Uno de los temas televisivos que está evolucionando de manera irreversible e imparable es el de la batalla mundial por la instalación de las plataformas planetarias. Esa tele de pago no es una estalactita que haya crecido con el tiempo: es una realidad que cambia de un día para otro. Esto es la guerra y este verano quien ha ganado una batalla son los de Apple. Al principio, parecía que la multinacional de la manzana mordida solo estaba interesada a medias en esto de ponerse a fabricar contenidos televisivos o productos audiovisuales o como quieran ustedes llamarlos. La realidad es que la industria no es muy diferente a otras. Lo que llama la atención de Apple es que este verano haya sacado del armario su decisión de ir a por la producción a gran escala con tanta fuerza como ha puesto en la presentación de su último iPhone. En un mes tiene planificado sacar servicio de streaming, aunque el catálogo que va a presentar sea un poco miserable, lo hará ofreciéndole a los espectadores un precio ganga que no llega ni a los 5 euros; e incluso lo regalará a quien se comprometa por un año con la compañía. En efecto, el frente más importante de esta guerra son los precios y Apple es tres euros más barato que su competencia y gigante Netflix. Además su golpe de efecto al presentarse tan rápido ha superado a Disney que lleva un año deshojando la margarita de su aparición como plataforma televisiva. De estas guerras, al final, lo único que el consumidor tiene claro es el precio por el que va a poder satisfacer su afición televisiva; cuánto le va a costar matar el gusanillo de ver determinada serie o si estará cubierto con una, con dos plataformas o necesitará alguna otra. De momento, la tele convencional no reacciona. Estrenan Masterchef y GH VIP como su artillería pesada. Comenzamos el curso televisivo y ya hay unos cuantos millones de espectadores nuevos echando cuentas. Ya veremos cuántas bajas hay al final de curso.