Carlos Bassas: "Desde pequeño he sido lector de Dumas, Salgari,Dickens, y me apetecía adentrarme en ese terreno"

25.01.2021 | 19:47
Carlos Bassas del Rey posa con su nueva novela en la Ciudadela de Pamplona.

En 'Cielos de plomo', el autor articula una trama de misterio en la Barcelona de 1843, donde a la convulsión social y política se suma una serie de cruentos asesinatos

Publicada por Harper Collins, la novela llega a las librerías mañana, un par de días antes de que Carlos Bassas, Premio Hammett 2019, visite Barcelona Negra 2021.
 
Acaba un año nefasto para la mayoría de la ciudadanía, pero que para Carlos Bassas ha sido el de la creación de su nueva obra, ¿qué balance hace en general de estos doce meses que tanto han marcado y marcarán nuestra historia reciente?

–Curiosamente, para mí no ha sido del todo un mal año. En mi caso, los confinamientos y las restricciones no han supuesto un gran cambio, ya que habitualmente trabajo encerrado en casa. Sí he echado mucho de menos juntarme con otros compañeros en presentaciones y en los distintos festivales literarios a los que acudo a lo largo del año, y me ha pesado tener que renunciar a las clases presenciales, que es otra de las cosas que más me gustan y que me previenen de caer en la misantropía más absoluta.

Ha fichado, al menos para esta novela, con un sello internacional como es Harper Collins, ¿qué significa?

–Dar el salto a una editorial de este tipo, con presencia internacional, supone un gran cambio en muchos aspectos. Como autor, lo notas en cosas como el marketing, la publicidad, la presencia en medios y redes, el número de ejemplares, la distribución, la venta en espacios a los que antes no llegabas€ Todo es más grande. Y eso supone una gran ventaja, de la que, sin embargo, se deriva, a su vez, una gran responsabilidad, porque sabes que cuanto más decidida es la apuesta, mayor será la exigencia en lo referente a ventas. Pero el trato directo con mi editora y mi corrector, por ejemplo, ha sido igual de cercano, personal e inmediato que el que he recibido en otras editoriales con las que he publicado. En ese sentido he tenido siempre mucha suerte.

Libreros, autores/as y muchas/os lectoras/es parecen compartir la idea de que en España se publica demasiado, que existe una extraña burbuja editorial donde unos títulos pisan a otros, ¿qué opina?

–Es cierto. En España se publican entre 80.000 y 90.000 libros al año, a lo que debemos sumar los autoeditados, pero eso no viene acompañado de un aumento significativo en la facturación. Es cierto que no todos esos libros son novelas, pero sigue siendo un número muy elevado. Aunque los datos del último informe sobre hábitos de lectura y compra de libros de la Federación de Gremios de Editores de España (febrero 2020) parecen esperanzadores, la consecuencia de semejante cantidad de novedades es que la mayoría de ejemplares no duran más de una semana en las mesas destacadas de las librerías, y eso significa que el lector se pierde muchas voces interesantes y acaba comprando novelas editadas por alguno de los grandes grupos.

Entrando en 'Cielos de plomo', ¿qué puede decirme del título?

–Hace referencia a un tipo de cielo gris, triste, frío, donde el cerúleo ha sido ocultado por el humo procedente de las fábricas. Barcelona era la ciudad con mayor concentración de industrias, cuarteles y conventos en suelo urbano de España a mediados del XIX. Al estar catalogada como plaza militar, tenía prohibido derribar sus murallas y toda la población se hacinaba en lo que hoy son el Gótico, los barrios de Sant Pere, Santa Caterina y la Ribera (el Born) y el Raval. Las condiciones de vida eran miserables, motivo por el cual fue una de las ciudades más asoladas por distintas pandemias durante aquellos años. Por eso, un destacado médico e higienista como Pedro Monlau luchó sin descanso por derribarlas.

Aunque ya había incursionado en la novela de misterio histórica con su saga dedicada al joven samurai Aki Monogatari, lo cierto es que sus últimas novelas negras, 'Justo' y 'Soledad', se ubican en el presente, ¿por qué este salto al pasado?

–Como escritor, me gusta someterme a nuevos retos, ya sea cambiando de género o planteándome desafíos más técnicos como la elección de la persona y la voz narrativa o del tiempo verbal, por ejemplo. Tras Justo, que me dio muchas alegrías, y Soledad, que me dejó exhausto, quería probar algo diferente, más ligero y de corte más clásico. Desde pequeño he sido un gran lector de los folletines de aventuras del XIX, de Dickens, de Stevenson, de Dumas, de Salgari, y me apetecía adentrarme en ese terreno. Pero no quería navegar demasiado lejos, por eso escogí la Barcelona de 1843, porque me proporcionaba varios elementos: una época de convulsiones políticas y una ciudad encerrada, de calles oscuras y sucias, de enormes diferencias sociales, que lucha por convertirse en una urbe moderna y europea. Y a base de leer y de documentarme, me acabé dando cuenta de que, a pesar de todo, algunas cosas no han cambiado tanto.

La novela tiene en común con 'Justo' que se ubica en Barcelona, pero no solo eso, sino también una cierta crítica a la ciudad y a cómo trata a sus 'hijos'.

–Quizás es porque emigré hace muchos años y la veo desde fuera. En mí conviven varias Barcelonas: la de mi infancia, que es en buena medida la contada por mi padre, llena de historias y rincones mágicos; la descubierta por mí mismo después, durante la adolescencia; la vista desde fuera; la idealizada; la narrada por Marsé, por González Ledesma, por Vázquez Montalbán, por Mendoza y tantos otros... Solo cuando uno se aleja de algo es capaz de verlo con cierta perspectiva; de descubrirle las costuras y las miserias; de echarlo de menos también; de cubrirlo de nostalgia. Quizás lo que más me atrae de Barcelona y sus gentes (desde un punto de vista literario, pero también humano) es que, durante muchos siglos, hemos sido muy revoltosos, pero hemos perdido casi siempre, y eso nos ha hecho ser de un modo determinado. Eso y que siempre nos hemos creído mejores que el resto.

Y, sin embargo, es una enamorado de su ciudad natal, Barcelona. Igual que su padre, al que le dedica el libro.

–Una cosa no quita la otra. Siempre digo que soy la segunda persona más enamorada de Barcelona y de sus historias después de mi padre. Toda ciudad está llena de ellas, pero la mayoría de sus habitantes las desconocen. Con mi padre aprendí a conocer no solo las relacionadas con grandes acontecimientos, sino las minúsculas, las de personajes de a pie, las de barrio. Pero es que, además, hablando con toda la objetividad de la que soy capaz, Barcelona es la ciudad más hermosa del mundo. Y he visto unas cuantas. Pero, para conocerla de verdad, uno debe visitarla acompañado por un barcelonés o no aprenderá jamás lo que es un suizo y dónde puede tomarse el mejor de la ciudad para merendar.

En la novela, las murallas de la ciudad aun están en pie y juegan un papel importante en la trama. Aquí centra gran parte de la carga histórica del libro: con la presencia del Ejército para mantener a la población a raya, pero también con los partidarios de tirarlas , los que no€ ¿Por qué le interesaba especialmente este asunto y cómo se ha documentado?

–Porque su derribo fue un momento crucial para la historia de la ciudad. Barcelona vivió grandes acontecimientos a lo largo del XIX, algunos, como la industrialización o la desamortización, trajeron enormes transformaciones urbanas y sociales, pero no sería hasta 1854 –24 de agosto, una efeméride que todo barcelonés debería recordar–, con la apertura, que la ciudad empezó a cambiar. Es difícil imaginarse hoy en día cómo era la vida por entonces, las condiciones extremas de higiene y de miseria de las clases trabajadores, de los pobres, de los pobres de solemnidad, que constituían un colectivo aún más desfavorecido€ Antes de la caída de las murallas, Barcelona era la ciudad con mayor concentración de habitantes por metro cuadrado de Europa, el doble que París o Londres. La situación era insostenible, y la ciudad, gobernada con mano de hierro por los militares, un polvorín a punto de estallar en cualquier momento. Un dato curioso: cuando la gente visite Barcelona y ponga un pie en la Plaça del Pi o en la de Neri –dos de mis rincones favoritos, de visita obligada–, debe saber que, hasta mediados del XIX, ambos espacios eran cementerios.

El protagonista es un niño expósito, Miquel, algo muy frecuente en esa época, en la que instituciones como la Casa de Misericordia se ocupaban de ellos, por decirlo de alguna manera, porque sus métodos eran cuanto menos dudosos.

–Tanto la Casa de Misericordia como la de la Caridad ayudaron a muchos niños, pero ambas tenían sus sombras y acabaron funcionando como pequeñas ciudades independientes dentro de la propia ciudad, con sus colegios y también fábricas, en las que trabajan los niños. Aún hoy en día puede verse el torno de los huérfanos en la calle de las Remelleres, con su boca destinada a dejar a los bebés. Barcelona estaba llena de estos lugares por entonces, pero no todos pertenecían a la misma categoría. Los había de padre y/o madre, los había bastardos y luego estaban los que que tenían padres que no les podían mantener, de modo que los dejaban allí hasta que pudieran volver a cuidarlos, cosa que, si uno consulta los archivos, casi nunca sucedía. Miquel es uno de ellos. Uno de tantos.

La única familia verdadera que encuentra en su corta vida Miquel es La Tinya, una organización que existió, ¿qué me puede decir de ella?

–Una de las primeras organizaciones criminales de pobres y huérfanos que existió en la ciudad fue la llamada Escola de Lladres (Escuela de Ladrones), que se dedicaba al hurto en la zona del Born y la calle Montcada, que era donde vivían los ricos, en época medieval. Con el tiempo, otros grupúsculos con nuevos nombres (algunos reales, otros míticos) la fueron sustituyendo. La Tinya fue una de ellas. Y aunque su presencia en la documentación y los archivos de la época es casi anecdótica, fue una digna sucesora. Estos pequeños grupos criminales estuvieron activos no solo en Barcelona, sino en las principales ciudades europeas, y han aparecido en varias novelas, como las de Dickens o Conan Doyle. Pero si hubo un grupo criminal organizado bien conocido y documentado en la Barcelona de esa época, ese fue la Ronda d'en Tarrés, un atajo de asesinos al servicio del poder político, económico y militar de la época.

Miquel lo arriesga todo por encontrar al asesino del que considera su hermano, Víctor. Tenemos a un protagonista huérfano, golpeado por la vida desde que nació, y que, sin embargo, lo pone todo en juego por amor y lealtad, ¿estamos ante un héroe clásico, se inspiró en otros referentes literarios para crearlo?

–Tenía claro desde el principio que quería que el protagonista fuera un huérfano. Es un homenaje a los héroes, que abarca desde la mitología clásica hasta los superhéroes creados a lo largo de los años 30, 40, 50 y 60 del siglo XX. Incluso posteriores, como Harry Potter, por citar uno de nuevo cuño. La mayoría de ellos comparten esa característica, lo que, desde un punto de vista literario, te permite un doble juego: toda historia de héroe implica un doble viaje, el de la aventura y el del descubrimiento de la propia identidad. En este caso, sin embargo, decidí aligerar esa parte: A Miquel no le importan en absoluto sus orígenes, pero, como todo héroe de forja, acaba descubriendo de qué está hecho a lo largo de su viaje.

En su peripecia, este personaje entrará en contacto con políticos de la época, sobre todo con dos, que reflejan también los cambios que estaba a punto de afrontar la ciudad y la sociedad en general.

–No se puede hablar de la Barcelona de esa época sin hacer referencia a su convulsa situación política y social. Por eso decidí trabajar también con la figura de dos destacados personajes históricos, Pedro Mata y Pedro Monlau. Ese juego me aportaba equilibrio y me permitía ofrecer un retrato lo más fiel posible a la realidad de aquellos años. Aunque suponía tener que caminar sobre el alambre, ya que, cuando uno se toma la licencia de ficcionar a un personaje real, debe ser fiel a su pensamiento y su espíritu. En cuanto a la trama política en concreto, me ofrecía la posibilidad de mostrar algo importante, y es que en lo referente a la polarización de la política las cosas no han cambiado tanto como pensábamos.

Hay otra trama que afecta directamente a los grandes empresarios barceloneses de la época, cuando la ciudad era un puerto fundamental en Europa y en el mundo, y no solo de productos, también de personas. Y nombra apellidos ilustres, algunos de los cuales todavía hoy lo son, aunque quizá ahora prefieren ocultar el origen de sus riquezas€ ¿No tiene miedo de pisar algunos callos?

–No, porque todo lo que se dice en el libro en referencia a ellos, al origen de parte de sus fortunas, al tráfico legal, primero, e ilegal, después, de esclavos ha sido estudiado y publicado ya por expertos. Lo que quizás sí ponga de manifiesto es la hipocresía de algunos: aquellos que señalan con el dedo a figuras como la de Antonio López y exigen la retirada de su estatua de la ciudad por esclavista, pero apartan la mirada cuando se trata de otras figuras.

Por supuesto, la trama criminal es la principal, con un asesino que parece sacado de Whitechapel, por decirlo de algún modo. ¿Es heredero, en ese sentido, de los asesinos de la novela decimonónica?

–Buscaba un personaje que tuviera ese aroma, sí. De hecho, en él confluyen algunas características que los amantes de ese tipo de novelas reconocerán. Pero, y esto también era importante, tiene, a su vez, las suyas propias. Es prácticamente imposible sustraerse a todos los personajes de esas características que uno ha leído a lo largo de los años; están ahí, almacenados en la memoria, y tarde o temprano acaban asomando por algún lado.

Los espacios, la sala de anatomía, el paseo de Gracia, algunas casas y mansiones, el transporte€ Nuevamente, describe muchos lugares de la ciudad, como en 'Justo', aunque en este caso muchos ya no existen.

–Aunque parezca mentira, buena parte de las localizaciones, como, por ejemplo, el Anfiteatro Anatómico del Real Colegio de Cirugía –que recomiendo visitar a todo barcelonés– que aparecen en la novela siguen existiendo; otras, en cambio, como las murallas, algunos palacios o los cementerios parroquiales han desaparecido, pero están perfectamente localizados. La caída de las murallas trajo consigo una importante transformación urbana, se abrieron nuevos espacios, se echaron abajo edificios, otros renacieron de sus cenizas para convertirse en teatros de la ópera€ Pero creo que cualquiera que lea la novela y quiera recorrer las calles por las que transita Miquel Expósito podrá hacerlo sin problemas.

¿Qué espera de esta novela?

–Espero que sea una novela que entretenga, por un lado, y que genere cierta curiosidad por una época y una ciudad, la Barcelona de mediados del XIX, por otro. Por cómo fueron sus gentes, sus calles y sus edificios. Y también, por supuesto, que aquellos lectores que, además, busquen una calidad literaria en el texto, la encuentren y disfruten.

¿Y después de 'Cielos de plomo', seguirá con la novela histórica? ¿Trabaja en nuevos proyectos?

–Por el momento he empezado a escribir otra novela negra más del corte de Justo y de Soledad, pero, a la vez, he comenzado a idear una nueva novela de aventuras y corte histórico ambientada un poco después, también en Barcelona, coincidiendo con el nacimiento de la Guardia Urbana de la ciudad. Y hasta aquí puedo contar.

  • La novela. Cielos de plomo
  • El autor. Carlos Bassas del Rey nació en Barcelona en 1974 y reside en Pamplona desde 1992.
  • La editorial. Harper Collins.
  • Sinopsis. Barcelona, 1843. Las murallas y las chimeneas ahogan la ciudad. En las calles se hacinan trabajadores, vagabundos, pobres de solemnidad y grupos de delincuentes como La Tinya, formada por huérfanos y ladronzuelos. Miquel Expósito es uno de ellos. Cuando el cuerpo de Víctor, su mejor amigo, aparece masacrado en un callejón, decide emprender una investigación que cambiará su vida.
     
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