Rock a alta temperatura
La novedad de este año del Iruña Rock, los conciertos diurnos, ha atraído este sábado a mediodía a la Ciudadela de Pamplona a un entregado público que ha vibrado con los directos de Motxila 21 y Zea Mays
El sábado había amanecido nublado en Pamplona y a primera hora de la mañana el aire era fresco y se podía respirar en las calles, lo que supuso un alivio después de varios días de calor agobiante. En cualquier caso, poco duró la alegría en la casa de los que mueren asfixiados, porque, conforme fue avanzando el día, las temperaturas volvieron a subir de nuevo.
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A las 11.30, minutos antes de la hora marcada para el comienzo de la segunda jornada del Iruña Rock, hacía ya 25 grados y un sol de justicia caía sobre la ciudad. Eso no asustó a los varios centenares de de personas que acudieron puntuales a la Ciudadela. A las 11.55, la banda Motxila 21 al completo salió al escenario, entre los aplausos de la concurrencia. Comenzaron, por supuesto, con esa especie de himno oficioso que les compuso El Drogas hace ya unos cuantos años, y que reza así: “Somos la banda Motxila 21 y venimos aquí para hacer mucho ruido”. Una auténtica declaración de intenciones, una promesa a la que se mantuvieron fieles durante los siguientes sesenta minutos.
Motxila 21, pura conexión y autenticidad
El grupo, formado por jóvenes con síndrome de down de Navarra, se ha convertido en una potente orquesta en la que predominan las percusiones (¡esos tambores!), pero que también exhibe arreglos de metal, guitarra, bajo, acordeón… Con el paso del tiempo, su repertorio se ha ido ampliando en número de canciones y estilos, tal y como se pudo comprobar en la Ciudadela, donde interpretaron canciones de Queen (We will rock you), o Zea Mays (Negua joan da ta,y con la colaboración de Aiora Renteria, su cantante).
El recinto del festival se iba llenando. Las zonas de sombra, debajo de los árboles, al igual que las barras, eran el refugio buscado por muchos, pero la mayoría de los asistentes terminó bailando bajo la solana, contagiados por la alegría que se desprendía desde el escenario. En el tramo final, lanzaron la siempre efectiva En blanco y negro, de Barricada, en la que salió a colaborar Aaron Romero, de Linaje.
Hubiese sido un final de fiesta perfecto, pero aún tenían un par de conejos en la chistera. El adiós definitivo llegó con No somos distintos, el tema que les escribió Kutxi, que, en esta ocasión, interpretó Teo Lázaro. La ovación fue de las que se quedan grabadas en la memoria, con los miembros del grupo abrazándose y saludando desde el frontal del escenario y la Ciudadela entera en pie, aplaudiendo, mientras por la megafonía sonaba el Thunderstruck, de AC DC. Puro rock’n’roll.
Zea Mays, fuerza y ternura
El público iba llegando al parque en un constante goteo de gente. Mientras los técnicos adecuaban el escenario para el siguiente concierto, las zonas de sombra volvieron a quedarse pequeñas, lo mismo que las barras. 27 grados centígrados tenían la culpa. Y subiendo.
Así fue como, a las 13.15, comenzó el concierto de Zea Mays. La música de los bilbaínos, más calmada y melódica, encajaba bien con la franja horaria en la que les habían ubicado. Se necesita cierta tranquilidad para degustar todos los matices que ofrecen sus canciones, llenas de contrastes y cambios de ritmo e intensidad. Sobre el acabado instrumental prevalece siempre la privilegiada voz de Aiora, resplandeciente, llena de fuerza, y también de ternura.
Cuando comenzaron a tocar, apenas unas decenas de personas se habían atrevido a desafiar al sol y esperaban bajo el escenario. A fuerza de oficio, canciones y sensibilidad, cada vez fueron más los que abandonaron la sombra para disfrutar el cocinero desde cerca. Al final, fue imposible resistirse al hechizo de canciones como Gaur ni nai, Elektrizitatea, Corazón de tango (versión de Doctor Deseo, con quienes colabora Aiora recurrentemente), una divertidísima versión del Vídeo killed the radio star, de The Buggles, su clásico Negua joan da ta (que ya había sonado con Motxila 21), o Kukutza III, con la que cerraron su actuación.
Se acercaba la hora de comer, pero la música ya no se detendría hasta bien entrada la madrugada. Cada cual se apañaría como pudiese. Algunos compraban comida en los puestos habilitados para ello. Otros saldrían del recinto para reponer fuerzas en lo viejo.
Y ojo, porque por la tarde quedaba todavía mucho por ver y escuchar: The Anger Price, Periferia, Nafarroa 1512, Against You, Dinamita, Non Servium, Kaos Urbano y Sofokaos. Más de doce horas de punk rock y rebeldía. Casi nada…