Dirección: Craig Gillespie Guion: Ana Nogueira. Cómic: Tom King. Personajes: DC Comics Intérpretes: Milly Alcock, Matthias Schoenaerts, Eve Ridley, David Krumholtz, Emily Beecham, David Corenswet y Jason Momoa País: EEUU. 2026 Duración: 107 minutos
Crítica a "Supergirl": La diosa con acné
Aunque la taquilla USA le ha sido esquiva, la película se deja ver. Por lo pronto, Milly Alcock da buena réplica al rejuvenecido carisma bruñido de parodia y nostalgia que David Corenswet insufló a su Superman.
Y, desde luego, el resultado supera la alarmante mediocridad que devora ese filón de películas nacidas de esas dos fuentes inagotables, pero hoy ya casi exhaustas, de dos grandes del tebeo como lo son la Marvel y la DC. Ambas franquicias, nacidas en el papel, han sido contaminadas y pervertidas por la gran industria cinematográfica. Ambas, en sus huidas hacia adelante, han hecho de la hipérbole y la repetición, un desgastado y previsible ser y estar.
Por lo demás, el mundo en el que habita Supergirl, harta de ser una inadaptada en la tierra, se identifica con los paisajes y paisanajes desplegados en las interminables entregas de Star Wars. Tal vez sea esa cansina presencia de las huellas de Georges Lucas lo que peor sienta a esta Supergirl, que cuanto más irreverente y gamberra se muestra, más atractiva aparece. Craig Gillespie (Sídney,1967), director de Golpe a Wall Street, Yo, Tonya y Cruella, se mueve sin problemas por el cine de alta producción y riesgo calculado.
Su Supergirl no hace historia. Sobre todo porque su mirada parece el compendio de las tendencias del cine palomitero de nuestro tiempo. Bajo esa ley, el periplo de esa joven diosa, la prima de Superman, se concreta cono una tardoadolescente apegada a un perro mestizo, Kripto, mezcla de Terrier y Schnauzer. Como la entrega precedente de Superman, Supergirl convoca la frescura de los 50 atravesada por la mirada descreída, paródica y cínica del siglo XXI.
Ana Nogueira, guionista de Supergirl, se aferra a ese ideario de humor e intrascendencia para poner en marcha una sucesión de avatares de débil originalidad, pero de vitaminada vitalidad. La que aporta la energía de Milly Alcock. Ella es el alpha y omega de esta Supergirl, lo mejor de un filme levantado sobre un relato de venganza y rescate. Un duelo desigual entre ella y el personaje de Mattias Schoenaerts, una especie de cenobita que se intuye perdedor antes de que aparezca.
Da igual, a ese pastiche de referencias que va de la citada Star Wars a Mad Max, un cocktail previsible que nada propone salvo propiciar un divertimento, le basta con envolver con feminismo popular, un sobre sorpresa de cosas ya vendidas que se siguen comprando sin cesar.
