"Aspiro a tener la visión entre cruel y tierna que Azcona poseía de la realidad"
El guionista y director donostiarra visitará este jueves la Filmoteca de Navarra, donde presentará ‘La corte del faraón’ como parte del ciclo ‘100 años de Rafael Azcona’
Borja Cobeaga (Donostia, 1977) tiene un "vínculo emocional" con La corte del faraón porque, si la memoria no le engaña, fue la primera película con guión de Rafael Azcona que vio. Entonces era pequeño "y me hizo gracia en parte por la presencia de Martes y Trece". Con los años, y a medida que la vocación cinéfila y la querencia por la comedia iban asomando, se empapó del cine que el guionista riojano escribió y desde entonces, y junto a Diego San José y a otros cómplices, ha intentado seguir los pasos de un maestro que no solo no ha pasado de moda, sino que está de plena actualidad. "No hay más que ver El pisitoo El verdugo, que abordan el problema de la vivienda, para darnos cuenta de que la sociedad no ha cambiado tanto", dice.
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¿Qué lugar diría que ocupa 'La corte del faraón' en la trayectoria de Azcona?
Básicamente, tiene mucho que ver con su colaboración con el director José Luis García Sánchez, con quien también trabajó de forma muy estrecha en el guion de Belle Époque. Tenían una gran sintonía. Además, es una de esas comedias corales muy al estilo de las que hacía con Luis García Berlanga. Además, esta película guarda relación con mi parte más emocional. Creo que es probablemente la primera película con guion de Azcona que vi en mi vida. Mi madre es muy cinéfila y en casa, además del cine de Berlanga, se veía mucho cine clásico y español. Recuerdo ver La corte del faraón de muy pequeño y que me hacía especial gracia, entre otras cosas, porque aparecían los componentes del grupo cómico Martes y Trece, que estaban muy de moda en esa época.
Rafael Azcona habría cumplido 100 años en 2026, pero lejos de estar anticuadas, sus historias están plenamente vigente, ¿a qué cree que se debe?
Considero que hacía una comedia muy seria; es decir, construía tragedias para el protagonista que se convertían en comedias para el público. Esa especie de comedia negra no pasa de moda. También influye mucho la elección de los temas. Si observamos sus películas más importantes, como El pisito o El verdugo, vemos que hablan del problema de la vivienda, y no hay nada más actual que eso. Cuando los directores jóvenes de mi generación irrumpimos en el panorama con películas como Primos, Promoción fantasmao Pagafantas, rechazábamos un poco el modelo clásico español y nos inclinábamos más hacia la comedia americana. Sin embargo, ese tipo de comedia estadounidense se ha pasado completamente de moda, mientras que el estilo de Azcona no. Lo más llamativo de Azcona es esa capacidad para mezclar la comedia con la tragedia bajo una capa social. Si alguien quisiera saber cómo era la España de los años sesenta, bastaría con ver sus películas. Eso, sumado a sus brillantes ideas y a que resulta extremadamente divertido, hace que su obra sobreviva al tiempo.
"Un personaje que tiene felicidad sentimental y al que le va bien en el trabajo y en la vida no resulta gracioso, da asco. La realidad se retrata mucho mejor a través de la figura del antihéroe"
En sus películas también tiende a retratar a personajes perdedores, un tipo de protagonista que era central en la obra de Azcona.
Sí. Es complicado creerse la épica del héroe. Aspiro a tener esa visión de la realidad, entre cruel y tierna, que poseía Azcona. Al final, un personaje que tiene felicidad sentimental y al que le va bien en el trabajo y en la vida no resulta gracioso, da asco. La realidad se retrata mucho mejor a través de la figura del antihéroe. Alguien dijo una vez que si la vida fuera un género, sería una comedia dramática. Este tipo de comedia que practicaba Azcona, y que yo también intento hacer, a veces puede tender a la sátira o al trazo grueso, pero en el fondo busca ser muy tierna y, a la vez, muy cruel.
Como ya ha comentado, películas como 'El pisito', 'El cochecito' o 'El verdugo' reflejan situaciones de la sociedad española que, a priori, no deberían hacer gracia —menos aún viendo el drama actual de la vivienda— y, sin embargo, lo consiguen.
Sí, porque logran capturar la realidad de una manera sobresaliente. Azcona, además de ser un gran generador de ideas, tenía un oído increíble para el diálogo y plasmaba en la pantalla lo que veía en la calle. Él mismo decía que no inventaba nada, sino que simplemente trasladaba a los guiones lo que observaba a su alrededor. Eso dota a su obra de una enorme autenticidad y vigencia, porque las historias y las obsesiones de un país tienden a repetirse constantemente.
Hace unos días, Fernando Trueba me comentaba que a Azcona no le gustaba utilizar la palabra gag, sino que prefería decir que él escribía escenas.
Es totalmente cierto. Cuando ves una película suya, percibes su mirada observando la realidad. Quizá pilla una conversación a medias o, cuando los protagonistas se marchan, la cámara se queda escuchando a un peatón que pasa por allí. La idea de escena implica capturar la realidad, mientras que el gag es algo construido e inventado. Azcona se enorgullecía de no inventar nada.
Él decía que la comedia es algo muy serio, ¿comparte la idea?
Sí. Cuanto más sufre el protagonista, cuanto más en serio te tomas lo que cuentas y más dramáticos son los temas, más gracia hace. El sufrimiento del antihéroe genera diversión en el espectador porque, por un lado, se ve reflejado y, por otro, se consuela al ver que a alguien le va peor que a él. La comedia permite abordar asuntos muy serios desde una perspectiva que aparenta no tomarse demasiado en serio. Funciona como un subterfugio para despistar al espectador y asestarle un golpe de realidad que el drama, al presentar las cosas tal cual son, a veces no consigue.
De hecho, tanto las comedias de Azcona como las suyas pueden llegar a ser profundamente políticas, ya sea hablando de la monarquía, la paternidad, el terrorismo o el poder.
Desde mi punto de vista, todo es político en cierto modo. Sin embargo, considero que estas historias no son ideológicas en el sentido de que no toman partido ni buscan adoctrinar mediante un sermón. Lo que hacen es colocar al ser humano y sus padecimientos en el centro del relato, reflejando cómo a un ciudadano medio le van cayendo golpes continuamente.
Si Azcona extraía sus diálogos del transporte público y de la calle, ¿de dónde los saca Borja Cobeaga?
De un lugar muy similar. Azcona es el primer guionista célebre de España. Es muy llamativo que en una cultura cinematográfica europea donde los directores suelen tener todo el protagonismo, un guionista que no dirigía lograra semejante relevancia. Su magisterio es fundamental. Respecto a la observación de la realidad, mi mujer siempre me dice que lo robo todo de nuestro entorno familiar, igual que antes me lo decía mi madre. Al igual que Azcona, prefiero no inventar, sino llevar a la pantalla situaciones cotidianas que normalmente no se cuentan. Por ejemplo, el hecho de sacarme el carnet de conducir a los 40 años y crear una serie sobre ello, o la experiencia junto a mi mujer buscando colegio para nuestro hijo. Son vivencias de personales normales que, por lo tanto, le ocurren a mucha más gente. Esa es la premisa.
"La comedia funciona como un subterfugio para despistar al espectador y asestarle un golpe de realidad que el drama, al presentar las cosas tal cual son, a veces no consigue"
En 'Los Aitas' y en 'Altas capacidades' aborda la paternidad desde distintas perspectivas. Es evidente que es un tema que le inquieta.
Sí, es un asunto en el que pienso mucho porque lo vivo de cerca. Me tocó pasar el confinamiento con un niño de 3 años en un momento en el que mi mujer tenía mucha carga laboral, lo que me llevó a reflexionar profundamente sobre el cielo y el infierno que es ser padre; sobre la sensación de que los días son largos, pero los años cortos y sobre la proyección de los propios traumas y la relación con un hijo. Me parece un material extraordinario para escribir.
Diego San José comentaba hace un par de años que el humor funciona mejor cuanto más cerca está de los miedos de la gente.
Estoy totalmente de acuerdo. El cine de terror y la comedia comparten una característica única: son los dos únicos géneros que provocan una reacción física e involuntaria en el espectador. El drama puede hacerte llorar o emocionarte, pero el susto y la risa son respuestas orgánicas y espontáneas que no engañan. Por ello, lo que nos hace reír y lo que nos asusta están muy próximos; se puede trabajar una película de terror o de risa con el mismo material de base. De hecho, cuando estrenamos Pagafantas, algunos espectadores comentaban que les parecía una película de terror o de cine social.
Tras el estreno de 'Fe de etarras', da la impresión de que nadie se ha vuelto a atrever con el tema del terrorismo desde la perspectiva de la comedia abierta. Se hacen dramas, pero no comedia. ¿Existe miedo a abordar estos planteamientos?
Tengo la sensación de que es un caso inusual en el que la comedia se ha agotado antes que el drama. Se ha hecho mucha comedia sobre el asunto a lo largo de los años, tanto en programas de televisión como en el cine con títulos como Ocho apellidos vascos o Negociador. Normalmente el proceso es el inverso: se producen muchos dramas hasta que llega el momento en que se abre paso la comedia. No creo que se deba a una falta de atrevimiento, sino a que ya se ha abordado mucho el tema y debe transcurrir cierto tiempo para que vuelva a demandarse. Tanto Diego San José como yo dedicamos muchos años a hacer comedia sobre esto y llegó un punto en el que nos apetecía cambiar de temática. Tenemos ideas guardadas para futuras comedias sobre el asunto, pero preferimos dejarlas reposar y explorar otros proyectos.
Quizá se deba también a que a menudo se aborda desde una perspectiva muy tópica.
Es posible. En programas como Vaya semanita no se trabajaba tanto con la sutileza, y tal vez el camino actual requiera otro tipo de sátira. Como comentaba, Diego y yo decidimos cambiar de rumbo por saturación, pero estoy seguro de que cuando recuperemos las ganas volveremos a ello, porque tenemos varios proyectos interesantes en mente.
Al margen de tus proyectos cinematográficos, en los últimos años se ha volcado más en la televisión. ¿Encuentra en este medio una mayor libertad creativa?
Curiosamente, sí. Es algo que jamás habría imaginado al principio de mi carrera, cuando se pensaba que el cine ofrecía una libertad autoral que la televisión no permitía. Sin embargo, las tornas han cambiado. A raíz de éxitos como Ocho apellidos vascos, el cine ha tendido a buscar una comedia de fórmula más comercial y menos personal. Por el contrario, la televisión actual, gracias a la llegada de las plataformas de streaming, permite realizar formatos más flexibles: temporadas cortas de seis capítulos con episodios de media hora y presupuestos sólidos. Esto ha facilitado el desarrollo de una comedia mucho más personal, como demuestran los trabajos de Diego San José, Berto Romero, Leticia Dolera o series como Poquita fe. Este contenido se dirige a un público adulto que consume ficción en casa. En las salas de cine predomina actualmente la comedia infantil y, sobre todo, los remakes. Siempre digo que ningún guionista sueña con dedicarse a esto para adaptar la película francesa de éxito del año; no resulta estimulante. La televisión es la que permite ahora mismo un espacio para la comedia adulta y de autor.
"Han cambiado las tornas y ahora es la televisión, no el cine, es la que permite ahora mismo un espacio para la comedia adulta y de autor"
Es una pena que ya no se vean con tanta frecuencia esas comedias adultas en la gran pantalla y solo lleguen la primera, segunda, tercera, cuarta y quinta parte de lo mismo todos los años.
Sí, es lamentable si recordamos épocas anteriores en las que las películas más taquilleras eran comedias como Mujeres al borde de un ataque de nervios, Belle Époque, La marrana o El amor perjudica seriamente la salud. Hoy en día, las salas están llenas de adaptaciones de éxitos extranjeros. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de hacer Altas capacidades, que busca ser una comedia adulta, pero es una producción pequeña orientada a un público de nicho. Ya no se dispone de grandes presupuestos en cine para ese tipo de propuestas; ese espacio lo ha ocupado definitivamente la televisión.
Pues tanto Rafael Azcona como Cobeaga parecen compartir una premisa fundamental: no menospreciar al espectador.
Eso es primordial. Cuando estrenamos Ocho apellidos vascos, Diego San José y yo intentábamos tranquilizar a los productores y al equipo. Ellos temían que ciertos chistes locales no se entendieran bien y percibíamos cierta tendencia a infantilizar al público. Nosotros defendíamos que, aun siendo un proyecto comercial y abierto, el espectador captaría perfectamente el humor sin necesidad de dárselo todo masticado o subrayado. Actualmente existe un gran temor al fracaso y a la irrelevancia en un mercado donde se estrenan catorce películas a la semana y solo una funciona en taquilla. Sin embargo, la solución no consiste en intentar agradar a todo el mundo. Si haces una película dirigida a un público de 40 años, no puedes pretender venderla para que le guste a jóvenes de 18. A veces, los carteles y las campañas del cine español intentan abarcarlo todo y revelan ese miedo a fracasar, perdiendo por el camino un criterio enfocado y claro.
¿Hay algún tema que no le haga gracia? Diego San José sostiene que se puede hacer humor de casi todo, siempre que se pueda defender y explicar.
Coincido en que se puede hacer humor prácticamente de cualquier tema; la clave reside siempre en el enfoque. Se suele decir que no se puede hacer humor sobre el terrorismo, pero considero que es perfectamente posible siempre y cuando el objeto de la burla no sea la víctima. Si te refieres a preferencias personales, no soporto el humor porreta. Pero, en términos generales, estoy de acuerdo con Diego en que todo es abordable si el enfoque es el adecuado, asumiendo que la gente tiene plena libertad para criticarlo o sentirse ofendida.
Lo pregunto porque en los últimos años el panorama en torno a los límites del humor se ha mostrado complejo.
Sí, aunque no comparto del todo esa percepción generalizada sobre la pérdida de libertad o el exceso de autocensura. En la serie Su Majestad incluimos chistes tremendos sobre la monarquía y el sistema judicial, y no ocurrió nada. Es evidente que al hacer una obra pública te expones al escrutinio y al riesgo de ofender a alguien; lo importante es que no te llamen de la Audiencia Nacional. Hay que diferenciar la legítima opinión del público de la ley o de acabar en el banquillo.
¿En qué proyecto trabaja actualmente? ¿Prepara algún largometraje o continúa en televisión?
Estoy inmerso en la televisión, concretamente preparando la segunda temporada de Su Majestad para su estreno el año que viene. Esta nueva entrega potenciará aún más la comedia, la sátira y los guiños a la realidad actual. Estoy muy contento con el resultado. Si bien la primera temporada introducía elementos de melodrama y culebrón debido al contexto monárquico, en esta ocasión hemos acelerado el ritmo hacia el humor y la crítica social.