"Mis redes sociales son mi familia, mis amigos, el frutero..."

Elena Anaya es una actriz con una gran proyección en el mundo cinematográfico y que se deja ver en muy escasas ocasiones en la televisión

08.02.2020 | 11:01
"Mis redes sociales son mi familia, mis amigos, el frutero..."

Pamplona - El jueves se estrena en España, Francia y Alemania MotherFatherSon, la serie protagonizada por Richard Gere y en la que Elena Anaya interpreta a Sofía, la segunda esposa de Max, el personaje que interpreta el actor estadounidense.

¿Cómo podría explicar a su personaje, Sofía?

-Ella es la segunda mujer de Max, el protagonista, es el personaje que interpreta Richard Gere. Es una familia bastante desestructurada y con personajes shakesperianos, muy profundos, muy reales, muy atormentados, muy perseguidos por su pasado...

El protagonista parece un hombre muy dominante.

-Lo es y mucho. Le gusta dominar, tiene el poder, pero quiere mucho más. Su hijo, lo tuvo con su primera mujer, se resiente de la relación con su padre. Max lo único que tiene como objetivo es conseguir llegar a las metas que se ha marcado. Él se casa con una mujer mucho más joven que él, es Sofía, mi personaje, es muy chiquitito mi papel.

¿No le importa que su personaje sea pequeño?

-En absoluto. Me parece muy interesante. Es una tema que trata cuestiones muy interesantes. No solo trata de familias, hay temas de poder, de corrupción, de ambición... Sofía es la única que puede parar los pies a la persona más peligrosa, a Max. Es una mujer que rompió con su familia, una familia muy poderosa de México cuando era menor de edad, ella se divorció de los suyos.

Sin embargo, cae en la garras de Max, un hombre muy similar a los de su familia.

-Exacto. Max pertenece a ese lugar al que ella renunció casi en su infancia. Ella, por circunstancias, se vuelve a meter en esa corrupción, en esas mentiras, en ese horror que ella creía haber dejado atrás. Sofía es una mujer sencilla, luminosa, sabe lo que no quiere.

Pero es una mujer poderosa, aunque solo sea porque está casada con uno de los magnates de la comunicación que maneja a su antojo a las personas por los secretos que conoce de ellas.

-Pero que no utiliza el poder. Max es el padre de su hijo, ella está embarazada y tiene el poder de frenarle porque ella sabe qué es lo que quiere en su vida y, también, lo que no quiere.

Una serie que va sobre medios de comunicación, el poder de la información, su manipulación y las luchas de voluntades. ¿Cree que en la vida real puede ser igual?

-No lo sé. No me dedico a la comunicación, no la he vivido desde dentro, supongo que algo de realidad habrá, pero no sé hasta dónde llega. Cuando me dieron los guiones, me sentí fascinada por cómo estaban escritos y por cómo relatan las relaciones de poder, cómo viven esas familias adineradas que parecen tenerlo todo. También me enganchó cómo a través de la información se puede modificar el pensamiento de los ciudadanos. En la serie se muestra a qué se le da valor, a qué político hay que apoyar en un momento específico de las elecciones, qué es lo que hay que tapar o destapar. No sé si el mundo de la comunicación funciona así. Como espectadora, me interesaba el enfoque que el autor de este texto daba a la serie y a los personajes.

El mundo de la comunicación vive un momento convulso y con muchas interferencias que llegan desde las redes sociales. ¿Qué canales de información utiliza usted?

-Las redes sociales no, desde luego que no. No tengo ni la aplicación en el móvil para mirarlas, no me interesan lo más mínimo. Escucho la radio. Me gustaba antes poder escuchar por la mañana la SER.

¿Ahora no?

-No tanto. Los cambios que han hecho no me gustan mucho...

Era más de Pepa Bueno por lo que veo, ¿no?

-Pues sí. Absolutamente. Intento seguir escuchando a Pepa por las noches, pero a veces no puedo. No tengo tiempo para escuchar la radio. Pero si puedo escucharla lo hago, es una informadora extraordinaria. Llega a la gente, da su opinión, pero sin invadir el pensamiento de los demás sobre lo que está informando.

¿Lee la información en papel?

-Sí. Me gusta leer el periódico, soy muy convencional en ese sentido.

En una profesión como la suya las redes sociales influyen mucho. ¿Le resulta más cómodo prescindir de ellas y mantenerse al margen?

-Es que no sé cómo se vive con ellas, nunca he vivido con redes sociales. No cambiaría este modo de vida por nada. Pero tengo otras redes sociales que me duran 30 años: mis amigos, mis contactos. Son gente que quiero y que me quiere. Hablamos, no nos mandamos mensajes de texto. Si pasa algo o alguien quiere contar algo, se llama por teléfono, quedamos en el barrio, nos juntamos, quedamos y nos miramos a los ojos. Es la gente con la que me veo, me tomo un café y ve la cara de cansada que tengo o yo veo la suya. De verdad, me gusta hablar con mi frutero, saludar a mis vecinos y saludar al de la tienda de al lado.

¿Y qué me dice del móvil?

-Que lo utilizo lo justo, no tiene sonido, no tiene notificaciones, no se ven los mensajes. Lo uso lo mínimo posible, quiero vivir tranquila. ¿Sabes una cosa?

Dígame.

-Sí es algo urgente que me llamen, si no, quedo a tomar un café con quien sea, nos miramos a los ojos y nos contamos lo que sea. Además, no me da la vida.

Elena, ¿podríamos decir que lleva 25 años en la profesión?

-Sí. Voy a hacer 45 años y empecé con 19. Jo, cómo ha pasado el tiempo, a veces ni me doy cuenta.

¿Es una actriz que se permite seleccionar los trabajos, que dice que no?

-He tenido la suerte desde el principio de poder decir que no a lo que no me gustaba.

Dijo que no a su segunda película.

-No me gustaba nada el director, no iba a ser nada placentero para mí el trabajo. No me gustaba su actitud. Tenía 19 años y pensé que nunca más me iban a llamar. He dicho más veces no que las que he dicho que sí. Es importante. Si te lo puedes permitir, claro.

Muy valiente, ¿no?

-Fue una circunstancia de la que me apetece hablar poco, pero nunca me he arrepentido. El trato no me pareció elegante y dije: no. A veces no es valentía, a veces es inconsciencia, un impulso. Nunca sabes si vas a acertar o te vas equivocar. Pero es necesario dar ese paso que ni tu agente, que ni tus seres más cercanos te puede decir. Me volví a casa pensando: ¡Madre mía! Tengo 19 años y acabo de decir que no a un trabajo. Sentí que estaba bien.