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Obras de Félix Ortega y Txema Goldaratz dialogan en el ambigú de la Escuela Navarra de Teatro

Podrá verlas el público que asista hoy, el sábado o el domingo a ‘¡Ay! ¡Ya!’, de Macarena Recuerda Shepherd

Obras de Félix Ortega y Txema Goldaratz dialogan en el ambigú de la Escuela Navarra de Teatro

pamplona - La Escuela Navarra de Teatro da un paso más en su apuesta por el arte y acaba de inaugurar una exposición que establece un diálogo entre las obras de dos artistas, el veterano Félix Ortega y el joven Txema Goldaratz. Podrá verlas el público que asista a las próximas funciones del espacio del Casco Viejo pamplonés, comenzando hoy, mañana y el domingo con la de ¡Ay! ¡Ya!, de Macarena Recuerda Shepherd.

En este montaje, más bien performance, la actriz usa el teatro, la danza y el trabajo gestual para proponer un juego al público. Y es que, sus creadores quieren reivindicar la ilusión como la esencia del teatro. En esta propuesta, lo más importante es la imaginación, ya que las imágenes que aparecerán ante los ojos de los espectadores se transformarán en otras, se multiplicarán o, simplemente, adquirirán formas imposibles. Por eso “el público debe estar activo”, dice Javier Pérez Eguaras, programador de la ENT. ¡Ay! ¡Ya! es un espectáculo creado por Macarena Recuerda Shepherd, Idurre Azkue y Alberto de la Hoz, responsable también del espacio sonoro, y con la colaboración de Sofía Asensio. Las funciones tendrán lugar a las 20.00 y las entradas cuestan 8 euros, anticipada y para personas desempleadas, y 10 en taquilla.

cerca y lejos de oteiza Sobre la muestra que permanecerá en el ambigú de la ENT durante las próximas semanas, Pérez Eguaras calificó de “lujo” poder contar con estos artistas. Félix Ortega explicó que la idea de la exposición surgió “por simpatía vecinal”. Él vive en el Casco Viejo y suele acudir a la Escuela o coincide con sus responsables “de potes”, y, en una de esas ocasiones, nació la idea. En cuanto a las piezas escultóricas de Txema Goldaratz, que no pudo acudir a la presentación, señaló que nacen de la colaboración entre los dos. “Txema era más recargado y le recomendé ayuno” y una visita a Alzuza, a partir de la cual el joven creador se sumergió en Oteiza, “desentrañándolo y metiéndose en su discurso estético”. De ahí han salido “bonitas maquetas” en las que las referencias al de Orio son evidentes, como lo fueron en su día en el propio Ortega, que le conoció bien. “Su influencia en las generaciones posteriores ha sido enorme”, y aun sigue: “Él murió, pero no sé si le han enterrado bien porque sigue muy presente en el cine, la música, el cine, la danza... Era polémico, polémico, reutilizable”, y confiesa, entre risas, que, en realidad, ha invitado a Goldaratz “a hacer cosas que me gustaría hacer, pero me da pereza”.

Acerca de sus obras, Félix Ortega sorprende al colgar de la pared uno de sus Corazones de Tokio, y presenta, asimismo, piezas más recientes de campos sin color y línea; esa línea que “tensa” la construcción arquitectónica. La preocupación por la ciudad siempre está presente en su trabajo. Y no le gusta lo que se está haciendo en la suya y en otras, casos de Barcelona o Bilbao, que se están “uniformando” y “convirtiendo en parques temáticos”. Tampoco comparte el modelo cultural que se implanta en muchas de ellas. “Es enfermizo y se come todos los recursos”, lamenta, y cree que nació “tarde”: “Hoy echas de menos cierto radicalismo. El tiempo emocionante ha pasado, ahora se produce más arte que nunca, pero sin esa apasionante intención de cambiar el mundo”.