"Ahora se mira todo más con lupa, hay otra forma de ver las cosas"
La Orquesta Mondragón, una de las formaciones históricas del rock español, pasará hoy por la Tótem para celebrar el 40º aniversario de su álbum en directo ‘Rock & Roll Circus’.
En 1976, Javier Gurruchaga trabajaba en un banco. ¿Qué le hizo dejar la seguridad de un salario fijo para lanzarse a la aventura de la música?
El trabajo me daba seguridad, es cierto. Empecé a trabajar de botones cuando tenía 14 años, pero yo quería ser cantante, cómico, quería tocar un instrumento. Estudié cuatro años de saxofón, hice incluso el servicio militar como saxofonista. Quería hacer algo diferente, así que, como tenía jornada intensiva de 8:00 a 15:00, luego, por las tardes, estudiaba Filosofía y Letras, el saxo… E intentaba montar un grupo. Tuve varios. La Orquesta Mondragón fue el más significativo; era una especie de experiencia donde había humor, una especie de radionovela con música, homenajes a Lou Reed, a Frank Sinatra, a las parodias. Así comenzó todo. Al año y pico pedí una excedencia y me fui del banco. Lo estuve compaginando hasta el último momento, porque no había seguridad y yo era pobre.
¿Cómo era San Sebastián musicalmente de aquella época? Creo que era la época ya del primer Donosti Sound, ¿no? Estaban ahí UHF, Bracamán, Puskarra… No sé si estaba ya la semilla de lo que fue luego el rock radical vasco. ¿Había mucho movimiento musical en aquellos años?
Había grupos, sí. Recuerdo a Bracamán y a algunos otros, pero nosotros estábamos encerrados en nosotros mismos. Estábamos más pendientes de lo que hacíamos nosotros que de los demás. Había movimiento, pero no era para tanto. Todavía no había comenzado esa movida de grupos vascos en San Sebastián.
¿La búsqueda de ese movimiento fue la que les hizo trasladarse a Madrid?
Empezamos en el 76 y en el 78 nos fuimos a Madrid, al Teatro de la Comedia, porque estaba claro que allí se cortaba todo el bacalao. Era el escaparate para las discográficas y tuvimos una situación muy afortunada. Entonces era difícil grabar un disco y Julián Ruiz, un productor que también era locutor de radio, nos animó a buscar compañía de discos, EMI. En el 78 ya empezamos a grabar el disco. Lo hicimos en muy poco tiempo, en una Semana Santa, y publicamos Muñeca hinchable, nuestro primer álbum. Ese disco nos dio fama por todo el país.
La fama fue muy repentina, les llegó desde el principio…
Antes de ir a Madrid, ya teníamos mucha fama en el País Vasco. Fue rápido, el boca a boca, las radios… Hubo mucho apoyo en el País Vasco. A nivel nacional, los medios, la televisión y la radio hicieron el resto. Y los conciertos, porque la gente salía muy contenta de los conciertos. Hemos tenido siempre un buen directo.
Madrid estaba en plena Movida, de la que ustedes formaron parte, aunque siempre manteniendo una personalidad que les distinguía del resto de grupos, ¿no?
Bueno, lo de la Movida es un poco una etiqueta periodística. En esos ochenta, el caso era hacer algo distinto. Habíamos tenido una dictadura hasta el año 75, empezaba a descomponerse todo el antiguo régimen y había un poquito más de libertad de expresión. La censura empezaba ya a relajarse y todo eso hizo que muchos grupos de personas intentaran hacer su movida. En Madrid estábamos todos y no sabíamos si era una movida. Había una década distinta y más libertad; eso nos permitía, en nuestro caso, hacer más parodias, ser más incisivos, una puesta en escena más rebelde, y eso es lo que hicimos en los ochenta.
Ya que habla de libertad: está claro que ahora hay más libertades que en la dictadura, pero, ¿hay más libertad ahora que en los ochenta? La Orquesta Mondragón, por ejemplo, que siempre jugó mucho con la provocación, ¿podría hacer ahora todo lo que hizo entonces?
Nosotros seguimos haciendo esas canciones. Hay que tener un poquito de mano izquierda porque es verdad que ahora se mira todo más con lupa y, bien sea de derechas o de izquierdas, hay otra forma de ver las cosas. Pero yo creo que en algún aspecto la libertad de expresión ha menguado; no con respecto a la dictadura, pero sí con la Transición y sobre todo con los ochenta. La de los ochenta fue una década maravillosa, y luego se ha ido perdiendo ciertas libertades.
La Orquesta Mondragón aglutinaba a todo un colectivo de artistas: Eduardo Haro Ibars, Luis Alberto de Cuenca, Fernando González de Canales, Moncho Alpuente, Sabina, Popotxo, usted… ¿Cómo se gestiona tanto talento?
Manuel Otero también nos hizo canciones, en un disco que se llamaba Tómatelo con calma. Yo siempre he trabajado más las músicas y he encontrado un buen encuentro con estos letristas, a los que además admiraba mucho. Y los admiro. Ahí hubo una empatía que nos sirvió para definir el espectáculo de la Orquesta Mondragón, que era un espectáculo entre el cabaret y el rock’n’roll show. Ahí nos movíamos. Eran letras y letristas que nos ayudaron mucho a configurar esos discos, en los años ochenta, fundamentalmente. Les gustaba hacer cosas para la Orquesta, nos conocíamos unos con otros y surgieron las cosas. Tuvimos esa suerte.
La gira con la que vienen a Pamplona celebra el aniversario del ‘Rock & Roll Circus’, el directo del 85 que resumía los diez primeros años de la banda.
Sí, resumía los diez primeros años de la banda y también temas que han sido prácticamente los que muchas veces han sustentado nuestros conciertos. Hemos hecho otras canciones, pero quizá aquí estaba más ensamblado el espíritu de la Orquesta, esa especie de ir a contra pelo. Creo que es el mejor disco de la Orquesta, sinceramente. Un disco en vivo. Recoge esa frescura y ese directo del que no todos los grupos pueden presumir. Nosotros sí podemos presumir porque tenemos un directo de verdad. Reivindicamos la fuerza del vivo, del directo. Hemos querido hacer un recuerdo al Rock & Roll Circus, pero también va a ser un calentamiento de lo que será el 50º aniversario, que ya es dentro de unos meses, porque empezamos en San Sebastián en 1976. Estamos ilusionados con esta gira; el tiempo pasa, pero seguimos ahí, con ganas de trabajar y en buenas condiciones. Ese es el mensaje.
Los conciertos de la Orquesta Mondragón nunca fueron sólo música: tenían su parte teatral, su parte cabaretera… ¿Eso sigue siendo así?
No son tan cabaret como al principio, son más centrados en la música, no nos vamos a engañar. El hecho de que no esté Popotxo (Pedro Ayestarán, NdR), que falleció hace cinco años, hace que tenga todo un carácter más centrado en lo musical. Las letras tienen mucho humor y yo haré todo lo posible para que ese entretenimiento y esa broma de rock and roll que es la Orquesta Mondragón estén ahí y surja la química con el público.
Creo que el día que grabaron el concierto del ‘Rock & Roll Circus’, en 1985, en Sevilla, hubo una buena anécdota con Moncho Alpuente, que a última hora tuvo que dictarles una letra por teléfono. ¿Cómo fue eso?
(Risas) Es una canción que se llama Es mi vida. Él estaba en Madrid haciendo mil cosas, era periodista… Todos estábamos muy liados y al final, entre pitos y flautas, la letra estaba sin hacer. La terminó a última hora y me la dictó el mismo día del concierto, por la mañana. Me puse un atril en el escenario y la recité. Había que grabar esa canción y nos salió bien. A veces estas cosas pasan, cuando menos tiempo tienes surgen la improvisaciones más frescas. Esto fue muy emocionante. Recuerdo que eran las once y media de mediodía y teníamos la actuación a las ocho o nueve de la noche. Pero bueno, ya lo resolvimos y es parte de la vida de cualquier artista, hay que dejar un margen a la improvisación y a la vida en la carretera.