Ara Malikian Músico

Ara Malikian: "El ser humano busca siempre la felicidad, y yo lo hago tocando"

El libanés Ara Malikian presenta su último disco, titulado 'Royal Garage', mañana en el Navarra Arena con la colaboración de diversos músicos

27.12.2019 | 06:15
Ara Malikian, en una imagen promocional

pamplona - El virtuoso violinista libanés de origen armenio Ara Malikian no se baja del escenario esta Navidad con su gira internacional de presentación de su último disco, Royal Garage (Picos&Ham. Concert Music), en el que colaboran músicos tan diversos como Battiato, Milanés, Kase. O, Estrella Morente, Bunbury, Calamaro o el libanés Serj Tankian, cantante de System of a Down. La gira parará mañana en el pabellón Navarra Arena de Pamplona, a las 21.00 horas, con entradas a la venta desde los 35 euros. "El ser humano busca siempre la felicidad, y a mí lo que más feliz me hace es tocar", indica el violinista en esta entrevista.

No descansa ni en Navidad...

-Es que estamos en una racha de conciertos sin parar, y en Navidad todavía menos. Al menos son recitales en los que hacemos viajes cortos.

¿Hay algún lugar mejor para el músico que el escenario?

-Es verdad. El escenario es un lugar sagrado, donde hacemos un ritual y una especie de trance o meditación, para transmitir al público las emociones y lo que sentimos.

Nuevo disco, nueva gira... Ahora que no se venden discos, más que nunca es una excusa para encontrarse con el público?

-Así es, el disco se enseña y se escucha mucho, aunque ya no se venda. Lo importante es que las personas escuchen nuestro trabajo y lo disfruten. Después, esos temas te permiten hacer conciertos, girar y enseñarlos en vivo.

Véndame el último disco, ¿qué es Royal Garage? ¿De dónde parte el concepto? Es bastante curiosa la historia...

-Es un homenaje al primer garaje donde empecé a tocar, en Líbano, durante la guerra. Había uno subterráneo en nuestro edificio y allí nos refugiábamos de las bombas. Era un lugar oscuro y dramático, pero en ese lugar, durante las esperas de muchas semanas, empecé a tocar. Otros bailaban o cantaban... En aquella situación tan difícil, la música nos dio alegría y felicidad. Allí advertí que hacer música era lo que quería hacer en mi vida; y compartirla con la gente.

¡Qué capacidad de supervivencia tiene el ser humano!

-Estamos muy bien hechos (risas). Siempre buscamos la alegría; o deberíamos hacerlo. Y todo a pesar de las circunstancias que vivimos. En aquella época, en Líbano, no pensábamos en el futuro, no hacíamos planes. No sabíamos si íbamos a seguir vivos los próximos días. Eso sí, el día a día, casi la hora a hora, intentábamos vivir con alegría.

El garaje, desde los años 60 y con el rock de garaje de The Sonics, está siempre asociado el mundo del rock.

-Es un lugar en el que todos los grupos de rock empiezan. Les echan de otros espacios, para aislarlos. El garaje es el lugar ideal para crear, no molestar y estar tranquilos.

El suyo no tuvo tanto glamur...

-Era 1976 y tenía unos 10 años. Mi padre me decía que fuéramos allí a tocar rock como The Rolling Stones, pero mi banda no tenía tanto rollo. Estaba mi tío Nono con una trompeta abollada, un vecino con una botella de anís y mi abuela con una mandolina... No había mucho rock, pero sí mucho amor.

¿Por qué llama royal (real) al suyo?

-Porque el primero en el que estuve era oscuro y feo. ¡Ni siquiera tenía electricidad y estaba lleno de cucarachas y ratas! Para mí era un lugar de lujo porque allí empezó mi historia con la música.

Es un álbum muy diverso, estilísticamente: folk, clásica, pop, rock, hip hop, flamenco... ¿Ese eclecticismo se debe a sus viajes y gustos?

-Pues sí, la verdad. Pero que haya tantos estilos diferentes en el disco no fue buscado, no intenté hacer ninguna demostración. Sí toco bastantes estilos, pero lo hago a mi manera. Mi interpretación del flamenco, del rock, jazz o tango, haga lo que haga, tiene mi sello propio. Lo importante es que llegue a las personas. Si se logra, ¡qué mas da si es de forma purista o no!

¿Es su violín la argamasa que une y unifica esos estilos?

-Es su hilo conductor, al igual que mi manera especial de ver la música. Y es que aunque a veces haya voces, siempre aparecen como un dueto con mi violín.

¿Qué tienen en común Battiato, Milanés, Kase O, Estrella Morente, Bunbury, Calamaro o el libanés Serj Tankian, cantante de System of a Down?

-El amor a su arte, sin duda. Y eso es lo más importante. Cada uno de ellos son seres maravillosos que me hicieron la colaboración muy fácil. El disco no lo editó una multinacional, así que los artistas elegidos no lo fueron por razones económicas o de marketing, sino músicos con los que me siento afín e identificado. La conexión fue rápida, bastó un whatsapp para que me dijeran que les apetecía.

¿También con Serj, toda una estrella mundial del rock al frente del grupo System of a Down?

-También, sí. Y fue de los primeros temas que grabamos para el disco. Fue todo muy fácil, aunque él viva en Los Ángeles. Tengo una magnífica relación con él, ya que ambos somos armenios y compartimos muchas cosas. Además, siento mucho su música y la pasión que expresa por ella. Lo conozco bien.

Con Bunbury interpreta su canción El extranjero. ¿Se ve reflejado en la letra de esa canción?

-Absolutamente, tienes razón. A Bunbury le admiro muchísimo y, además, esta puede ser mi canción favorita suya. Yo he vivido como un extranjero toda mi vida, con paradas en muchas partes. Puedo ir con el papel de extranjero por el mundo, ya que me siento bien con él. No me siento de ningún lado, aunque sí me siento a gusto en cualquier ciudad o país. Vamos, tal y como dice la canción.

Ha colaborado en la parte gráfica de este último disco con un histórico de la imagen y, últimamente, también del cine como Anton Corbijn, que ha fotografiado a U2 y a Depeche Mode, y ha hecho varias películas, una de ellas Control, dedicada a Joy Division.

-La colaboración fue maravillosa, toda una experiencia única. Es un artista de este siglo; y me lo hizo muy fácil. Viví su trabajo como si estuviera con un amigo, paseando y haciendo fotografías. Todo fue muy sencillo y vivimos muchas anécdotas juntos. Creo que la experiencia me quedará para toda la vida.

Tiene una magia especial con el intenso uso que hace del blanco y negro, ¿verdad?

-Sí, es como su marca de fábrica, su sello. También hicimos algunas en color, pero lo suyo es el blanco y negro.

¿Cómo se traslada ese viaje musical al directo? ¿Cómo siempre, con virtuosismo y mucha intensidad, pero también sensibilidad y lirismo?

-El directo es otra historia, algo diferente a la atmósfera del estudio de grabación. De hecho, tocar ante la gente es lo que más me gusta. Mi profesión es estar en el escenario. En esta gira ofrezco gran parte del último disco, pero con versiones instrumentales de los temas que cantan los colaboradores. Y otras canciones... Habrá un poco de todo. Es mi vida, mi manera de vivir, mi día a día. Tocar es lo que me hace más feliz.