Daniel Ramírez García-Mina, tras publicar el poemario 'Es sólo vivir': "Conviene volver a los lugares donde has sido feliz, ahí se escriben los mejores poemas"

El periodista y escritor navarro debuta en poesía con 'Es sólo vivir', un libro que presentará este martes, a las 19.00 horas, en el salón principal del Nuevo Casino

14.06.2021 | 18:48
El periodista y escritor navarro Daniel Ramírez García-Mina.

Siempre inquieto, el periodista y escritor Daniel Ramírez (Pamplona, 1992) se ha adentrado por primera vez en el género de la poesía y ha alumbrado Es sólo vivir (Aguilar)‹, un poemario que navega por la nostalgia, viaja a los lugares donde uno un día fue feliz y atrapa instantes. Aprisiona entre sus hojas la vida, al fin y al cabo.

Tras cinco libros de no-ficción, ahora se adentra por primera vez en el género de la poesía con Es sólo vivir.
–Sí y además es un género muy arriesgado, porque la poesía es el género en el que más fácil se puede hacer el ridículo. Con la prosa te puedes camuflar más fácilmente, pero con la poesía es complicado. Para mí ha sido todo un desafío, ya no es sólo las palabras, aunque yo hago verso libre, es jugar con la musicalidad, con la forma, la metáfora, los significados... Era un género muy arriesgado que nunca había intentado y lo he disfrutado un montón. Creo que va a seguir a mi lado.

¿Este poemario estaba planificado o ha sido un accidente de la propia vida?
–Ha sido un accidente total, un siniestro (risas). Yo no escribía poesía –sí la leía–, pero veía determinadas escenas que no me encajaban ni en el periódico ni en los libros de prosa. No sabía qué hacer con ellas y algunas cosas que veía por la calle las apuntaba y se quedaban ahí en la libreta... Hasta que un día empecé a estirar esa idea en versos y de ahí todo vino rodado.

Es sólo vivir transcurre entre calles, bares, metros... ¿El hilo de todos sus poemas es la fugacidad que desprenden, el que sean momentos?
–Y sobre todo el sentimiento de que ves pasar algo tan potente ante tus ojos, que quizá el poema sea la única manera de apresarlo. Luis Antonio de Villena, un poeta que me gusta bastante, dice que cuando leemos o escribimos poesía, no es tanto la búsqueda del recuerdo, sino la búsqueda del instante. La búsqueda del instante preciso. Hay un poema que creo que describe bien eso: yo estaba un día en Madrid, yendo al metro por la calle Atocha, y vi a un hombre apoyado en la fachada de un hotel, hablando por teléfono y llorando de una manera muy desconsolada. Por la conversación, deduje que se había muerto su pareja y de repente del hotel sacan una camilla, con un cuerpo, la manta dorada... Y al verlo, al hombre se le vencieron las piernas, como si se las cortaran, y cayó al suelo. A mí me vino a la cabeza una idea, que no sabía que iba a ser un poema, que era que el dolor anula las piernas igual que en las películas. La apunté y luego iba a bajar al metro, el hombre estaba tirado en el suelo llorando, se puso a llover y pensé: en la ciudad sigue lloviendo igual y ese instante que para él era el más cruel y doloroso de la vida, es simplemente una gota en un océano. Y mis poemas procuro que sean eso, esos instantes que son como una estrella fugaz y a veces son una emoción luminosa, otras son una cosa más oscura... Son como un disparo.

Y ahora que estamos sumergidos en un ritmo frenético, ¿ya no disfrutamos de esos instantes?
–Hay un poco de consuelo con que si no hubiera escrito este poema, ese instante que para mí fue importante se me habría olvidado probablemente. Me consuela que los tengo ahí y que en un momento dado, puedo volver a ellos. El maestro Sabina dice que a los lugares donde has sido feliz, no debieras tratar de volver, pero creo que a los lugares donde has sido feliz, aunque puedas emborracharte de nostalgia y puedas salir mal parado, que conviene volver porque ahí es donde se escriben los mejores poemas. Por eso digo en broma que es un libro en contra de Sabina.

Desde esa nostalgia por lugares donde uno fue feliz€ ¿este libro respira de saudade, eso que los portugueses definen como "bien que se padece y mal que se disfruta?
–Sí, porque es verdad que se produce una paradoja, ya que siendo un poemario nostálgico, que da mucho espacio al recuerdo, la sensación es que hay más luz que oscuridad.

Una luz que ilumina, por ejemplo, a su generación, aquella que llaman perdida, y a la que dedica el poema La generación encontrada e invita a alejarse de la autocomplaciencia.
–Ese poema es uno de los que más me gusta. Humildemente, pero muy reivindicativamente, intenté hacer un canto generacional: somos una generación que nos pilló la crisis cuando teníamos que incorporarnos al mundo laboral, que hemos conocido una etapa en la que ya los sueldos son muy miserables, las condiciones son mucho peores que las que tuvieron nuestros padres... Es un canto generacional en el sentido no de reivindicarnos económicamente o socialmente, sino artística y poéticamente. Se nos ha dibujado como una generación despegada de la literatura, del teatro, de la poesía... Como una generación perdida, un poco indolente, que no tiene inquietudes culturales y yo, en los lugares a los que voy, encuentro a gente que sí que tiene esa inquietud artística. Por eso La generación encontrada, porque me niego a que se nos tache de generación perdida y creo que tenemos mucho que aportar.

Desde esta incursión a las artes y como amante de la música que es, ¿a qué diría que suena este libro?
–Un cantautor que he escuchado mucho escribiendo este libro, que me parece un poeta en sí mismo, es Antonio Vega. No sé si suena a eso, pero me gustaría. También me inspira Quique González, y hay referencias más clásicas, como por ejemplo los Nocturnos de Chopin, por influencia de mi padre, o cosas divertidas, como Hey Jude y Revolution de los Beatles.

Ha mencionado a su padre y en el libro dedica un poema a sus progenitores, a quienes define como "mis paracaidistas de Normandía". ¿Es importante no olvidar de dónde viene uno y tener presentes las raíces?
–Sí, en el poemario hay momentos de agradecimiento, de regar esas raíces, de coger quizá algunas cosas que han estado más descuidadas, echarles agua, cambiarlas de maceta y ponerlas en un lugar bonito en la habitación. Normandía es un poema que estoy muy satisfecho de haberlo escrito. También hay otros momentos y aparece Pamplona, de manera entrevista... Ha sido también una manera de regar esas raíces.

Además de encontrarnos con Pamplona, en el poemario paseamos por Madrid, ciudad en la que vive desde hace ya años e imagino que será ya un sitio clave en su vida.
–Sí, Madrid es un territorio muy fértil para escribir poesía. No digo que Pamplona no lo sea –en los viajes a aquí me he vuelto con varios poemas, quizá algunos de los más importantes del libro– pero es verdad que me gustan mucho las calles, bares y lugares donde hay mucha gente y donde puedes pasar desapercibido y estar con la libreta en una esquina. Eso es un lugar que para mí es cómodo, digamos que la versión definitiva del poema la escribo en casa, encerrado ya, pero lo que es la idea y los primeros versos, los escribo a mano y en la calle casi siempre.

¿Este libro está escrito más cerca de la mano del niño que de la persona adulta?
–Sí. Además, fue un interrogante que tenía, me daba miedo que mi primer poemario ya fuera una cosa inundada del desengaño y cinismo que nos va invadiendo a todos conforme vamos echando las primeras canas... Me hacía ilusión que no tenga que ser necesariamente lo que decía Antonio Machado de "se canta a lo que se pierde" y hacer un poemario de mirar hacia delante, donde hubiera ilusión, ganas, incluso algunas reivindicaciones sociales... Y ahí se palpa más la mano y la mirada del niño.

De hecho, cierra el poemario con unos versos que, bajo el título de Unos cuantos porqués, parecen estar dirigidos a todos los niños que están por venir...
–Sí, es un poema un poco a los hijos no nacidos. Creo que los 30 es una edad en la que se aprende a vivir porque a los 20, salvo experiencias trágicas, es una edad en la que todavía existen pocas consecuencias. En líneas generales, en la década de los 20 se está todavía protegido y las cosas tienen remedio, si tomas una mala decisión, tienes margen para darle la vuelta... Y creo que en la década de los 30 empiezan a llegar las primeras acciones que tienen consecuencias y se asientan los primeros cimientos de la vida. Entonces yo empecé a escribir Unos cuantos porqués como si tuviera que contarles lo que va a llegar, como es esto de los desengaños, las tristezas, los aciertos, las decepciones... fue como una manera de escribir una especie de cartografía.

¿Qué relación mantiene con el poeta Karmelo C. Iribarren, a quien dedica un poema y encargado de firmar la recomendación de la portada de Es sólo vivir?
–Karmelo es un poeta formidable, que además ha asentado la poesía de la calle, de las pequeñas cosas. Es un maestro de ese género. Mi relación con él empezó un verano que yo estaba en San Sebastián y me puse en contacto con él, le dije que era lector suyo y estuvimos tomando un café. Ahora, cada vez que voy a San Sebastián procuro que nos veamos. Le di el libro para que lo leyese antes de que saliera, me dio algunos consejos... Y las palabras que ha escrito que introducen el libro para mí son muy importantes.

Dice en el poemario que la vida se escribe sola, pero, ¿la vida se puede resumir en una sola palabra? 
–Con soñar o existir.

Vaya desorden, poema que pertenece a Es sólo vivir

La vida
es como meter cosas
en un armario a rebosar.
Por cada una que encajas
se caen todas las demás.
Un trabajo,
una carrera,
un amor,
un amigo,
un proyecto...
No hay manera
de que entre todo.
O sí.
Poniéndolo en un lugar
que no habías previsto.

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