A su paso por la Muestra Internacional de Cine y Mujeres para presentar el documental 'Sucia', la actriz, dramaturga y directora Bárbara Mestanza contó que, curiosamente, varias de las personas que mejor la han acompañado durante su proceso de sanación han sido hombres. Y es que, mientras ellos no den "un paso adelante" de manera decididamente pública, la violencia no parará y, por tanto, la igualdad quedará siempre lejos.

Como dijo en el coloquio, nos hacen falta los hombres; que cuando matan a una mujer no salga una concentración mayoritariamente femenina, sin apenas presencia masculina.

Sí, totalmente. No puede ser que vayamos a presentar este documental y yo sienta que un porcentaje de mi cuerpo se encoge cuando estoy delante de un hombre defendiendo el proyecto. Me sigo sintiendo así, pensando: 'Intenta ser muy maja, no te enfades mucho al contarlo, no muestres tanta rabia o frustración, modérate e intenta que sea agradable para él'. No, ya basta. Tenemos que dejar de hacer pedagogía; tienen que ser ellos quienes abran los libros, vean las películas, pongan el dinero donde toca, voten bien y empiecen a hablar. El momento poderoso llegará cuando ellos digan: 'Ellas tienen razón y yo también he sido parte de la violencia a la que nos supeditamos todos'. Es el momento de que digan 'basta', y aunque hay algunos que lo están haciendo, no son suficientes para nada.

En la película llama la atención la conversación que tiene con su abogada sobre cómo sería bueno que fuera vestida al juicio y cómo debería comportarse, sin gesticular mucho... Prejuicios y arquetipos.

Es que pasamos toda la vida performando; desde que naces lo haces. Llegó un punto en el que me pregunté qué parte de lo que soy es real. Nos han entrenado para querer un móvil determinado, para vestir así, hablar así y movernos de cierta forma. ¿Qué hay de real en nosotras cuando nos construyen para ser algo que no existe? Esa escena tan fuerte que se ve en el documental la señala mucha gente porque es exactamente como nos sentimos.

Cartel de la película.

Cartel de la película. DNN

Nos ha pasado a todas.

A todas nos pasa. Cuando te acercas a alguien tienes que performar una versión de ti basada en un arquetipo que no es humano, que parece una especie de inteligencia artificial.

Tampoco es real el mito de que las mujeres aparentemente fuertes, con carácter y que siempre se expresan, no sufren violencia.

Claro. Cuando veas a esa mujer que grita y está enfadada todo el día, pregúntate qué le habrá pasado. Responsabilicémonos un poquito a nivel colectivo de la rabia de las demás. Es muy difícil legitimar tu propia rabia para no somatizarla en un cáncer o una úlcera cuando no hay espacio para ella en la sociedad, más allá de los días señalados para salir a la calle a gritar.