Música

Humor austriaco y fraternidad de las bandas

09.02.2020 | 15:57

con un Baluarte abarrotado, el público, en general, y muchos componentes -sobre todo los más jóvenes- de las bandas del festival, en particular, disfrutaron de un espectáculo humorístico y relajante, tras las largas jornadas de actuaciones. La velada la protagonizaban Mnzil Brass-Cirque, un septeto de metales austriaco que, como era de esperar, basan su humor en la música. Aunque, en este caso, es, más bien, una extraordinaria demostración de interpretación de todo tipo de músicas, con algunas pinceladas de humor; como, por ejemplo, las onomatopeyas sonoras del disco en la gramola, la comida, o el dominio de la trompeta, bien con una sola mano haciendo equilibrios, o bien tocando dos trompetas a la vez. Un poco en la tradición de Luthiers, o el famoso sketch de la barbería de Chaplin. Pero, predomina la música y la calidad del sonido de unas versiones que abarcan todos los estilos, desde la clásica -marcha fúnebre, danzas del Príncipe Igor, Pájaro de Fuego?, y, por supuesto, el vals-, hasta el más puro jazz; pasando de unas a otras, con una libertad y soltura que sólo la rotunda seguridad técnica, la musicalidad y el buen gusto, pueden avalar. Junto a deslumbrantes marchas y fanfarrias, por otra parte muy bien conjuntadas; hay tramos de calmada melancolía -todos sentados con los pies colgando del escenario-, en matices piano, de sonido redondo y suave, muy emocionantes. La tuba -de aquí para allá-, asombrosa. Apoteósico final de aplausos. Un éxito doble al venir de muchos de sus colegas, como parte del público.

A MODO DE IMPOSIBLE RESUMEN. No se podía llegar a todas las bandas, aunque sí venían vientos armónicos por doquier. Pero, lo que sí hemos constatado es que el movimiento de las Bandas de Música es de una fraternidad universal francamente encomiable; y de una calidad indiscutible, no sólo en las profesionales, sino también en las bandas juveniles o de escuelas y conservatorios. El viento -madera y metal- y la percusión, están de moda. Los conservatorios tienes las clases de estos instrumentos, llenas. Y esto, claro, se nota en los resultados. El nivel de los solistas es altísimo. Todo el que ha saltado al proscenio ha sido deslumbrante. Hemos constatado, también, que nuestra querida Pamplonesa está en lo alto de la tabla, con las mejores. Que las composiciones -para nosotros estrenos- gozan de gran libertad de estilos y son muy bien acogidas: hay pentagramas abstractos, hallazgos tímbricos, experimentos instrumentales, pero todo muy bien encajado en cierta tradición, y apegado al público; o sea una novedad que se comprende, que es lo difícil. No vi el divismo que hay en otros sectores de la música: solistas estupendos casi desconocidos, directores y compositores bien avenidos? Y con un futuro espléndido, porque la transmisión no sólo es de profesores a alumnos, sino, en muchos casos, de padres a hijos, dentro de un gran arraigo social. Por todo esto, la banda es incombustible. Y, además, la música optimista que alegró las calles y plazas, con bastante buen tiempo, por cierto, no muy caluroso, porque aquí los pulmones han de estar bien ventilados. Y la gozada de ver a australianos o japoneses apropiándose del pasodoble o la zarzuela; o los de Tafalla del jazz? Y ese calderón final en la plaza de toros, con ambiente sanferminero, si, pero también como de Arena de Verona, con multitudes en el público y en la escena. Y con calidad. Unos días formidables. Y habrá otros, porque la música sigue. Enhorabuena.