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Ekhiñe EtxeberriaCineasta, programadora, miembro del comité de programación de Punto de Vista

“Hay que romper con la idea de que el cine experimental es solo para unos pocos”

La creadora y programadora de Huarte, interesada por la memoria, la identidad y el cine colectivo, afronta feliz estos 4 años como parte del comité de programación formado por Miquel Martí Freixas.

“Hay que romper con la idea de que el cine experimental es solo para unos pocos”Iñaki Porto

La primera vez que Ekhiñe Etxeberria (Huarte, 1991) se asomó a estas páginas fue con motivo del estreno de su ópera prima,Mikele,documental observacional sobre la vida cotidiana de una adolescente transexual. La cinta, que fue su trabajo de fin de carrera de la ESCAC de Barcelona, “me cambió la vida”, dijo entonces. El cambio fue en lo profesional, ya que se empapó del proceso de rodaje de una película, y en lo personal, porque le sirvió para limpiar su mirada de algunos prejuicios que todos acarreamos en mayor o menor medida.

Desde entonces, Etxeberria se ha especializado en Comisariado audiovisual en la Elias Querejeta Zinema Eskola de Donostia y hace unos años entró a trabajar en el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte, donde ejerce de coordinadora del Máster en prácticas artísticas y estudios culturales. Cuerpo, afectos, territorio y de las actividades formativas. Además, durante cuatro años integrará el equipo de Punto de Vista, lo que le parece “un sueño”. Entre tanta actividad, sigue buscando tiempo para desarrollar las mil ideas que rondan por su cabeza.

¿Qué supone para Ekhiñe Etxeberria estar en el equipo del festival?

–Punto de Vista es como mi casa. Fue mi primer vínculo con los festivales de cine. Soy de Huarte y empecé viniendo como público, luego fui jurado joven, hace dos años trabajé en producción en el equipo de Eva (Rivera) y ahora puedo formar parte del comité de selección. Trabajar con un equipo maravilloso y con Miquel, a quien conozco desde hace diez años, es un sueño. Estudié dirección de documental, pero con la idea de orientarme hacia la parte académica, la programación, el comisariado y la investigación, y siempre pensaba ‘ojalá algún día pueda trabajar en Punto de Vista’.

¿Y qué pensó cuando recibió la llamada?

–Sentí mucha presión. Me preguntaba si sabría hacerlo bien, ya que nunca había estado en esa posición, pero siempre tiene que haber una primera vez. La confianza que Miquel ha puesto en todo el equipo ha sido muy bonita. No quería compartirlo hasta que estuviese confirmado, no solo por confidencialidad, sino por miedo a que se estropeara.

¿Qué significa Punto de Vista para el cine de no ficción?

–Creo que tiene dos significados. Por una parte, lo que representa para el documental de no ficción es romper con las narrativas y las formas comerciales de acercarse al cine. Ofrece la posibilidad de ver películas que no se encuentran en otros circuitos. Es un punto de encuentro para cineastas de Pamplona, Navarra y el País Vasco; para seguir creando red. Por otro lado, está lo que significa para el público de Pamplona. A veces se tiene miedo a este tipo de cine, porque, al no seguir relatos convencionales, el espectador puede sentir cierto rechazo o presión. Sin embargo, lo peor que puede pasar si vienes a una proyección es que te aburras, y lo mejor es que puedes descubrir películas maravillosas y puntos de vista de muchísimos países. Ofrece una riqueza de lenguajes, culturas y maneras de ver la vida.

Dado el retraso que se produjo en la selección de la nueva dirección, han tenido que verse 900 películas para seleccionar las 19 películas que finalmente han conformado la Sección Oficial; además de otras para distintos ciclos. ¿Cómo ha sido el proceso?

–Ha sido una locura. Aunque, afortunadamente, las fechas del festival también cambiaron. Normalmente, el comité suele ver las películas conforme van llegando, pero esta vez nos encontramos de repente con las 900 obras listas para visionar. Las repartimos de manera equitativa entre las cinco personas que formamos el comité para empezar a trabajar de inmediato. Hacíamos reuniones semanales online y cada uno se organizaba como podía. Yo trabajo en el Centro Huarte, así que me despertaba dos horas antes de entrar para ver películas durante una hora u hora y media. Después de trabajar mis 8 horas y hacer algo de deporte, veía otras dos o tres horas de cine, y los fines de semana hacía intensivo. Cuando encontraba una película buena, me servía para descansar y verla más tranquila, pero en general el ritmo fue intenso.

¿Y cómo fueron decidiendo cuáles sí y cuáles no?

–Compartíamos dudas o preferencias. Teníamos un sistema de cuatro colores y, si una película recibía un sí definitivo, la veíamos todas. Ya en enero nos reunimos en Pamplona durante cuatro días para cerrar el programa. Fue muy bonito ver las películas juntas y terminar de encajar el puzle. Por que no solo buscas que la película sea interesante, sino que el programa sea equilibrado: que no se repitan muchos países, que no hayan circulado demasiado por otros festivales en España, que haya paridad entre directores y directoras, y representación de identidades diversas (hombres, mujeres, colectivo LGTBI+).

Seguramente, también habrán buscado que haya un equilibrio entre lo experimental y lo más narrativo. 

–Miquel quería una propuesta ecléctica para todos los públicos y en la que cada programa fuese diferente. La idea es que, si alguien busca un cine algo más tradicional, pueda encontrarlo, pero que también tenga la oportunidad de descubrir cine experimental, de animación o de observación. Ha sido muy gratificante ofrecer esa variedad de maneras de acercarse al cine.

¿Qué líneas, temas o formas han identificado en la selección?

–La Sección Oficial se ha organizado a través de itinerarios. Algunos de estos ejes son el género, el territorio, el feminismo, la ecología o la identidad. Son los puntos clave que se pueden ver en esta edición.

También Miquel Martí insistió en que quería mostrar que este tipo de cine puede ser divertido.

–Exacto, es fundamental para atraer tanto al público joven como al veterano. Por ejemplo, hoy (por ayer) hay un programa de cortometrajes de directoras muy potentes. Uno es algo más alocado y dramático, pero otro es totalmente una comedia. Es importante romper con la imagen de que el cine experimental es algo serio, lejano o exclusivo para unos pocos. Miquel quería ahuyentar ese miedo y demostrar que estas películas son para todo el mundo. Además, se trabaja mucho en la mediación para atraer a niños y adolescentes. 

“En los festivales de no ficción es donde terminamos encontrándonos quienes buscamos libertad creativa”

¿Como Jóvenes Programadores?

–Sí. Me parece un proyecto precioso. Ver a chavales de 15 o 16 años debatiendo sobre qué películas escoger y defendiendo sus posturas es maravilloso. Aprenden que no programan para ellos mismos, sino para el público, lo que implica una negociación constante de puntos de vista.

Es la encargada de presentar la sesión de ‘Cine en común’. ¿Por qué son importantes este tipo de propuestas?

–Me hace muchísima ilusión presentar estas dos películas. Hiruki Filmak ha hecho estas películas con habitantes de Lerga y de Unziti y Espinal. Para mí, Marina, Ione y Garazi siempre han sido referentes de mujeres haciendo cine en Pamplona. Estas películas rompen con la jerarquía piramidal del cine convencional, donde hay departamentos estancos y mucha gente ni siquiera es tenida en cuenta. Ellas proponen un trabajo colectivo, que es distinto a colaborativo: en lo colectivo, las directoras y los habitantes de los pueblos están al mismo nivel en dirección y guion. Es más difícil porque todo debe consensuarse, pero enriquece muchísimo el resultado. En este caso, además, son propuestas arriesgadas que mezclan el costumbrismo con la ficción, la mitología o la brujería. Además, grabaron en cine con una cámara Bolex, lo cual es un reto técnico ya que el sonido va aparte. Lo más valioso es que evitan el paternalismo; no es un proyecto de este tipo de mediación que está tan de moda en el que el artista llega al pueblo y se va, sino que en estas películas realmente sientes que el pueblo te está hablando.

Imagen de una de las películas de 'Zinema Auzolanean - Cine en común', realizado por habitantes de Lerga y de Espinal desde Hiruki Filmak.

¿La identidad y el territorio siguen siendo también sus intereses como profesional del audiovisual?

–Sí, trabajo mucho sobre la identidad y la voz de las mujeres. Recientemente estuve en Huarte trabajando con el grupo Andre Mari, mujeres feministas con una trayectoria larguísima, y con la nueva generación de jóvenes que ha tomado el relevo. Investigamos sobre la voz femenina invitando a otras artistas y creando una red de colaboración.

¿Qué proyectos tiene en mente ahora mismo?

–Ahora tengo poco tiempo porque mi trabajo en el Centro Huarte es a jornada completa, sumado a la labor en Punto de Vista. Estuve como productora en un cortometraje de una amiga, María la Brava, que ahora está de nuevo en fase de guion. Ideas tengo muchas; hace tiempo hice un corto documental llamado Para Arantxa de Ekhiñe, dedicado a mi tía que también era cineasta. Era una pieza donde le hablaba sobre mi investigación de las voces de las mujeres que me rodean. Lo dejé en pausa, pero sigo escribiéndole cartas y me encantaría retomarlo. Este tipo de cine necesita reposo y tiempo, pero sé que tarde o temprano moveré alguno de estos proyectos.

Muchos cineastas con los que hablado estos días coinciden en que el cine de no ficción es hoy el refugio de la reflexión y el pensamiento crítico. ¿Está de acuerdo?

–Totalmente. Creo que es un formato mucho más libre porque, al haber sido menos mirado, no tiene que regirse por las normas canónicas. A veces, las grandes escuelas de cine pecan de rigidez y no fomentan la experimentación. Yo estudié Comisariado en Elías Querejeta y allí sí tuvimos esa apertura. Es necesario conocer el lenguaje básico, pero también tener libertad para hacer locuras y salir del clásico planteamiento, nudo y desenlace. En los festivales de no ficción es donde terminamos encontrándonos quienes buscamos esa libertad. Es verdad que cuesta sacar los proyectos adelante, pero por eso mismo las películas transmiten tanta verdad; requieren una dedicación y una convicción absolutas.