De la corte navarra a manos de uno de los jerarcas nazis más poderosos y temidos. De Juana II de Navarra a Hermann Goering. Hay conexiones improbables, pero existen. El recorrido realizado por el Libro de Horas de Juana de Evreux, creado en las primeras décadas del siglo XIV y considerado uno de los manuscritos iluminados más espectaculares de la historia, es de película. Casi inverosímil.

Aritz Otazu, responsable de la editorial navarra Mintzoa descubrió el original hace unos años en la Biblioteca Nacional de Francia, donde permanece tras ser rescatado del expolio nazi, y, a partir de ahí, investigó para dar con una de las peripecias más rocambolescas de cuantas ha conocido durante su trayectoria rastreando el patrimonio bibliográfico del Reino de Navarra.

80 escudos de Navarra

Los libros de horas son los manuscritos más deseados por su enorme valor histórico y artístico, ya que solo los poseían los reyes y las reinas. En el caso de este Libro de Horas, se cree que fue encargado por el rey Felipe VI de Francia, para regalárselo a la madre de su esposa, Blanca de Navarra, es decir, a Juana II, reina regente de Navarra, condesa consorte de Evreux e hija Luis I de Navarra y X de Francia, y de Margarita de Borgoña.

El volumen se considera excepcional porque fue iluminado en París principalmente por Jean Le Noir, uno de los artistas góticos más cotizados de la época, discípulo del legendario Jean Pucelle. Se compone de 271 folios de pergamino con 32 miniaturas detalladas y coloridas. El uso de pan de oro, el azul ultramar (el pigmento más caro de la época, extraído de Afganistán) y sus características orlas con hojas de hiedra lo convirtieron en una obra maestra del gótico. "Aparecen en él 80 escudos de Navarra", apunta Aritz Otazu, que hace un tiempo trató de hacer un facsímil a partir del original, "la Biblioteca Nacional de Francia está abierta a ello", pero era "tan costoso" que aparcó la idea.

Aritz Otazu, ante la nueva sede de Mintzoa, en la calle Nueva de Pamplona. Iban Aguinaga

10-11 millones de euros

Ahora, el editor vuelve a hacer un llamamiento a las instituciones para que pongan el foco en la recuperación del patrimonio bibliográfico de Navarra, "que está en Francia (en un 99%), pero también en Inglaterra y en Estados Unidos, entre otros lugares". Y no pide tanto que se adquieran estos documentos, ya que su coste es altísimo, llegando a los 10-11 millones de euros en el caso de este Libro de Horas, sino que se den a conocer de otras maneras.

Su proyecto de facsímil sería una de esas formas de "hacer que el pueblo navarro se enamore de su historia, porque no éramos un reino pequeñito, como dicen algunos". Sin embargo, llevar a cabo esta empresa tendría un coste de unos 120.000 euros, y ahí es donde cree que podría entrar el Gobierno de Navarra.

Hermann Goering. DNN

Un sinfín de propietarias/os

Y es que, las andaduras de este manuscrito da para una novela o incluso para una película. Tras la muerte, en 1349 a causa de la peste negra, de Juana II, el libro pasó a Bona de Luxemburgo, y luego estuvo en manos de dos reinas, un rey y una princesa.

En el siglo XV, lo tuvo el Duque de Berry, el coleccionista real de manuscritos más importante de su tiempo, y ahí recaló en el convento de Les Cordelieres en París. Nicolas Peiresc fue el primer anticuario que estudió el ejemplar allí, y lo identificó como el Libro de Horas de Juana de Navarra. Ese convento fue derribado en 1796 y pasado un tiempo, el volumen apareció en 1817 en manos de Justin MacCarthy, un terrateniente irlandés que vivía en Francia. Más tarde se subastó y lo compró Payne and Foss, una librería especializada de Londres, que pagó 13 libras por él y que lo volvió a subastar, cayendo en manos del Conde de Ashburnham, desde donde fue a parar a la colección del coleccionista Henry Yates Thompson.

Yates lo sacó a subasta en 1919 en Sotheby's, donde lo adquirió alguien de manera anónima que se presentaba como una persona amante de los libros". Se trataba del barón Edmon de Rothschild, que pagó nada menos que 11.800 libras por él, un record en la época. Este se lo legó a su hija, Alexandrine, pero en 1940, con la ocupación nazi de Francia, este desapareció. Hasta que en 1945, unos soldados franceses iniciaron un tiroteo en la parte baja de Berchtesgaden, "que es donde tenían los nazis sus villas", y donde un grupo de sospechosos -no se sabe si nazis o ladrones- rondaban ocho vagones de tren abandonados. Cuando los soldados llegaron a ellos, pudieron comprobar que estaban llenos de obras de arte, "y contenían una parte de las 1.327 obras de arte que acumuló Goering".

Durante la inspección, uno de los miembros de la tropa gala pisó lo que creyó que era un ladrillo, pero era un libro, el Libro de Horas de Juana de Navarra. El III Reich había creado un organismo, el ERR (Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg) dedicado al saqueo. Una entidad donde apareció una nota de Goering en la que el comandante de la Luftwaffe "había escrito que se quedaba este libro para él".

Página del 'Libro de Horas', con el escudo de los Evreux. Mintzoa

El hallazgo de un soldado y un tejado derruido

Aquel soldado no dijo nada, se lo guardó y acudió con él al Monasterio de Boquen (cisterciense), donde el abad, Alexis Presse, "que sabía qué era", le pidió que lo donara. Lo hizo y su sucesor, Besret, se vio obligado a intentar venderlo cuando se hundió el techo de la abadía. Se lo llevó a un anticuario, que, a su vez, se lo mostró a Marcel Thomas, experto de manuscritos de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF), "que es el que se dio cuenta de que era el desaparecido Libro de Horas de Juana II".

Consultando el catálogo de arte expoliado por los nazis, Thomas se puso en contacto con la familia Rothschild, concretamente con Edmond, sobrino del que lo adquirió en 1919, y este contactó con el abad, al que le prometió arreglar el techo si Besret donaba el manuscrito a la BNF. Pagó 40.000 francos de 1970. Ambos cumplieron su parte y desde entonces se encuentra en dicha institución.

Aritz Otazu se enteró de su existencia hace una década, y constató, una vez más, que a través de estos documentos "se puede ver lo grande que fue nuestro reino". A diferencia de Francia, "donde valorar su arte y todo su patrimonio una barbaridad", el editor lamenta que aquí no suceda lo mismo, y pide a las instituciones navarras "un guiño para poder encontrar nuestras grandes obras".