“Hay silencios que te protegen en momentos de tu vida, y hay que decidir cuándo romperlos”
Momento ilusionante para la periodista navarra, que ha publicado su primera novela, una historia de superación que discurre entre Falces y Biarritz en el contexto de la posguerra
Helena Resano (Pamplona, 1974) disfruta de las sensaciones de estrenarse con su primera novela,Las rutas del silencio, publicada por Espasa. Conductora de informativos en La Sexta desde el inicio de esta cadena, en 2006, ahora da el salto a la literatura, compaginando ambos frentes con trabajo, autoexigencia e ilusión.
¿Cómo está siendo este estreno?
–Ha sido mi primer Sant Jordi, estuve firmando en Barcelona por la mañana y por la tarde, muy contenta. Han sido días abrumadores porque la gente está leyendo el libro y está gustando, y los comentarios no pueden ser mejores. La prensa lo estáis recibiendo con mucho cariño. Así que Las rutas del silencio me está dejando momentos preciosos.
Esta novela ha sido de gestación lenta. No es ningún encargo de última hora, precisamente.
–No, no, es de un empeño personal de Myriam Galaz, mi editora, lo intentó en 2014, fue perseverante, veía que podía tener la capacidad de escribir una novela. En aquel momento me pareció una absoluta locura.
¿Por qué esa cautela?
–Porque en ese momento no me veía preparada, no tenía el tiempo que tengo ahora, mis hijos eran todavía muy pequeños, y me pareció un poco cruel robarles más tiempo. Soy una lectora crítica y no me veía capaz de hacer algo de lo que me sintiese orgullosa.
Con todo...
–Le arranqué el compromiso de sacar un libro de divulgación de periodismo, dirijo un máster de periodismo y doy muchas clases, y se publicó en 2016. Pero Myriam se quedó con su intuición latente y en octubre de 2024 me dijo que era su espinita clavada.
“Es bueno contar de dónde venimos y quiénes somos. Yo soy nieta de José e Isidra, de Rufino y Catalina, y soy hija de Luis y de Ana Mari”
Y se dio una conjunción de factores para responder afirmativamente.
–Sí, un seguidor francés, Jean François Resano, me pidió los orígenes del apellido, porque estaba elaborando el árbol genealógico de su familia. Uno de sus antepasados había salido de Peralta y emigrado a Biarritz y sus descendientes habían creado Transportes Resano. Una historia curiosísima, con un montón de fotos antiguas que además me llegaron meses después de que hubiese fallecido mi padre, al que esto le hubiese entusiasmado.
¿Había parentesco?
–No hemos llegado a alguien que nos conecte, pero es obvio que lo habrá.
En cualquier caso, resultó ser muy inspirador.
–Sí, fue la estructura de la que quise partir para una historia con una protagonista femenina, Amalia, que tiene la ambición de crear una línea de transportes, y a partir de ahí pasan muchas cosas.
Ambientada a finales de los cuarenta, un contexto muy duro donde la iniciativa podía marcar diferencias.
–Una generación que partió de la absoluta nada y del desgarro de la Guerra Civil, en una situación muy complicada en la que efectivamente el carácter y la voluntad marcaba un poco el futuro de cada uno. En ese buscar la prosperidad o no pasar hambre se ambienta la historia de Amalia en una zona rural como Falces, donde se trabajaban las tierras de otros. Hay un momento trágico en sus vidas, detonante para irse a Biarritz.
Localidad que en ese caso salía de la Segunda Guerra Mundial.
–Biarritz es un protagonista más dentro de la novela. Intentó recuperar el esplendor que había tenido, como lugar de encuentro de la burguesía francesa, e incluso de la realeza, con el Hotel du Palais construido por Napoleón para Eugenia de Montijo. Me he inspirado en fiestas reales en esas fechas que se iban celebrando para devolver cuanto antes todo el glamour y volver a ser punto de encuentro donde la gente se dejaba ver.
“Con la novela a la venta, que está gustando, me he quitado miedos. La gente me dice que está muy bien escrita. Yo con eso me quedo”
Con la desigualdad que imperaba en aquel momento.
–Para una familia como la de Amalia, que acaba de salir de una España en dictadura, en una rigidez que impone el régimen franquista, con un catolicismo y unas normas sociales sobre la mujer, en el qué dirán que pesa tanto en la mentalidad de su madre, Marisa, que evoluciona en un país que no es el suyo y tiene que adaptarse, en contraste de la juventud de Amalia, que empieza enseguida a desprenderse de todo eso.
Las familias son transmisoras de historias y recuerdos.
–Sí, desgraciadamente a mis abuelos paternos nunca los conocí y mi abuelo materno murió cuando yo era pequeña. A quien más conocí fue a mi abuela materna. En todas las familias es bueno contar de dónde venimos y quiénes somos. Yo soy nieta de José e Isidra, de Rufino y Catalina, y soy hija de Luis y de Ana Mari. Eso tiene un peso en tu historia y forma de ser, y en lo que no has querido heredar. Es parte de lo que somos y es inevitable.
¿Cómo lectora, cuáles han sido sus influencias?
–Leo mucho, de todo, con recomendaciones de mi suegra, de mis amigas y de gente que habla de libros. Escribo en imágenes, me ha salido inevitable, ahí se ve el oficio también. El último capítulo está pensado y escrito así.
Es presentadora de informativos. ¿El prejuicio existe al escribir un libro? ¿Se percibe?
–Sí, claro, pero somos escritores natos, estamos todo el día escribiendo. Yo pensaba que muchas veces quizás es mejor leer los libros sin saber el autor. Con la novela a la venta, que se está leyendo y está gustando me he quitado esos miedos. La gente me dice que está muy bien escrita. Yo con eso me quedo.
También cuenta la madurez, pues afloran aprendizajes.
–Exacto, una ya va cumpliendo años y eso también tiene que traer algo positivo. Por ejemplo, muchas más vivencias al contar emociones, porque has vivido buenas y malas; pérdidas, alegrías, retos... y lo puedes reflejar en tus personajes.
“La IA está generando estragos en los medios, más en los digitales que en los audiovisuales, y quizás no lo hemos calibrado mucho”
¿Eso se nota también a la hora de presentar el informativo?
–Seguramente de forma innata e inconsciente. Cada informativo empiezas de cero. Tenemos una batalla por la atención, que no existía antes. Ahora es salvaje. Antes te veían casi como un rito, el de encender a tal hora para informarse. Ahora en esa lucha tienes que cambiar, ser más vivo y no te puedes acomodar. Cada informativo es un comienzo, con el dato de audiencia cada día, espada de Damocles de saber si ayer funcionó o no y acertamos o no con las apuestas.
Hace no mucho no imaginábamos que la televisión sufriera la competencia con las redes.
–Quizá lo que todavía no estamos calibrando mucho es el impacto de la IA. Está generando estragos, y más en medios digitales que audiovisuales. El periodismo siempre está en crisis. Cuando estudiaba me decían que me iba a morir de hambre porque no había trabajo y ahora es lo mismo. Informar va a ser necesario, creo que cada vez más, porque estamos viendo que el mundo es muy complicado de entender y hay muchos intereses e incluso poderes que quieren intoxicar y desinformar. Con lo cual la profesión cada vez va a ser más necesaria. La tecnología avanza y vendrán nuevos métodos y formas de conectarnos con nuestra audiencia. Necesitaremos cada vez más de mejores profesionales y mejor pagados.
Lleva veinte años en La Sexta, los mismos que tiene la cadena. Esa estabilidad debe dar tranquilidad.
–El puesto te lo tienes que ganar todos los días. Llevo desde que salí de la carrera trabajando, desde el año 96, y presentando informativos de forma ininterrumpida desde octubre del 99. Pero te lo tienes que ganar cada día. Me preguntaron hace días si temía el edadismo. No, no lo siento, porque en esto la sociedad y los medios también hemos evolucionado.
Cierto.
–Quizás se cometieron graves injusticias con mujeres como Montserrat Domínguez u Olga Viza, que cuando cumplieron una edad dejaron de estar en pantalla, pero ahora cada vez hay más mujeres que cumplimos años y que seguimos ahí, y que eso no juega en nuestra contra, sino al revés, como un valor para el medio.
El título de su libro cita al ‘silencio’. ¿Qué importancia tiene y qué desgaste puede generar el no deseado?
–Pienso que hay silencios que te protegen en un momento de tu vida, como le pasa a la hija de la protagonista. El silencio elegido por Amalia para proteger a su hija, Esther. hay silencios que condenan, y silencios que en un momento dado son necesarios porque hay que apagar el ruido, dejar que las cosas se vayan asentando y decidir el momento en el que rompes dicho silencio, lo que también aparece en la novela.
¿Vendrán más novelas?
–Pues ahí estoy con la cabeza, con ideas, sí, armando. me ha entrado el gusanillo y seguiré explorando. Si creo que tengo una buena historia que contar habrás más novelas.
Hace poco nos impactó una información sobre la dificultad, casi milagro, de vender ejemplares.
–A toda esa gente que se descarga libros en páginas piratas, por favor, que sea consciente del esfuerzo de un autor por crear un a novela, de los meses y trabajo que hay. Un libro en on line te cuesta 9 euros, que es el reconocer y honrar el trabajo de autores. Esas páginas de descargas piratas sé que circulan. A la gente le pediría responsabilidad, porque hay muchísimo trabajo no solo por parte del autor, sino también de las editoriales. El equipo que tengo ahora mismo se está volcando con la promoción del libro. Quiero reconocer su labor, trabaja incluso los domingos, y la gente vive de su trabajo. Que por favor cuando se ofrezca un libro pirata se diga que no.
“Se han cumplido dos años desde la mielitis que me zarandeó. A ver si puedo retirar un poco la medicación. Me vi en el abismo”
Hablando de trabajo y estrés. Hace tiempo tuvo un gran susto. ¿Cómo está de aquella mielitis?
–Se han cumplido dos años. Yo sigo con medicación, mis neurólogos verán si ya puedo ir retirándola un poco. Fue todo un zarandeo, de ojo, no puedes con todo. Porque crees que sí puedes.
Las dinámicas perversas...
–Para mí además era el momento más tranquilo, llevaba unos meses en los que había estado haciendo un programa en ETB. De lunes a viernes estaba en Madrid, terminaba, me cogía un avión, me iba a Bilbao, luego me llevaban en coche a Donosti y hacía un programa los fines de semana que me divertía mucho y era mucho esfuerzo. Y esto fue en marzo, cuando el programa había terminado hacía meses. Seguramente mi cuerpo dijo espérate que ahora me vas a escuchar. Hacía un mes exacto que había cumplido 50 años. Los médicos fueron maravillosos. Al final se vio que era un problema neurológico. Fue un momento de verte en el abismo.
No me extraña.
–Me está escribiendo muchísima gente que tienen a su marido o a su pareja ingresados por lo mismo, y gente que no puede volver a andar. Fue un susto del que yo afortunadamente me he podido recuperar muy bien. Con mucha paciencia y mucho amor a mi alrededor. Y yo ahora puedo andar, no tengo más que alguna parte un poco dormida, pero poco más. Estos días en los que me estoy metiendo mucho tute de entrevistas y de ir de aquí para allá me estoy tomando ratos de parada y de desconexión del teléfono. Lo confieso, me da miedo, de verdad se lo digo, que me vuelva a pasar algo.
Una novela de raíces navarra, para una navarra que ha hecho la vida en Madrid. ¿Se ve jubilada en Pamplona o ya es lugar de paso?
–No, de paso no, yo vuelvo mucho, intentamos ir con mucha frecuencia, mi marido es donostiarra, y sabemos que hay que estar volviendo y ver a mi madre y a mi suegra. A mis hijos también les gusta ir, tienen a sus primos allí y Pamplona está siempre ahí. Yo tampoco quiero estar lejos de mis hijos y no sé dónde van a acabar, pero en Pamplona está mi familia, mis raíces y mis amigos, y vuelvo muy a menudo.
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