Música

Atardecer en Juárez

09.02.2020 | 22:13

Una vez pasado el ciclón sanferminero, la ciudad va recuperando su pulso habitual. Lo hace entre jornadas de insoportable calor y otras de clima otoñal, qué les voy a contar del tiempo de Pamplona. En lo musical, desde luego, la actividad va a ser de lo más intensa, con varias citas importantes para las próximas semanas (la reunión de Tahures Zurdos, los festivales Flamenco On Fire, Pim Pam Ville o el de blues de Burlada son solo algunas ejemplos, además de las agendas de salas y bares, que tampoco descansan). El viernes pasado se celebró uno de los actos del Festival de las Murallas, que incluirá eventos de música, danza, teatro y circo en distintos escenarios urbanos (Ciudadela, Baluarte de Guadalupe, Murallas y plaza de la Virgen de la O). Dentro de ese ciclo (concretamente, dentro de su apartado Atardercer Pamplona), el pasado viernes pudimos disfrutar del concierto de Juárez en la plaza de la Virgen de la O.

El escenario les iba como anillo al dedo, con las murallas y el cielo grisáceo a su espalda, ideal para ambientar su música crepuscular. Los de Pamplona, a los que ya vimos en el Pim Pam Ville del año pasado, siguen presentando su último trabajo, Boreal. Es el tercero (tras Caléndula y Escafandra), y en él continúan destapando la esencia de su rock misterioso y sugerente, con sus toques de psicodelia, folk, western y mil detalles más sabiamente mezclados (agitados, no revueltos, que diría aquel). Su sonido es rugoso, construido con dos guitarras eléctricas, bajo y batería. Combinan la voz masculina de José con la femenina de Cristina, cediéndose el testigo en cada canción y apoyándose mutuamente en los coros. Instrumentalmente se muestran sólidos, con un acabado homogéneo, aunque, como hemos apuntado, permeable a estilos e influencias diversas.

El repertorio del viernes se entró en sus dos últimos discos. Comenzaron con rescates del penúltimo (Las puertas, Cielos desconocidos, Cleopatra, La huida...) El bajo y la batería construyeron los raíles sobre la que cabalgó, como una locomotora, Pistola, una especie de road movie también perteneciente a su segundo álbum. Esta fue una de las que cantó José, cuya dicción y tono recordaron, y mucho, a Nacho Vegas (sobre todo al de los comienzos). Algo más descarnado sonó, sin embargo, el instrumental de La muerte de O - Ren Ishii, en alusión al personaje de Kill Bill, y es la música de Juárez bebe de las mismas fuentes que las bandas sonoras de Tarantino. En Sistema solar, cantaron a dúo y el sonido viró más hacia la Velvet Underground, con coros etéreos y angelicales brillando entre distorsión y electricidad.

Alcanzaron sus máximas revoluciones en el siguiente tema, No me importa, aunque, para estruendo, el que organizaron al final del último corte, de nombre Lucifer y sonido electrizante. Como si estuviese preparado, comenzaron a caer entonces las primeras gotas de lluvia. No hubo tiempo para más, la tormenta fue el colofón a un gran concierto.