Chus Luengo: "Un niño juega peor si su padre interviene en el partido"

El exfutbolista Chus Luengo empieza otra etapa tras una carrera de 35 años como periodista y ahora entrena a los infantiles del Valle de Egüés

08.01.2020 | 06:15
Chus Luengo, exfutbolista, periodista jubilado y entrenador del Infantil del Valle de Egüés.

PAMPLONA - A Chus Luengo (Albacete, 1951) pocas cosas le faltaban por cubrir en el mundo del fútbol. Jugador de Osasuna durante los 70 y árbitro, fue sobre todo conocido por sus retransmisiones en la Cadena SER y en Onda Cero, muy características y diferentes con respecto a las de la época. Se jubiló en 2017 tras 35 años de trabajo en la radio. Ahora completa el círculo entrenando a los infantiles del Valle de Egüés, su tercera experiencia en un banquillo.

¿En qué momento decide volver a entrenar?

-Es una continuidad en el tema del fútbol, que ha sido el 90% de mi existencia, junto al 10% de la carrera de periodismo y la profesión de periodista radiofónico. Este deporte ha hecho que luego trabajase en la radio. Además, hubo un momento en el que el Colegio Navarro de Árbitros necesitaba a gente para pitar. Me adherí a esa campaña y estuve arbitrando casi 15 años. Ahí se alarga mi carrera, que duró 12 años, y luego la continué en los veteranos de Osasuna. Entonces llega la jubilación.

Que usted consideraba como un premio.

-Exacto. Yo disfrutaba trabajando. Descansas, y se vive bien, sin tener obligaciones, aunque haciendo deporte. Tenía mi carné de entrenador regional y de fútbol sala de hace 30 años, de cuando entrenaba en Larrabide al juvenil al Pamplona. Después no me dio tiempo a entrenar, a excepción del año en la que se organiza la selección navarra de fútbol sala, que me llaman para ser seleccionador.

Y se lo ofrecen del Valle de Egüés, casi 30 años más tarde.

-Sí. Todo fue gracias a la familia Orbaiz. El padre de Pablo, el exjugador de Osasuna, que es el presidente más longevo de toda España en ese club, me lo ofreció un día jugando al pádel. No tenía problema siempre y cuando me permitiese viajar, lo cual me dijo que sería así porque tendría un cuerpo técnico conmigo. Lo vi como completar una trilogía: futbolista, árbitro y entrenador.

Y periodista deportivo. ¿Algo te falta en la rama del fútbol?

-Pues no lo sé, ya que en la radio también era comercial y hacía publicidad. El estar en Osasuna sí que me haría ilusión, en cualquier sitio. Es el equipo fundamental en mi vida. He tenido más de 12 o 13 equipos, pero Osasuna es el sustancial de mi vida. Mi padre era de Alsasua, me enamoré de este equipo viniendo de Madrid, y formé mi familia con una chica de Peralta. Navarra es todo para mí. Ojo, no digo que quiera entrar en Osasuna, solo que me gustaría. Sigo con los Veteranos muy centrado, ya que además lo cogí en un momento en el que estaba abajo.

¿Que recuerda de esos tiempos de Osasuna Veteranos?

-El club solo nos lavaba la ropa, que yo la conseguía por mi cuenta. En los años ochenta, la directiva no quería saber nada de los veteranos. Movimos mucho eso y organizábamos partidos, como por ejemplo en fiestas de pueblo. Incluso fuimos a Andorra.

Volviendo a lo de entrenar, ¿qué tal por ahora con los chavales?

-Está siendo una experiencia muy enriquecedora. Mientras que los chavales aprenden algo de lo que yo les puedo explicar, también ellos me proporcionan el saber estar, el ser un poco psicólogo, afrontar una falta de puntualidad... y convivir con dos generaciones de diferencia, ya que podrían ser mis nietos. Y son diferentes, con las nuevas tecnologías y demás. Lo que quiero es ser un amigo más que un entrenador, aunque es difícil serlo. En el sentido de que me pueden preguntar lo que haga falta, de que haya buen ambiente. Estamos para formar en los valores de deportividad, puntualidad, de saber respetar al árbitro y al contrario. Parece mentira, pero en estas edades cuesta mucho.

Además, con 12 años, empiezan a tener responsabilidades.

-Exacto. Les explico, sobre todo, que no es importante ganar o perder, sino sentirse satisfecho, ayudar al compañero y levantarte cuando pierdes. He visto chavales llorar por perder un partido de infantiles. No tienen la dimensión que yo puedo tener. Les digo que dentro de 25 años perder este partido no significará nada.

¿Esto puede venir por el dramatismo que hay ahora mismo en el fútbol, en el que perder un partido es muy grave?

-Sí, es eso que ahora llaman la presión. Nosotros, cuando era jugador, nos divertíamos. Ahora el futbolista profesional no se divierte. Tiene que hacer 11 kilómetros; si hace 10,5 kilómetros, el entrenador te echa la bronca. Tienen que seguir la dieta a rajatabla, para luego rendir más y durar más años. A los chavales les digo que es un partido de fútbol, solo eso. Además, el primer día les dije: "Yo no quiero celebraciones de gol en el primer tiempo, por lo menos". Me refiero a esas celebraciones que se ven en los grandes. Imagínate que marcas en el primer minuto y luego pierdes 7-1. ¿Para qué sirve esa celebración? Solo lo veo cuando quedan pocos minutos y ya es algo definitivo. No me gusta prohibir, pero no me gusta tampoco verles hacer eso. Lo veo como regodearse, cuando haces chorradas para celebrar goles.

Se entiende que si marcan, por ejemplo, el séptimo y golean, tampoco.

-Tampoco. Llevamos ya varios partidos esta temporada, y hemos ganado unos, perdido otros, y les digo que esto son solo enseñanzas. Este equipo viene de ganar todo en fútbol-7, y no estaban acostumbrados a perder. Cuándo les vi llorar por un partido de Liga, les dije: "¿Qué pasa? El objetivo es formaros y crecer". En el futbolista, como en otras materias, interviene el talento. Con ello se nace y no se modifica. Puede cambiar la táctica, el físico, la técnica, que es donde más crecen... en este caso, ellos van a crecer físicamente. Les digo que no se preocupen si no perfeccionan su técnica, porque ya llegará.

¿Y qué más factores entran aquí?

-Está el tema de los padres. Ya lo había visto al arbitrar. Siempre he pensado que el padre, cuánto menos vea al jugador tanto en entrenamientos como en partidos mejor.

¿Por qué?

-Porque el jugador se siente más cohibido si tiene a su padre viéndole. Porque luego le va a decir "esto, y esto y esto". Entiendo que el padre le diga cosas al acabar. Pero es que hay padres que durante el partido hablan, o intentan corregir, o hablan mal del árbitro. Ese padre perjudica mucho al deportista. Yo no tenía padre cuando estaba en juveniles, porque había muerto. Me sentía superior a mis compañeros porque veía que ellos tenían al padre en la banda, y de vez en cuando les decía cosas. Eso lo vi con 16 años. Y hoy hay mucha más presión de los padres. Tienen que ser meros espectadores. Luego, cuando vaya a casa, que le de consejos, pero durante el partido que no intervenga. Por suerte, en el Valle de Egüés estoy teniendo padres muy receptivos, en los que no encuentro nada de esto. Me dicen: "El hijo está ahí para aprender".

¿A sus chicos usted le dice las míticas coletillas de la radio, como el chicle o actitud 289?

-Sí (ríe). Cuando hacen un control bueno les digo lo del chicle o que no me gusta el despeje alabuyé. Y que no están debajo de los palos, porque un portero solo está debajo del larguero. Se trata de ponerle humor también al entrenamiento, o a un partido. Lo de ser como profesionales con 12 años no va, quiero que se diviertan, que disfruten. Tienen que haber recibido varias derrotas para que valoren la victoria. Venían de ganar todo y no sabían qué era perder. Hay que divertirse. Por ejemplo, en el tema técnico, les di pelotas de pádel para que hagan toques todos los días y que lo apunten. O incluso, con una moneda, porque luego eso les ayuda con un balón de verdad. La técnica individual es fundamental en el fútbol.

¿Qué aspecto les cuesta más?

-Probablemente el táctico. No lo entienden y es lógico, es el primer año que trabajan con eso. He ido viendo las características de todos y me he asesorado con José Ángel Pozo, mi segundo. Un día le dije a un extremo que iba a jugar de lateral. Me miró, y me dijo: "¿De lateral, en serio?". Que no le pedía hacer los 100 metros lisos, sino los 50, para llegar desde atrás para sorprender. Como juega Jesús Navas en el Sevilla, por ejemplo. Incluso Messi, que juega a veces de interior derecho. Intento variar una vez que conozco su rendimiento, y a veces te llevas sorpresas. En mi época jugabas en la posición que el entrenador te mandaba.

En el contexto de Osasuna, ¿cómo ve a Jagoba Arrasate?

-No lo conozco personalmente, solamente por lo que se ve en el campo. Es asombrosa la disciplina que ha puesto a los jugadores, y su preparación física es soberbia. Sobre todo, ha conseguido que el equipo logre el mismo rendimiento, independientemente de quién juegue. Me he perdido algo con los fichajes, pero les veo jugar y siempre rinden. La dirección deportiva acierta con los fichajes.

La última entrevista que hizo a este periódico fue en 2017. Han cambiado muchas cosas en Osasuna desde entonces. Hablaba de tres jugadores: Olavide, Otegui y Buñuel.

- Tres futbolistas que no se quién falló. Ahora solo ha salido Moncayola de la cantera. Es la única pega que puede tener el aficionado rojillo, que el grifo de la cantera se haya cerrado un poco. Y también ha salido Barja pese a la lesión, pero lo demás... es obvio que si fichas es para que jueguen los fichajes. Pero en Osasuna siempre deben de tener canteranos.

Javier Laquidain, de la SER, entrevistó al Chimy Ávila en la casa del delantero. ¿En Osasuna se sigue manteniendo esa cercanía entre jugadores, periodistas y afición?

- He sido amigo de muchos jugadores, como Jan Urban o Sammy Lee, de cuando yo era periodista. Esto hace 20 años. Igual es porque soy muy abierto, pero existía esa relación. Eso ya no existe tanto. Además el jefe de prensa pone a quién tiene que hablar. En nuestra época teníamos que ir a buscarlos, y cada radio entrevistaba a los que encontraba. Javier Aguirre estuvo en mi casa en muletas cuando se lesionó, antes de irse a México.

¿Cómo llevó el fallecimiento de Javier Martínez de Zúñiga, con el que debutó en Gran Deportivo?

- Ahí fue donde me dio la oportunidad Enrique Huarte, que era el director, de trabajar con Zúñiga y Don Goyo. Me retiré del fútbol jugando en el Corellano, de manera amateur, y justo Martínez de Zúñiga me puso a prueba. Que fallezca un hombre como Javier, que dedicó su tiempo en mi formación al principio, de cómo hablar en la radio... me dolió mucho. También con Fermín Zariquiegui, con el que coincidí menos.

¿Escucha a sus sucesores en la radio?

- He sido muy drástico con este tema, pero no escucho la radio. Sí leo los periódicos, pero la radio no. No es que estuviese cansado de trabajar, porque he disfrutado y hubiese pagado dinero por trabajar en eso. Pero una vez has terminado, es turno de dar paso a otra gente. Me han invitado para ir a algún partido en alguna radio, pero cuando terminé corté totalmente. Ha sido tan bonito que, si sigues, puedes llegar a arrastrarte.