Garbiñe Ortega: "Me voy muy contenta y agradecida por haber tenido un espacio como Punto de Vista para experimentar y probar cosas"

05.03.2021 | 20:46
Garbiñe Ortega, posando junto a los carteles que Dani Sanchis ha creado para esta 15ª edición.

La curadora vitoriana se enfrenta a su última edición al frente del Festival Internacional de Cine Documental de Navarra con un programa que, pese al contexto, será "diverso" y se ofrecerá presencial y 'on line'

Coincide la última edición de Garbiñe Ortega con el 15º aniversario de Punto de Vista, que se celebrará entre el 15 y el 20 de marzo. Las circunstancias no están para grandes celebraciones, pero el equipo ha preparado una exposición fotográfica que mostrará el recorrido del festival, al que han acudido ilustres como Barbara Hammer, Alan Berliner, Ignacio Agüero, Jem Cohen... La mejor fiesta será, sin duda, la programación de este año, que volverá a ofrecer "muchos itinerarios posibles" a apostar por "la poesía y la belleza no obvias". También habrá una película de ocho horas en el Museo de Navarra. Y es que experimentar, jugar y transformar son tres de los verbos que marcan el paso de la directora por el emblemático certamen de cine de no ficción.

A estas alturas, cuando apenas quedan unos días para el comienzo de la 15ª edición del festival, ¿qué tipo de flecos quedan?

–Siempre digo que para mí las últimas semanas no son tan estresantes porque solo, entre comillas, consisten en resolver problemas. Realmente, en mi caso lo más complicado y a la vez emocionante es el trabajo de programación y la publicación que hacemos todos los años y que queda para siempre en papel. Todas las decisiones relacionadas con este ámbito implican dar muchas vueltas y exprimirte al máximo, pero reconozco que el trabajo de producción de este año en particular tiene muchísimos flecos y a todos los miembros del equipo nos está haciendo ser mucho más creativos.

Es una edición en pandemia.

–Así es, y eso está provocando que en las últimas semanas se estén dando conversaciones que jamás pensé que fuéramos a tener. Como, por ejemplo, dónde se va a sentar exactamente cada invitado a la hora de comer. Hay que bajar al detalle más concreto, hacer un trabajo de visualización y estar pendiente de un montón de cosas que normalmente no tenemos que atender.

¿En qué medida ha afectado la situación sanitaria al programa?

–Ha afectado mucho al volumen de programación porque por los protocolos de limpieza tenemos que dejar más tiempo entre sesiones. Ya no podremos hacer dos pases de las películas de Sección Oficial, sino uno, y así hemos tenido que ir reduciendo varias cosas. También hemos tenido que reducir sesiones por el horario, el toque de queda, de modo que en lugar de cinco programas en la sala de Cámara, hemos pasado a tres, y la última sesión empezará a las siete y media como muy tarde. Hemos tenido que hacer muchos movimientos en la parrilla, pero, bueno, estoy muy contenta porque, aun así, sigue siendo un programa diverso, con muchos itinerarios posibles y que creo que está al mismo nivel que en los años anteriores en términos de calidad.

El año pasado ya cancelaron su viajes algunos invitados extranjeros a última hora precisamente por las noticias sobre la covid. ¿Quién va a venir a Punto de Vista 2021?

–Desde el propio festival hemos tratado de ser responsables y, aunque las autoridades que toman las decisiones respecto a la movilidad entre países no estén marcándolo, sí hemos decidido no invitar a profesionales del extranjero, salvo a los miembros del jurado, a quienes vienen a ofrecer una performance, a dar una charla... Y aun así, con algunos de los participantes vamos a tenerlo que hacer on line. De Sección Oficial, por ejemplo, solo vendrán quienes están en España en este momento.

¿Cómo se va a combinar lo presencial y lo virtual?

–Hemos preparado una programación presencial, de la que una parte tendrá su traducción en lo que hemos llamado Festival Scope, que se dirige a los asistentes virtuales, que serán desde personas que no pueden viajar a Pamplona estos días a incluso público nuevo de cualquier punto del planeta. Esa programación on line estará disponible alrededor de un mes a partir del primer día del festival.

¿Qué más me puede contar de esta programación paralela y más expandida en el tiempo?

–Pues, por ejemplo, que la Sección Oficial solo estará disponible on line en España. Hemos geolocalizado estos trabajos para dar seguridad a sus creadores de que van a poder hacerlos circular en otros países. Este año nos hemos enfrentado al reto de montar prácticamente dos festivales en paralelo, y además de las películas a competición, también se verán on line algunos títulos de los ciclos más importantes.

Como el de Amos Vogel.

–Eso es. Durante tres semanas estará disponible para todo el mundo, lo cual es toda una apuesta incluso por parte de sus comisarios, Alexander (Horwath) y Regina (Schlagnitweit). Nos dijimos que había que abrirse a nuevas experiencias y comprobar cómo puede llegar a funcionar en un contexto on line un ciclo puramente de Filmoteca que recupera piezas olvidadísimas. Para hacerlo recordamos ese fuerte espíritu que tenía Amos Vogel, que siempre apostó tanto por la difusión, y nos pareció que le habría parecido bien dar acceso de este modo a estas películas que son tan difíciles de conseguir.

¿Ha seguido criterios distintos para crear el programa 'on line'?

–Este festival en concreto apuesta mucho por la experiencia, por lo vivo, y por cierto tipo de trabajo que si no se ve en su formato original no se ve de otra manera. En ese sentido, para mí ha sido un gran reto pensar la programación on line. Me he tenido que preguntar qué tiene sentido, cómo hacer algo coherente y no ponerlo todo on line sin más, que es lo que está haciendo todo el mundo. También había que decidir durante cuánto tiempo ofrecíamos la programación. Porque, claro, no tienen nada que ver los meses de marzo y abril del año pasado, cuando todo el mundo estaba confinado, con algunas personas trabajando en casa y otras no tanto, como era mi caso, que acababa de terminar Punto de Vista y me podía quedar mirando un festival de Canadá a la una de la mañana, que este mes de marzo y abril, cuando hemos vuelto a una relativa normalidad. No podíamos proponer una programación on line con mucho volumen de películas durante una semana.

¿Se trataba de no abrumar?

–Eso es, así que lo que hemos estado trabajando es cómo secuenciar todos los contenidos on line de manera que como espectador sean sostenibles y disfrutables. Y, aunque nada es perfecto, creo que hemos encontrado una buena fórmula y hemos decidido que expandir durante un mes la programación y secuenciarla ayudará a no generar esa sensación de que no llegas a ver todo.

El virus ya estaba en el festival del año pasado, aunque nadie lo sabía, y la sorpresa se produjo a los días de finalizar.

–Sí. Recuerdo que en los dos primeros días del festival me despertaba por la noche no pensando en problemas del festival, porque sé que una vez que arranca va a funcionar porque tenemos un súper equipo; sino que me levantaba preguntándome si eso del virus que estábamos escuchando venía como un tsunami hacia nosotros. Y literalmente así fue; 24 horas más tarde de acabar el festival ya empezamos a no poder llevar a los niños al cole y a los tres días llegó el confinamiento. Repasando el año pasado, mirar las fotos me genera una sensación de irrealidad muy fuerte.

¿Cómo se va a suplir ese sentido de comunidad, de familia, que es tan característico de Punto de Vista?

–Evidentemente, todos estamos reaprendiendo las formas de comunicarnos, de estar juntos... Pero creo que la gente viene con tantas ganas que encontraremos la manera de hacerlo. A mí me ha pasado cuando he ido a festivales en otoño que todo se vuelve muy significativo, con una potencia muy bonita. Por ejemplo, solo estuve tres días en Viennale y fui a todo, a proyecciones, a conciertos, a pasear... Había necesidad de encuentro y quiero pensar que Punto de Vista también va a ser eso; un espacio para una familia más reducida este año, pero, a la vez, como nos ha saltado por los aires todo lo que dábamos por hecho, va a tener un sentido aun mayor. Y, aunque no vamos a tener toda la parte de programación en Katakrak y de música por la noche, nos encontraremos en los cafés (ríe).

Esta es su cuarta y última edición al frente de la dirección artística de Punto de Vista. ¿Cómo se lo toma? ¿Cómo va a ser la despedida de Garbiñe Ortega?

–Va a ser una despedida bonita, muy fiel en términos de programación a lo que el festival ha sido al menos en mi ciclo. Me voy muy contenta y agradecida por haber tenido este espacio para experimentar y para probar muchas cosas en términos curatoriales que en otros festivales no podrían hacerse, y por el aprendizaje que me llevo. Y satisfecha porque siento que los objetivos principales que me marqué hace cuatro años se han cumplido.

¿Qué objetivos?

–Esta idea de los cruces entre disciplinas no ha sido anecdóctica, ha sido muy real tanto en términos de invitados como de público y de profesionales. Durante cuatro años seguidos han venido coreógrafos, bailarines, artistas sonoros, y esto es bastante inusual en un festival de cine. También estoy contenta porque se ha mantenido la idea de comunidad y de vivir el cine de una forma significativa y cercana y desde el cuidado y el afecto.

¿Seguirá vinculada al festival?

–Por supuesto. Yo siempre digo que he crecido como espectadora con el festival desde las primeras ediciones, así que tengo muchas ganas de saber qué rumbos toma y cómo sigue creciendo.

¿Algún mensaje para quien la vaya a sustituir?

–Solo le diría que juegue, que experimente, que no tenga miedo a probar cosas diferentes porque creo que este es el espacio para hacerlo, porque este festival no tiene los compromisos que otros más grandes tienen. Y, sobre todo, que disfrute del proceso.

¿Cuáles han sido los grandes hitos o grandes momentos de este cuatrienio desde sus vivencias como directora?

–Bufff... Tengo muchos. La performance del año pasado con Guy Sherwin, sin duda, sería uno de ellos. Ver desde hoy, con la situación que estamos viviendo, esa sala llena, con gente en el suelo, sin mascarillas, impacta mucho. Para mí fue uno de los momentos más bellos de estos cuatro años. También nombraría la charla de Mónica Valenciano con Idoia Zabaleta del año pasado, que fue súper reveladora por esa idea de pensar el cine desde otras disciplinas. Por supuesto, la visita de P. Adams Sitney, en 2018, que fue tan generoso. Él es historia viva del cine y tenerle aquí fue especial, como lo fue también poder celebrar los 10 años de X Films, con toda esa generación que ha crecido cerca del festival.

Entrando en el festival de este año, el leitmotiv es 'Cosas que no fueron, pero que también son', inspirada en un poema de Joseba Sarrionandia.

–Me parecía que teníamos que abordar esta edición sin obviar lo que estamos viviendo, pero aportando una dimensión positiva, poética y con perspectiva. El ser humano tiene una gran capacidad de adaptación y yo, que me considero una persona optimista y realista, creo que de todas las experiencias se pueden aprender cosas. Y creí que era una frase perfecta para dar un lugar de existencia a lo que no ha sucedido, para no verlo con lástima, sino dándole dignidad, reconociéndolo y proponiéndolo como una especie de multidimensión poética.

El festival se inaugura por segundo año consecutivo con una película navarra, en este caso con 'Dardara', el segundo largometraje de Marina Lameiro, ¿por qué escogió esta cinta para empezar?

–Igual que pasó el año pasado con Zumiriki, me parecía que Dardara era una joya perfecta para lo que buscamos con la sesión de inauguración. Es una película vinculada a Navarra y a públicos muy diversos que no necesariamente tienen que tener relación con Punto de Vista, y, además, cumplía con otro de mis objetivos muy marcados, que es acompañar a una generación de cineastas y apoyarlas todo lo que pueda. Así que era indiscutible. Y sé que es una película muy esperada.

Este año no hay tanta presencia navarra en otros apartados, salvo el caso de Irati Gorostidi en X Films, aunque Paisaia muestra el panorama reciente del cine de no ficción vasconavarro, que forma una comunidad bastante unida.

–Hay muchos cruces entre ellos, y eso es importante. Por ejemplo, la película de Lur Olaizola la ha montado Maddi Barber. Y también está la película de María Sánchez, que trata sobre Agiña, y otra de Peio Aguirre sobre Néstor Basterretxea. Yo no busco tanto una cuota, sino que la programación tenga una coherencia. En este caso, vamos a poder ver cómo la nueva generación de artistas se relaciona con los grandes nombres del arte vasco.

Dokbizia volverá a ser cruce de lenguajes y de espacios, porque aquí el festival se expande.

–Este año ha quedado muy diverso y estoy muy contenta con las nuevas colaboraciones como la del Museo Oteiza. Va a ser un privilegio poder hacer una proyección de las películas de 16 mm de Nancy Holt en la sala central de exposiciones, entre las esculturas de Oteiza. Y junto con Gayarre traemos a una gran bailarina, una clásica contemporánea de la danza como es Vera Mantero con un trabajo que tiene tanto que ver con lo que venimos haciendo...

¿Qué quiere decir?

–Todo lo que traigo este año viene de algún sitio. Mantero viene a hacer un trabajo escénico con un material documental sobre el cantar y el trabajar, y esto conecta con el año de La voz nunca miente. Para mí, la coherencia no tiene que ver con lo que hago en una edición concreta, sino que viene desarrollándose y aunque esos hilos sean un poco invisibles, en mi cabeza están (ríe). Y así también Nancy Holt viene de Marcia Hafif. Todas esas líneas de programación se relacionan, y estoy particularmente contenta porque creo que este es un buen cierre para mi ciclo, casi en espiral.

En alguna entrevista comentaba que otro de sus grandes objetivos era conseguir pequeñas transformaciones en el público. ¿Le gustaría que estas fueran parte de su legado?

–Imagino que esto es algo que todo programador quiere; que al final cale algo, que quede ahí. Yo soy muy defensora de esas pequeñas transformaciones que igual no se materializan según sales de la sala o a la semana siguiente, sino que, mucho tiempo después, de pronto un día conectas aquello que viste con algo que estás viviendo. Hoy en día hay que trabajar mucho en esa línea, porque estamos manejando unos términos que producen una apatía tan profunda, una desesperanza tan honda que, para mí, todos esos quiebres, esas vetas son fundamentales. No podemos aspirar a grandes cambios, pero sí a provocar esos pequeños destellos que algún día despertarán.

Y en la clausura va a poner al público a meditar.

–(Ríe) Sí. Es otro pequeño sueño practicar juntos esta obra de Pauline Oliveros (The World Wide Tuning Meditation). Proponemos una especie de ejercicio de armonización colectiva a través de una breve guía meditativa. Un experimento más.

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