En los tiempos prepandemia fueron una de las formaciones euskaldunes que más expectación levantó en nuestro panorama rock. Aclamados por los medios especializados, estos cuatro bizkaitarras se perfilaron como una de las esperanzas más firmes de Euskal Herria con sus guitarras ruidosas y unas melodías sorprendentemente pegadizas. ¿Qué era aquello? ¿Rock escandinavo mezclado con el rock alternativo de los 90 y 2000? ¿Punk rock con estribillos punzantes?
Más de cinco años después de entrar en combustión, SUA continúan dando que hablar, rockeando y posicionándose con causas justas, sin dejar de pisar el acelerador, pero con una madurez, asegura su cantante, Ane Barrenetxea (Mungia, 33 años) que “solo te dan el tiempo, la experiencia y el camino recorrido”. Y ese camino pasa en 2026 por la presentación en directo de su tercer trabajo, Bide ilunek argitzen zuten dena, editado a finales del año pasado, en Zornotza el próximo sábado 31 de enero o en el Kafe Antzokia de Bilbao el jueves 12 de febrero, entre otras fechas.
¿En qué sentido diría que este disco recoge la esencia de la banda? ¿Se ha definido mejor el estilo de SUA? ¿Es eso?
-Creemos que hemos sabido mantener un sonido propio, reconocible y eso no siempre es fácil, porque a la hora de componer surgen ganas de probar cosas nuevas y no en todo momento se tiene claro hacia dónde van a ir las canciones. Recuerdo cuando nos pusimos a componer y nos encontrábamos en la casilla de salida; una de las dudas era esa, hacia dónde tirar. Pero la esencia era algo que queríamos mantener porque eso hace especial a un grupo, su sonido. El estilo sigue siendo el mismo, la fuerza sigue ahí, pero desde un lugar más maduro musicalmente. Una madurez que solo te dan el tiempo, la experiencia y el camino recorrido.
El primer tema del disco, Sutea, denuncia el genocidio en Palestina. ¿Nos hemos olvidado demasiado pronto de lo que allí está pasando?
-Vivimos en un mundo donde muchas luchas parecen ir por rachas, marcadas por el like, el post o el compartir en redes de forma rápida y efímera. Frente a eso, creemos que la música es una herramienta muy poderosa para alzar la voz por quienes no pueden hacerlo y sobre todo para que ese mensaje perdure en el tiempo. Por eso, aunque socialmente haya momentos en los que ciertas causas se olviden, para nosotras siguen y seguirán estando presentes. Porque los años no borran lo que queda escrito en una canción.
Música con mensaje
“Mundua sutan, mundua sutan da / eta inor ez dago han, inor ez dago han. / Sua piztu da, sua piztu egin da. / Eta begiratzen denak, begiratzen denak, hor!”. Sutea, el tema que abre el último disco de SUA, no solo es una llamada de atención contra el genocidio perpetrado al pueblo palestino, sino que también puede leerse en una clave más general: alza la voz contra las injusticias que sufren los oprimidos en todo el planeta mientras que aquí, en Occidente, somos, en el mejor de los casos, espectadores pasivos. Si la guitarra es el instrumento primordial del rock, SUA nos recuerdan que las letras con mensaje, reivindicativas y apegadas a la realidad social, siguen tan vigentes como en la época del cantante folk Woody Guthrie en los años 40. La música, como la cultura, continúa siendo un antídoto contra el fascismo de ayer y hoy.
Han asegurado que Martxoa es como la hija predilecta del disco. ¿Qué tiene este tema para ser un favorito? Seguramente sea la canción más pop y melódica del álbum.
-Así es, describiéndola de una forma muy general es la canción más bonita del álbum. Consideramos que SUA es fuerza, movimiento, rabia y en los directos por ejemplo, las canciones son dinámicas, rápidas y muchas veces no hay respiro, sobre todo para mí (ríe). Pero esta canción es calidez, tranquilidad y puede que por eso, al ser la más diferente de todas, sea la que la hace más especial.
"Habría que promover más festivales, pero que los que toquen no sean los de siempre”
Se dice desde hace tiempo que el rock and roll está pasado de moda y que es un estilo viejuno que no interesa a las nuevas generaciones. ¿Sois una ‘rara avis’ entre la juventud vasca?
-El problema no es que el rock no interese, sino que a veces la industria sigue mirando al pasado en lugar de escuchar las nuevas propuestas. Habría que promover más festivales o eventos que avalan este estilo de música y que los que toquen no sean los de siempre.
¿Ha habido un antes y un después en la escena vasca estos últimos años? La sensación generalizada es de efervescencia musical.
-Totalmente. Se nota una energía nueva, una escena mucho más diversa y sin complejos. Hace unos años nadie imaginaría rancheras, reguetón o trap en euskera. Hay una generación que está creando sin pedir permiso y eso se nota, pero considero que es importante dar visibilidad y lugar a todas los estilos por igual.
"Le daríamos fuego a la desigualdad que se disfraza de normalidad”
¿Faltan más mujeres y grupos mixtos en las bandas de rock de Euskal Herria? ¿Sigue siendo esta una asignatura pendiente?
-Sí, sigue siendo una asignatura pendiente. El rock sigue arrastrando dinámicas muy masculinizadas y no olvidemos que muchas veces somos una cifra o un cupo que algunos espacios, eventos o festis necesitan cubrir. Me gustaría que hubiera más referentes, pero no creo que no existan proyectos; es que históricamente se les ha dado menos espacio, menos confianza y menos oportunidades y seguimos en las mismas. Nuestra música también va de eso, de ocupar espacios que durante mucho tiempo nos dijeron que no eran para nosotras.
La banda levantó una gran expectación desde el primer EP homónimo, Sua, que se llevó el premio del concurso Gaztea Lehiaketa en 2019. ¿Se han cumplido las expectativas del grupo desde entonces? Supongo que no es fácil gestionar el éxito tan pronto.
-Hemos vivido experiencias que nunca hubiéramos imaginado, entre ellas, ir con la banda The Baboon Show de teloneros en su gira por Alemania o tocar en un festival en las montañas de Japón. Nunca tuvimos grandes expectativas y lo que hemos recibido lo supera con creces. Como anécdota, cuando Janire y yo creamos SUA le dije lo siguiente: “Jani, si conseguimos tocar en el Kafe Antzokia de Bilbo yo ya me puedo morir tranquila”.
¿A qué le darían fuego para que se borrase de nuestras vidas de una vez por todas?
-Le daríamos fuego a la desigualdad que se disfraza de normalidad. Al machismo, al miedo, a la culpa, a los discursos que justifican la violencia y a los sistemas que la sostienen. Que arda lo que nos quiere pequeñas, sumisas o calladas.