El Festival Punto de Vista se ha adentrado en su tercera jornada de Sección Oficial en las creaciones cinematográficas de las directoras Tania Hernández y Felicity Palma y el director Víctor Ladera, quienes coinciden en plantear viajes, cada uno a su manera, pero marcados por la experimentación artística.
La película Sin ton ni son, de Víctor Ladera, muestra un viaje hipnótico a lo largo de tres años por múltiples lugares apostando por un trabajo casi de orfebrería, filmada con videocámara analógica.
"Por mi parte, el viaje sería algo más literal y real, en la película se sugiere constantemente la idea de estar viajando", ha reflexionado.
Ladera ha explicado que, en su caso, "la película se resume siempre en el momento de grabación, porque no hay momento previo de guion ni posterior de montaje", en los que sumados a la conjunción del sonido "se crea una atmósfera íntima y contemplativa".
El director ha destacado el sonido como elemento capital de la película, que se va creando también de la mano de la canción italiana Donna Mia. En cuanto al título, Ladera ha señalado que le gustaba la idea de un viaje que va variando, de ahí "sin ton ni son", en el sentido de que "no sigue un recorrido claro".
Viaje hacia el cuerpo
Por su parte, el viaje de Tania Hernández en Nuestro cuerpo es una estrella que se expande es metafórico y se dirige hacia el cuerpo, tanto el suyo, como el de su hermano, un hombre trans, para abordar "las heridas de racialización, género, pero también pensar el cuerpo como un mapa en donde también localizar nuestra familia, quienes a arroparnos".
Con un componente reflexivo, la directora ha indicado que "la película parte de la idea de que nuestro cuerpo no es solo un ente biológico, sino también narrativas que lo atraviesan". También aborda de qué manera la mirada de otra persona constituye el cuerpo de la otra, y se piensa el cuerpo de una manera colectiva en lugar de individual.
Para Hernández la identificación del cuerpo como una estrella que se expande, tiene varias lecturas, que, por un lado, busca una alternativa a la identidad hegemónica de su país, México, y plantear una idea expansiva del cuerpo, que "no termina con donde una persona lo nombra, sino también en el contacto con otro", y es ahí donde entra la figura de la estrella, que cuenta con una simbología de origen, de sus ancestros, empleando "quizá el cliché de que todos venimos de las estrellas".
PROPUESTAS PARA HOY
SECCIÓN OFICIAL
l Termitas 1. Level, de Carlos Mora Fuentes y Anna Berkhof, 12.00h
l Mañana. Vegetare, de Adrià Expòsit-Goy; Waking Hours, de Federico Cammarata, 10.00h, sala de Cámara. Perishable Idol, de Majid Al-Remaihi; Desde la montaña vemos la montaña, de Julián García Long, y like moths to light, de Gala Hernández López, 12.30h, sala de Cámara.
l Tarde. Eurydice in the Underworld, de Felicity Palma; OAO, de Rocío Mesa; 3cm of Complexity, de Anna Vasof.
l Noche. Krakatoa, de Carlos Casas, 21.30h, sala de Cámara.
RICERCATA
l Termitas 1. Level, de Carlos Mora Fuentes y Anna Berkhof, 12.00h, sala Corona.
l Cine en común. Kukuaren kanta, de habitantes de Lerga, y Ziarraize, de habitantes de Espinal, 19.00h, en la sala de Cámara. Presentación y coloquio con las/os vecinas/os y con la cineasta y programadora navarra Ekhiñe Etxeberria.
LAN
l Conferencia sobre Mirentxu Loyarte. Iratxe Fresneda dará a conocer la figura de la cineasta navarra fallecida el año pasado y considerada pionera del documental vasconavarro. 16.00h, sala Corona.
Orfeo y Eurídice
La directora estadounidense Felicity Palma juega en Eurydice in the Underworld con el mito de Orfeo y Eurídice para llevar a cabo una propuesta con un fuerte carácter personal en la que hablar de su experiencia con el cáncer de mama que le fue diagnosticado a los 28 años.
La película se inspira en los diarios de Kathy Acker, novelista experimental que falleció de cáncer de mama, que "escribió contantemente ensayos sobre esta experiencia en los que asemeja el sistema médico al inframundo, de ahí el nombre", ha comentado.
En la cinta, Palma también plantea reflexiones que le sucedieron durante ese periodo de tiempo, que "una vez que te diagnostican la enfermedad nunca se va del todo", y llegó a cuestionarse, por ejemplo, qué significaba en realidad ser mujer.
"Para mí, este viaje fue sobre todo desestabilizador, es una experiencia que ahora ya la vivo como mi día a día, sigo frecuentando médicos, el riesgo y el miedo a la muerte siguen ahí. En mi caso, el viaje continúa", ha compartido.