Síguenos en redes sociales:

Pablo LópezCantante

Pablo López: “Siento que mi próximo disco va a ser un nuevo comienzo”

Este viernes, en Baluarte, el artista ofrecerá un concierto en el que estrenará algunas de las canciones de su próximo disco, que verá la luz en septiembre, además de repasar sus grandes éxitos

Pablo López: “Siento que mi próximo disco va a ser un nuevo comienzo”

¿Qué tiene la infancia para que le inspire tanto a la hora de escribir?

Creo que, quizá, lo que me pasa es que fui un niño muy viejo. Siempre medio atormentado, criado con mis abuelos… Me creía que era uno más de ellos. Felizmente, ¿eh? Creo que es una especie de venganza, realmente, y, aunque suene demasiado dulce esto, la oportunidad de permitirme soñar y fantasear. El verdadero lujo que he conseguido, el auténtico éxito en todos estos años, ha sido poder dejar jugar al niño que llevo dentro. Gracias a la gente que viene a los conciertos me lo estoy pudiendo permitir, y eso es un lujazo tremendo.

Siguiendo con la infancia, ¿usted qué quería ser de mayor?

Quería ser quiosquero, porque me encantaba la sensación de cuando era invierno y veía los quioscos de la plaza de la Constitución, allí en Fuengirola, de donde soy. Los veía ahí, con su tele, repartiendo periódicos y revistas… Fíjate qué curioso. A lo mejor podemos encontrar algún paralelismo, aunque sea un poco rebuscado, porque yo, de chico, nunca tomaba golosinas ni helados —ya te digo que era un poquito viejo—, pero veía la felicidad de mis amigos cuando iban allí y, para mí, era compartida. Yo quería estar en un sitio así y repartir felicidad. A lo mejor ahora me siento detrás del piano y, de alguna manera, estoy repartiendo golosinas…

Estas preguntas sobre la infancia tienen una explicación, y es que acaba de publicar el single El niño del espacio. ¿Cuál es la historia de esta canción? Creo que tiene que ver con un viaje en furgoneta, ¿no?

Sí. La génesis, desde luego, porque después es curiosísimo; cuando pasa el tiempo, te das cuenta de que realmente lo has escrito por algo y te quedas impactado. La historia es que veníamos de tocar en Zaragoza, hace como dos años, con la energía que traíamos, y pasó una estrella a la que llamaron bólido, que iluminó media península a las tres de la mañana. Fue una noticia bastante popular; se habló mucho de ello. Era un asteroide que entró en contacto con la atmósfera. Yo iba detrás de todo, en la furgo. Estaba muy feliz porque acababa de salir de un gran concierto, pero nadie me daba bola. Mi mánager estaba al lado, mi hermano, los amigos… y todos con el móvil. Yo estaba en mi mundo, buscando algo por el suelo, y se iluminó el cielo: se hizo de día. Los coches se pararon en la carretera, fue muy impactante, y lo vieron todos menos yo. Me tiré todo ese verano en una casa que tengo en el campo, saliendo por las noches a ver si veía algo parecido a lo que me había perdido, cogiéndome pulmonías, pero nunca lo conseguí. Siempre se me resisten todas estas estrellas, y la idea vino de ahí. Me tuve que imaginar fuera de la Tierra para poder disfrutar de eso.

En ocasiones se han lanzado objetos al espacio, por si algún extraterrestre los encuentra. En una ocasión mandaron un disco con canciones de Mozart, Beethoven, Chuck Berry… Si usted tuviese que lanzar una canción para mostrar la música de la Tierra, ¿cuál elegiría?

Lo que no elegiría es Beethoven ni Mozart, porque eso les daría las pistas para el resto de la música que hemos escuchado en los siguientes tres siglos, porque probablemente sean los pilares de todo lo que llaman pop o rock. Yo elegiría Space Oddity, de David Bowie, sin duda alguna. Prácticamente se podría comunicar en una dimensión parecida a la del extraterrestre.

Siempre se asocia a Pablo López con el piano, pero en el videoclip del single aparece tocando distintos instrumentos: guitarra, bajo… ¿Utiliza todos para componer?

En este disco he abierto un poquito más la mente. No es que haya tenido ningún conflicto con el piano, que es el instrumento con el que todo el mundo me relaciona —y es una maravilla y un orgullo—, pero sí que me he dejado llevar y he tocado la guitarra, he grabado bajos, muchas percusiones… He tenido muchos momentos de soledad, con la bendición de poder acudir a buenos profesionales para que repasaran o rehicieran lo que yo había grabado, si era necesario. En este disco hay más multiinstrumentismo; yo creo que es positivo para el álbum. La gente lo escuchará cuando salga, el 18 de septiembre.

Efectivamente, el disco sale en septiembre. No es habitual empezar la gira con tanta antelación, ¿no?

Yo diría que soy un caradura, pero bueno, no pude evitarlo (risas). La verdad es que es increíble: llevamos veintidós conciertos en tres meses y la gente lo acepta muy bien. He ido soltando canciones nuevas. Algunas todavía están guardadas, pero otras las estoy tocando, como un niño, una vez más, intentando disfrutar así. Me parecía que era justo y necesario poder expresarme así con el público. Tengo que reconocer que me daba cierto pudor, incluso, arrancar una gira de tantos conciertos por sitios en los que he estado tantas veces sin algo que no hubieran escuchado nunca en cada sitio. Estoy intentando compensar, de alguna manera, todo el amor que estoy recibiendo en esta gira.

Tocar canciones que el público no ha escuchado antes tiene algo de riesgo, ¿no? ¿Cómo está siendo la reacción de la gente?

Tiene riesgo, sí. Te diría que, a veces, aunque parezca exagerado, da vértigo. Es muy bonito porque algunas las estoy haciendo a piano y voz, y dista mucho de cómo ha quedado la producción final, aunque al final la esencia está ahí. Hay mucho silencio. No me lo tomo a mal; la gente quiere escuchar y saber lo que dices. Cuando uno se va volviendo pequeño, por miedo, quizás no vocaliza tan bien o pueda fallar alguna nota o pueda inventarse algo nuevo, ¿no? Sí que hay riesgo. Hay mucha gente —yo no sé cómo lo hacen— que viene a muchísimos conciertos; es una suerte. Cuando escuchen las versiones que salen en el disco, se van a sorprender.

Una cosa extraña. Va a ser su quinto disco y se titula El cuatro. Eso merece una explicación…

(Risas). Realmente, si nos ponemos exquisitos, podría ser el sexto, porque también dediqué un año entero a escribir un disco para Raphael. Ha pasado bastante tiempo desde el disco anterior. No hay ninguna crisis creativa, ni tampoco soy un flojo, ni tampoco me he aburguesado. Se llama El cuatro porque quizá es un homenaje a los cuatro discos anteriores. Es una tetralogía que, para mí, tiene un principio y un final clarísimo, y siento que mi próximo disco va a ser un nuevo comienzo. No quiere decir que vaya a ser otra persona o que haya perdido la esencia de lo que sea que hago —que humildemente no sé qué es—, pero sí, siento que es una especie de homenaje a los cuatro primeros discos.

No ha tenido crisis creativa, pero sí que se ha tomado su tiempo, porque el disco anterior es de 2020. ¿Quería estar satisfecho con el resultado?

Sí, la verdad es que sí. De hecho, por una vez he tenido descartes. Tengo la sensación de que me vigilan las otras canciones. Es un poquito psicótico esto que voy a decir, pero siento como que me señalan con el dedo y me hacen dudar de si lo estoy haciendo bien. A pesar del riesgo de tardar tanto, tengo la suerte de que la gente sigue ahí. Y me siguen dejando hacer discos. Yo me he criado escuchando discos completos, la cara A y la cara B. Hasta que no tuviera algo que contar que se pudiera hilar y que tuviera un sentido, no quería hacerlo.