió unos minutos de su tiempo a DIARIO DE NOTICIAS para poner en valor tanto la pieza, como a su autor y las circunstancias en las que fue compuesta. Precisamente, antes de afrontar el significado histórico de la composición, Larrañaga hizo una regresión temporal todavía más allá de 1963, año del estreno, en la que recordó, con palabras que a uno le hacían sentir allí mismo, cómo el maestro navarro, tras la Guerra Civil, tuvo que esconderse durante muchos años en la trastienda de una ferretería tudelana. “Una de las cosas que más le caracterizan es la de haber tenido el temple y la capacidad de superar esa situación, que hubiera acabado con cualquier otro. Una persona que tras haber vivido el Madrid cosmopolita y bullicioso de la República, la Guerra Civil lo pilla justo cuando había empezado a viajar por Europa comprando cine para la institución cinematográfica del Estado. Ese hombre, de repente, se encuentra metido en un agujero, desgajado de lo que había sido su mundo y del contacto con el exterior, pero es capaz de salir a flote. Primero, mentalmente, y después organizándose para recibir del exterior libros y partituras a través de amigos, y colocándose en casa un reproductor de radio que le permite escuchar las retransmisiones de musical culta que se emitían desde Europa. Esto lo retrata, y es lo que le permite seguir vivo como persona y creador”.
La obra Jesucristo en la Cruz fue compuesta en 1963, y conforma, junto con Concierto para guitarra y orquesta (1956) y La bajada del Ángel (1973), el trío de ases de Remacha, aunque la primera está considerada, unánimemente, su obra cumbre, no solo personal sino de su generación e incluso una de las obras clásicas fundamentales de la historia de la música estatal del siglo XX. “Esto es así, pero habría que hacer una consideración previa, ya que está valorada una obra clave... por los doce que la conocemos, porque, que yo sepa, esto se interpretó por última vez en los años 70 en Renteria, en Musikaste, y yo conozco la obra por una pésima grabación que se hizo allí y por la partitura, lógicamente. Pero hay poquísima gente, incluidos musicólogos, que hayan tenido acceso a la obra. Lo que sucede es que cuando accedí a las críticas del estreno, eran unánimes, no había nadie que tras la escucha de Jesucristo en la Cruz no se hubiera quedado boquiabierto y se haya preguntado: “¿Cómo es posible que esto no esté en el lugar que le corresponde?”. Y no lo está porque en España no hay nada que se parezca a un repertorio como el de los países civilizados, nuestras orquestas no frecuentan el repertorio español ni del siglo XX ni de los siglos anteriores, se centran en exclusiva en Mozart, Bach, Beethoven y pocos más... Y esto es un problema de país culturalmente atrasado, porque en lugar de bucear en las gemas escondidas que tenemos en los cajones nos dedicamos a cultivar un repertorio universal, que no está mal, pero que ya está un poco trilladito... Por no hablar de que sería un fuente inmortal de recursos económicos; es decir, que aquí nadie ha sido capaz de hacer la operación que hicieron, por ejemplo, los italianos con su propio barroco, que rescataron de la nada y que ha sido la gallina de los huevos de oro. Bien, pues aquí no nos hemos enterado de que tenemos un repertorio inmenso desde el Renacimiento hasta el siglo XX”. Pero esta contextualización es solo la introducción que Larrañaga aporta, más que necesaria, antes de poner en valor la obra que ahora nos compete. “Estamos hablando de que Remacha es prácticamente único porque sigue una evolución natural desde sus propias fuentes, Falla o Malipiero, hasta su propia época, en la que desde su ferretería está escuchando lo que se toca en Europa. Este hombre es capaz de llegar en el 63, como dice Tomás Marco, a una música de vanguardia, pero no porque se apunta a esta vanguardia, que es lo que hace la generación del 56, que en un momento dado hace un giro intelectual... No, Remacha no se sube a ese tren sino que resume en sí mismo lo que hubiera sido la evolución natural de su generación si se hubiera quedado aquí. Y con Jesucristo en la Cruz pare un artefacto que yo llamo el eslabón perdido entre la generación de la República, la del 56 y la europea. Llega a una expresión atonal que no ha aprendido de nadie sino que es propia, impregnada de arcaísmos, desde una evolución natural. Esa es la importancia de esta obra”.
Pero Larragaña, como exquisto contador de historias y descritpor de sensaciones, deja también a un lado los tecnicismos e también intenta explicar con palabras ese sobrecogimiento que se produce al escuchar Jesucristo en la Cruz por primera vez. “Al espectador le importar un bledo la técnica, sea de Mozart o de Remacha, lo que le importa es el resultado. Hay un estudio de Marcos Andrés que destaca la capacidad de lirismo dramático de Remacha, un autor que fue antiromántico, es decir, que no basaba su música en la transmisión de emociones, pero que, a pesar de ello, tenía una enorme capacidad expresiva, y Jesucristo en la Cruz es desgarrador... Pero esto no se puede explicar, el propio título lo indica, describe el proceso de tortura de un cuerpo en la cruz... se te ponen los pelos de punta”. En cualquier caso, Larrañaga tiene claro que esta obra es de primer nivel mundial, “sería presentar a alguien que ha escuchado una obra de Beethoven 257 veces una pieza que no ha escuchado nunca y que le va a dejar boquiabierto. Esta obra no tiene nada que envidiar a cualquier música de la época”.
Tudelano. Fernando Remacha Villar (1898-1984) inició sus estudios de violín en Tudela con el maestro de capilla de la catedral, Joaquín Castellano, y el 1911 se trasladó a Madrid donde continuó los estudios con diversos maestros - José del Hierro, Conrado del Campo- a la vez que trabajaba como miembro de la orquesta de revista y zarzuela del Teatro Apolo. Compuso sus primeras obras: el ballet La maja vestida (1919), el poema sinfónico Alba (1922) y Tres piezas para piano (1923). Obtuvo la beca llamada Premio Roma que otorga la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para ir a la capital italiana a estudiar con Malipiero, al que conoce porque medio de Falla. En los años romanos compuso Cuarteto para cuerda (1924), el motete Quam Pulchri sum (1925), Sinfonía en tres tiempos (1925) y Homenaje a Góngora (1927). De vuelta a Madrid, ganó una plaza de viola en la Orquesta Sinfónica Arbós e ingresó en la productora cinematográfica Filmófono, en la que fue autor de bandas sonoras de películas como Don Quintín el amargao (1935), La hija de Juan Simón (1935) y Centinela alerta (1936). En esta época mantuvo una estrecha relación profesional con el cineasta Luis Buñuel. En 1932 se presenta el Grupo de Madrid, del que forma parte con músicos como Pittaluga, Bacarisse y los hermanos Halffter. En 1933 recibió por primera vez el Premio Nacional de Música por su Cuarteto para piano y en 1938, en plena guerra civil, lo recibirá por segunda vez por su obra Cuarteto para cuerda, que había compuesto en 1924. Al término de la guerra vuelve a Tudela, donde se hace cargo de la ferretería familiar y sufre un largo periodo de ostracismo del que emerge en 1947 con una composición folclórica Cartel de fiestas. En 1957 se hace cargo de la puesta en marcha del Conservatorio Pablo Sarasate y en 1963 compuso la cantata Jesucristo en la Cruz,. En 1980 recibió por tercera vez el Premio Nacional de Música y en 1981, el Premio Pablo Iglesias.