Jordi Savall, viola de gamba y dirección. Tembembe Ensalble Continuo. La Capella Reial de Catalunya. Le Concert de Nations. Programa: Fiesta criolla en el Virreinato del Perú, Còdice Trujillo (1780-1790). Baluarte. 7 de marzo de 2026. Tres cuartos de entrada (de 45 a 7 euros).
Para aguacerito, para de llover
Estamos metidos en continuos aguaceros desde hace semanas. Una bendición para el verdor del campo y para llenar los pantanos. Pero ya estamos aguachinados cuerpos y campos. Así que, Lixania, la excelente violagambista que viene con el ensemble de Savall, canta con una voz cálida, ritmo y gracia a raudales: “para aguacerito, para de llover”. Cerraba la función que los conjuntos del insigne músico, -Capella Reial, Le Concert des Nations, y Tembembe- nos ofrecían en la temporada de Baluarte. Savall hace tiempo que rompió las costuras de la música antigua occidental y nos ha traído la música japonesa y de la India (DN 17-10-2010), la de Mali, Madagascar, Marruecos, Sudamérica… (DN 8-3-2018), y, también rompió con la tradición de escuchar a Bach siempre en violonchelo: su viola de gamba nos impactó en la S. Música A. de Estella (Revista Ritmo 1988). Savall: todo el mundo en su pequeña oquedad de la viola de gamba. Y sigue pletórico de energía, proponiéndonos un viaje al Virreinato del Perú, con un panorama del ambiente musical basado en el Códice “Trujillo”, que enriquece con glosas de virtuosismo barroco, con una agilísima digitación, por cierto, a su provecta edad. Según Juan de Santa Cruz Pachacuti, en su “Relación de Antigüedades del Perú” (1610), menciona a los “Tuacay Taqui”, especie de directores de canto, con canciones hímnicas, de plegarias, amor, cosechas. Etc. Bien es cierto que con una música no muy desarrollada: austera, sobria, muy regimentada y severamente restringida por el Imperio. Pero, luego, como con los retablos, vino el barroco y demás influencias. Savall fusiona el viejo y el nuevo mundo; y lo hace de la mejor manera, con los cantes de ida y vuelta (como dicen los viejos flamencos). Savall coge esa austera tradición –basada en la repetición, tanto en música como en danza– y la dota del esplendor barroco, con una dirección muy respetuosa; apenas leves indicaciones con su arco.
El resultado es hora y media de una agradable panorámica de tonadas, tonadillas, “bayles”, “Lanchas para baylar”, etc. con una música pegadiza, coloreada por danzas de leve taconeo, que encantó al público. Todo fluye muy bien, de acuerdo con el planteamiento; pero, a mí, personalmente, me ocurre como en el último concierto multicultural, se me queda un poco corta la actuación de los instrumentistas, con lo buenos que son, apenas se lucen. En cuanto a las voces, la “Capella Reial” hace un gran esfuerzo por “des-impostar” la voz, por naturalizarla para llevarla al terreno de lo más popular, pero, aún así, son las voces de María Juliana Linhares y Lixania, las que más nos emocionan en los solos. Por supuesto, el conjunto vocal está impecable en coro, tratando de dar juego, matiz distinto a las repetidas estrofas. Hay momentos álgidos, como el lamento de la flauta y el arpa; o el magnífico sacabuche, que escuchamos al final, y, como va dicho, las “falsetas”, por seguir con el término flamenco, de la cuerda (Savall, violines…), los cornetos…, y la, ya mítica, percusión de Pedro Estevan que aportan ráfagas de esplendor y culturalismo, aunque el protagonismo se desvía hacia lo popular. Los aplausos encendidos del público hicieron que la violagambista bisara su arrebatador canto final.
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