El atrio del Civican acogió el pasado martes 9 de junio al último tempo, ‘exhibición’, de la obra Piano ma non piano, una pieza de la artista navarra Alicia Otaegui que busca divagar en las historias que atraviesan a un objeto, y cómo estas forman tanto al objeto como a su poseedor.

El trabajo buscaba demostrar estos componentes de identidad mediante la deconstrucción de un piano y su posterior reconstrucción. La iniciativa abarca estos sentimientos a través de diferentes piezas que reunían diversos medios artísticos: El audiovisual, el musical y el plástico.

La obra nace de un estatismo: un piano regalado que fue abandonado durante años en un estudio, hasta que Alicia se hizo una pregunta: ¿Qué ocurriría si ese piano dejara de ser un piano?

Para descifrar esta incógnita, desmontó el instrumento y sus teclas, dando lugar al primer tempo, donde las 88 piezas que lo componen fueron entregadas a diferentes personas, recorriendo así distintos espacios y manos. La finalidad era rehacer el piano, pero ¿el resultado de la reconstrucción iba a ser el mismo teclado o uno completamente diferente? Esta cuestión es tan vieja como el tiempo, y encuentra eco en casos como el del barco de Teseo: Plutarco describió cómo los atenienses conservaron la embarcación durante siglos, reparando las tablas deterioradas. Esto dividió a los filósofos: unos defendían que seguía siendo el mismo barco y otros afirmaban que era uno distinto. Alicia, como muchos filósofos, encontró su respuesta en el no: el piano reconstruido no es el mismo del principio y lo explica a través de dos trayectos, uno físico y otro metafísico.

Por un lado, el trayecto físico, cada una de las teclas, al ser devuelta por sus respectivos cuidadores tras casi tres meses, fue pintada del color inverso al original. Las teclas correspondientes a notas naturales (do, re, mi, fa, sol, la, si) se pintaron de negro, y los semitonos de blanco. 

Además, los cuidadores incluyeron pequeñas historias de ficción escritas desde la perspectiva de cada tecla, un gesto que simboliza la travesía vivida a lo largo del trimestre y convierte al conjunto en una representación tangible de la naturaleza transformadora del arte.

Y por otro lado, el trayecto metafísico, resumido en las palabras de Heráclito: “Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el río ni el hombre serán los mismos.” 

La obra reflexiona así sobre cómo las teclas impactaron en la vida cotidiana de sus cuidadores, y cómo estos, a su vez, dejaron también su huella en ellas.

Desde dentro

Una de esas cuidadoras es Ana, amiga de Alicia desde los diez años, quien confiesa que la actividad la sacó de su zona de confort: “No estaba acostumbrada a escribir historias, y me hizo pensar, participar y estresarme por entregar la tecla intacta.” Y aunque haya sido una experiencia retadora, asegura que se queda con ganas de más. “Quedas con ganas de participar más, de crear más historias”, afirmó la responsable de la nota 86. Ana, como muchos otros participantes, vivió la obra desde dentro, y el proceso les permitió descubrir facetas propias que desconocían, contribuyendo al constante cambio tanto artístico como humano que la pieza persigue.  

Por su parte, la compositora musical del proyecto Yolanda Campos hizo hincapié en la naturaleza de los regalos y cómo estos “trascienden la naturaleza de ser simples objetos, a contenedores físicos de memoria.” Alicia, a su vez, relató cómo vivió la pieza desde la mirada de alguien que crea música, afirmando que “es doloroso ver un instrumento muerto, mudo, pero da alegría verlo transformado en vida.”

Finalmente, Campos recalcó también la habilidad de Alicia de “construir desde la nada una obra de arte viva, una oportunidad de creación desde la destrucción.

3 melodías 

Al margen de la reconstrucción del piano, otra fase del proyecto consistía en crear una nueva pieza desde cero con las gotas que se derramaban de la pintura sobrante de las teclas. Este ‘Pollock’, como lo denomina Alicia en honor al pintor de expresionismo abstracto estadounidense Paul Jackson Pollock, es una recolección de los residuos de pintura de la obra.

Además, la artista decidió incluir un tótem, que menciona a todas las personas participantes en la obra y que sirve para “recoger los tres diferentes tempos y darle un hilo conductor a la obra, pues sin ustedes no hubiésemos podido pintar el piano y sin haber pintado el piano no se hubiese podido crear el Pollock”, afirma la artista, demostrando de nuevo la naturaleza interactiva del arte contemporáneo y cómo este se construye con la complicidad del público.

Mirando al futuro

Y aunque estas obras estarán en las instalaciones del Civican hasta la semana del 15 de junio, Alicia y su equipo de la productora audiovisual 601 afirman que aún falta por producir el documental que recogerá todo el proceso de los cuatro tempos y que se estrenará en el invierno de este año y además se programará en el festival Dart 2026 de Cine y Arte de Barcelona.