Julia Montejo llegó a la biblioteca del hotel La Perla, donde tuvo lugar esta entrevista, casi directa desde Madrid. En el tren compartió viaje y charla con Juan Cruz, otro escritor también presente, como ella, en el programa de esta Feria del Libro de Navarra. Contenta de estar en casa, la escritora navarra acaba de publicar su novela La hija del sordo, una obra de la que se siente satisfecha, con una gran riqueza narrativa y unos personajes que dejan huella, en la que se adentra en un lugar que ya es parte de su mundo creativo, la vida de otras mujeres. Cineasta, escritora, guionista, investigadora, docente y autora del podcast Contando Mujeres, pronto dará el salto al teatro mientras tiene varios proyectos en camino.

La hija del sordo es su nueva novela, ¿de dónde nace esta historia tan rotunda? Creo que después de tanto leer vidas de mujeres maravillosas ha querido llegar a esas vidas de otras mujeres anónimas, que no se cuentan, como la de Emilia, la madre de Amada, la protagonista.

—Sí, como casi todas mis novelas, ésta parte de las preocupaciones que tengo en este momento de mi vida, de las cuestiones que quiero explorar. La novela te ofrece la posibilidad de dedicarte a pensar, y se piensa muy bien a través de vidas ajenas. Hay varios temas que se fueron entrelazando a la hora de plantearme esta novela. Por una parte, está el tema de la maternidad, la maternidad como algo que te das cuenta que a lo largo de la historia ha sido muy pocas veces elegido y sobre todo en las capas sociales más desfavorecidas o más humildes. Porque realmente la maternidad no ha estado nunca en manos de las mujeres. Cuando miras atrás y te das cuenta de los sacrificios, de las luchas, de las penalidades que ha provocado a las mujeres el hecho de ser madre aún te maravillas más de estar aquí.

La otra gran cuestión de la novela es el valor de las palabras.

—Me interesaba muchísimo trabajar eso precisamente en un momento en el que parece que nuestra riqueza léxica y verbal está bajo mínimos. Quería reivindicar el poder de la palabra y cómo la riqueza del lenguaje es en realidad lo que nos hace más rico el pensamiento, porque construimos pensamiento a partir del lenguaje y para ello me serví de quién ha tenido dificultad para el acceso a la palabra. Yquienes más han tenido son las mujeres y las personas sordas. Las mujeres por la falta de educación y por estar reducidas a esferas domésticas y las personas sordas o sordomudas porque durante muchos años han sido mal tratadas. El reto de esta novela era cómo contar una historia de manera muy sensorial, porque a la protagonista le está prohibida la palabra.

Entrevista con la escritora navarra Julia Montejo. Iban Aguinaga

En relación con lo que dice, esta es una historia sobre los sentidos, pero sobre todo es una historia que se va tejiendo desde el silencio.

—Construir una novela y una historia desde el silencio me parece un reto importante. Necesitamos silencio para escuchar, silencio para observar. La palabra nos facilita mucho el intercambio de opiniones o el acceder al conocimiento, pero cuando la palabra no está, entonces tienes que agudizar tus otros sentidos y para eso tienes que estar muy atenta. El libro es eso, cómo los sentidos te hacen desarrollar unas habilidades que van mucho más allá del lenguaje.

La maternidad como algo que te das cuenta que a lo largo de la historia ha sido muy pocas veces elegido, que realmente la maternidad no ha estado nunca en manos de las mujeres

Sobre todo es una historia de mujeres, ellas tienen un peso fundamental a pesar de que curiosamente el título implica que hay un personaje masculino de mucha fuerza.

—Eso es así porque las mujeres siempre han sostenido la vida de alguna manera. Estoy muy orgullosa de este título, porque es la hija del sordo y realmente el sordo es un personaje muy importante y hasta que no llegas al final de la historia no te das cuenta de la importancia que tiene para la protagonista. Todavía las historias de las mujeres están por ser contadas. Hemos estado siempre muy interesadas como sociedad en esta cultura que se sostiene sobre personajes masculinos que habían logrado grandes cosas, grandes hitos y habíamos obviado cómo esos personajes habían conseguido esos hitos, quién había estado detrás sosteniendo. Y estas son las historias que yo creo que estamos deseosas ahora de conocer, las que han estado ocultas.

Es por tanto una historia poderosa de mujeres, está Emilia, Hipólita, Amada, Rosalía, las Garay...Creo que ha dicho, en alguna ocasión, que Emilia ha sido el personaje más importante de sus novelas.

—Sí, Emilia es un personaje especial. Yo me siento muy identificada con todos los personajes de mis novelas. Con todos. Pero Emilia es especial porque creo que cuenta la historia de unas mujeres que no nos son muy lejanas, porque cada uno de los personajes de la novela es hija de su tiempo y ahí vas viendo cómo es la evolución de las mujeres a lo largo del siglo XX, su margen de maniobra, cómo ha ido cambiando. Y el personaje de Emilia es el último personaje que cae de lleno en el tópico del príncipe azul, del cuento romántico.

Y luego está el papel de las madres...

—Emilia es la madre de la protagonista. Una de las cosas que yo he aprendido con mi podcast y estudiando las biografías de mujeres, es que hablamos muy poco de las madres, de las madres de las grandes mujeres. Estas grandes mujeres que admiramos tanto ¿de dónde han salido? ¿Quiénes eran sus madres? Decimos que tenían padres muy potentes pero es que al lado de esos hombres había unas madres increíbles que estaban sosteniéndolo todo. Yo quería hablar de estas madres, de estas mujeres que parece que son invisibles, pero sin las cuales todo lo demás no pasa. Por eso para mí es tan importante el personaje de Emilia, porque es la madre de la protagonista. Por otro lado creo que mitificamos la maternidad y todavía a día de hoy lo hacemos.

El libro La hija del sordo.

Vidas la de todas de estas mujeres de extrema dureza. ¿Por qué esta violencia tan presente en la novela? Violencia desde el amor, en las relaciones, violencia en el sexo...

—Sí,es verdad. Hay un momento cuando Hipolito, Ochoa todavía, va a ver a su padre, en el que describo cómo mira de repente y se da cuenta que el mundo está cincelado a golpe de violencia. Pero para mí lo lírico y lo violento van de la mano al escribir. Como creadora esa tensión es bellísima, porque ahí surge la máxima humanidad, en esa tensión entre lo lírico y la violencia. Vivimos en un mundo que está lleno de cosas hermosas y de cosas horrorosas. Y nosotras como seres humanos para sobrevivir tenemos que darle forma a todo, tenemos que intentar que sea hermoso. La belleza al final ¿dónde está? Está en el equilibrio, del tipo que sea. Y en ese equilibrio, en ese orden, es donde nosotros encajamos.

Cuando tu vienes de un entorno muy humilde o muy castigado, tu margen de maniobra es muy pequeño y limita lo que tú puedes dar

En este libro las mujeres salvan a mujeres.

—Claro, las mujeres apoyan a otras mujeres porque saben que es la única manera de sobrevivir. Es esa corriente de simpatía entre personas que tienen dificultades sistémicas para ocupar la esfera pública lo que hace que luego puedas encontrar aliadas. Ojalá encontráramos más, pero ya vamos encontrando.

¿Cómo construiste el personaje de Amada? Esa niña que crece entre los muros del silencio.

—El personaje de Amada empecé a construirlo a partir de darme cuenta yo misma de lo importante que había sido la sinestesia en mi vida y pensar que la gente a mi alrededor sentía como yo y darme cuenta que no, que para muchas personas los sentidos son algo como bastante estanco y para mí no. Y me di cuenta de que eso me había proporcionado una habilidad con la escritura, que me había hecho construir mejores imágenes, mejores símbolos, precisamente por esa capacidad para que los sentidos se vayan transfiriendo y sirvan unos a otros para explicarse. Y de ahí surge Amada, esa niña con esa capacidad para la sinestesia que surge desde la cuna, porque el mundo es muy rico y sin palabras, necesita que haya ese cruce en los sentidos para poder explicarlo.

Volviendo a otro de los elementos claves del libro, que es el silencio que aparece como un personaje más. Hay silencios que pueden ser nutritivos y silencios que pueden incidir todavía más en esa violencia.

—Sí, eso es. En el libro están un poco estas dos partes también. Quizás más el silencio con una carga negativa. Pero también es el silencio de ella, de Amada, que sabe escuchar y que sabe mirar. Y eso se consigue en silencio. Porque el silencio ejemplifica muy bien lo que quiero que sea mi literatura, que es una literatura siempre de claroscuros. Una literatura que siempre está al filo y que no tiene respuesta, sino que yo intento navegar entre los claroscuros, entre los grises. Y el silencio es el único lugar posible desde el que escuchar. Para mí, para las mujeres, el silencio ha sido algo impuesto, algo que nos ha dejado al margen. Pero al mismo tiempo el silencio puede ser ese lugar mágico y simbólico que ejemplifica lo que quiero que sea mi literatura.

Tú lo has dicho, yo creo que Amada consigue con ese silencio la mejor versión de sí misma, porque su manera de ver el mundo es lo que le acabará llevando a su verdadero lugar. Y curiosamente, ese lugar al que acaba llegando Amada también es la música, es la cultura.

—Sí, es la cultura. La música, a nivel emocional, es el arte que te toca de una manera más rápida y más universal. Tú puedes tener una educación poco sofisticada, pero realmente el arte con el que más rápidamente te puede tocar es la música. Y a lo largo de toda la historia de Amada la ópera es importante. La ópera muchas veces puede ser ese lugar social de prestigio al que van ciertos tipos de personas, pero también es ese lugar en el que hay una comunicación absoluta entre todos los sentidos desplegados a la vez sobre un escenario. Es como lo máximo.

La novela también indaga o entra en ese terreno de las diferencias sociales, en cómo nos determina dónde hemos nacido, lo que heredamos. Lo que heredamos a nivel material y emocional, pero también esa pobreza que se hereda y de la que es muy difícil salir.

—Yo también siento que eso está en esta novela. Una de las cosas que me parecen más interesantes como artista es intentar ahondar en el hecho de que muchas personas han creído que tú realmente puedes conseguir lo que tú quieras en esta vida y yo creo que eso no es posible. Tus circunstancias son muy definitivas. Eso nos ha hecho mucho daño a las mujeres, sobre todo ahora en el siglo XXI, porque muchas veces creemos que no conseguimos suficientes cosas porque no lo hemos trabajado suficiente, porque no hemos estudiado, porque no somos las más listas, las más guapas... Y no es verdad, son problemas sistémicos. Precisamente donde quiero poner la luz es en que cuando tu vienes de un entorno muy humilde o muy castigado, tu margen de maniobra es muy pequeño, pero incluso para tu desarrollo emocional y lo que tú puedes dar. Los personajes son fruto de sus circunstancias vitales. No es que sean ni mejores ni peores. No tienen margen de maniobra.

También es una novela sobre el peso de la familia. Sobre cómo nos moldea, cómo influye en cómo somos lo que otros han sido.

—Un terreno también muy de la novela sí, la familia. Cuando estás en la búsqueda de la identidad, como es el personaje de Amada, cuando alguien se quiere construir, algo muy típico, sobre todo a partir de la adolescencia, es construirte a la contra. Luego llega un momento en la vida en el que te das cuenta que tus padres y madres fueron personas antes que padres y madres y que tuvieron una vida. Y empiezas a ver que igual te pareces más a ellos de lo que te gustaría. Y luego igual incluso descubres que no es tan malo parecerte a ellos. Es así. Vamos pasando por todas esas fases. Me apetecía mucho explorar esa huella de la familia, que es indeleble, que es parte de nuestro ADN.

El amor verdadero, el amor profundo igual tampoco es tanto lo que nos han contado. Yo creo que se sostiene sobre dos soledades

Una novela sobre lo que heredamos sin saberlo y lo que perdemos sin haberlo entendido.

—Hay herencias invisibles que explican un montón muchas de nuestras reacciones en la vida, por ejemplo hacia personas que conoces y que rápidamente conectas mientras que con otras nada que ver. Hay esas herencias invisibles que muchas veces nos negamos a ver.

Las relaciones de pareja y el amor en el libro son territorios más duros que placenteros.

—Mucha gente me lo ha dicho, que al leerlas te quedas con una sensación de soledad. Pero es que yo me he vuelto súper existencialista. Porque incluso cuando tienes suerte y tienes una buena pareja y vives ese amor en pareja, al final es que la soledad va con nosotras. Y con ellos también, quiero decir. El amor verdadero, el amor profundo igual tampoco es tanto lo que nos han contado. Y además se sostiene sobre dos soledades. ¿No? Yo creo que ese es el amor que al final funciona. Una relación entre dos soledades.

Me gustaría hablar de ese final de la novela cuando Amada pasa de la oscuridad del mundo rural al Madrid luminoso de la movida.

—Así es, a la movida madrileña, nada menos. Con destellos y brillantinas, con toda la fuerza de la movida ¿Por qué este giro? Porque es el Madrid de la alegría, de las ganas de vivir y en el que parecía como que realmente cada uno podía ser quien quisiera ser por primera vez. Es en un ambiente totalmente ajeno a la protagonista del libro donde puede acabar de construirse.

Hay otra pata que sostiene todo el libro, que es la figura paterna, ese padre de la hija del sordo.

—Sí, de hecho la dedicatoria de mi libro es a mi padre, que falleció recientemente, y a los hijos por lo que dan y por lo que quitan.A mi padre porque siempre me acompañó a todos los sitios a los que quise ir. Lo mejor que puedes decir de un padre, o sea, que te acompañe, que no te diga dónde tienes que ir, que no te corte las alas, pero que te acompañe. Y mi padre fue una gran compañía intelectual, emocional, material, en todos los sentidos. Ahora pensando, creo que en esta novela están como muy representados mis dos grandes afectos, que son mi padre y mi madre. Porque en esta novela el padre es muy importante. Pero la madre también y mi madre es una mujer de una inteligencia emocional extraordinaria y una luchadora tremenda, como las mujeres de esta novela. Al final llegas a la conclusión de que, aunque este libro no es una autoficción y no tiene nada que ver, de alguna manera los temas que me cruzan a mí confluyen en esta novela.

Imposible imaginar un mundo sin palabras, sin comunicarnos, sin sentimientos.

—Es imposible. Además empiezo intentando contar una historia a través de los sentidos, pero en realidad lo estoy haciendo con las palabras. Y con unas palabras que he intentado que sean riquísimas, porque al final lo sutil, la riqueza, la emoción, está detrás de las palabras y detrás, sobre todo, para mí está la ficción, porque una historia de ficción hace que aprendas de una manera distinta y que te emociones y empatices de una manera diferente.