Denis Urubko | Alpinista kazajo

Denis Urubko: "Si quieres conseguir algo que otros no han conseguido en la montaña, es muy arriesgado, pero también es arte"

Denis Urubko (47 años), es un mito mundial del alpinismo. Ha subido todos los ochomiles, en algunas ocasiones en invierno y abriendo rutas nuevas

14.05.2021 | 10:28
Denis Urubko, alpinista kazajo.

El alpinista kazajo de 47 años ofreció ayer por la tarde una charla en Azpeitia con motivo del 75º aniversario del club de montaña Lagun Onak y por la mañana sacó un rato para una entrevista en Sokola, un precioso caserío situado en Errezil, donde se alojó junto a su pareja, la también alpinista María José Cardell.

"Mi primera impresión del País Vasco fue con Iñaki Ochoa de Olza, un buen amigo, una persona importante para mí, así que fue una buena impresión", explica Urubko, que hace ocho años visitó Gipuzkoa para otra charla en Oñati y que también conoce "Donostia y Pamplona": "Aquí hay una gran tradición de montaña", dice mientras da un trago a su termo de café. Se aprecia en Urubko, de formación militar, una personalidad fuerte, dura, de principios y códigos irrompibles, aunque es amable en el trato. Y reconoce que disfruta del sol de Granada, donde vive parte del año, aunque también tiene casa en Bérgamo (Italia). "Ya he pasado mucho frío", bromea antes de repasar su impresionante carrera como alpinista, con proezas y rescates en alta montaña solo a la altura de un superdotado físicamente como él, su manera de pensar y sus futuros retos.

Actualmente reside en Granada. ¿Cómo es su vida ahora fuera de la alta montaña?

–Hace seis años conocí a María José y empezamos nuestra relación y ahora vivo parte del año en Granada por ella. El confinamiento lo pasamos allí, casi no nos movimos durante todo el año pasado. Me gusta el sitio, la cultura, el clima, tengo buena relación con la gente. Geográficamente está bien situada entre las montañas y la costa. Además, es posible para mí entrenar en alturas de 2.000 y 3.000 metros, y hay muchas zonas de roca para escalar. Estoy contento, hay de todo: monte y roca.

Ahora está practicando mucho la escalada en roca. ¿Cuál es su nivel?

–Ahora es de 7A, pero el reto en los dos próximos años es 8A. María ha subido ya 7C, así que es un buen objetivo para nosotros. Es distinto el entrenamiento para el alpinismo y para la escalada en roca. Me gusta experimentar. Incluso he cambiado mi estilo de comida. María es vegetariana y yo ahora soy casi vegetariano. Siempre quiero probar cosas nuevas, cuando lo hago me siento más joven.

¿Cómo es su día a día?

–Me suelo levantar a las cinco y media. Trabajo con el ordenador mientras tomo café, hago mis ejercicios y mi entrenamiento, y desayuno a eso de las diez. Y luego trabajo en mis cosas y por la tarde hacemos alguna escalada o entrenamiento en montaña. Eso es un buen día para mí. Un problema para mí en España es que la gente se acuesta tarde. Por ejemplo, tengo una presentación, acaba y pienso que ya nos vamos a casa, pero antes la gente va a tomar algo y luego a cenar, y te da la una de la mañana (ríe). Es distinto a mi estilo de vida, pero lo respeto. He vivido en Rusia, Kazajistán, Pakistán, Nepal y Europa, y esto me ha dado habilidad para saber adaptarme. Aprecio muchas cosas de las distintas culturas y soy muy flexible, estoy cómodo en cualquier lado.

Tiene nacionalidad rusa y polaca, viaja por medio mundo y vive entre Granada y Bérgamo. ¿De dónde se siente?

–Es difícil. No suelo pensar en esto, es algo que me preguntáis los periodistas. No tengo religión, no tengo sensibilidad por un país como madre tierra, por decirlo así. No siento un lugar como mi casa, probablemente sea un problema, no lo sé. Me siento como un nómada, vivo aquí, ahora en Granada e Italia, en Polonia... Soy flexible. Quizás sea un problema, pero también soy libre para llevar a cabo mis sueños. Hablo inglés como estamos haciendo ahora, también italiano y polaco. Puedo cambiar de cultura y de idioma.

En la actualidad hay gente que viaja hasta el campo base del Everest en helicóptero, y las ascensiones son con cuerdas y oxígeno. ¿Qué es eso para usted? ¿Alpinismo, turismo de altura?

–Negocio es negocio, es lo primero que quiero decir. Esta entrevista, por ejemplo, es trabajo para ti y para mí. La gente quiere cumplir sus sueños y la montaña es libre. A veces oigo frases como la montaña es así o la montaña debería ser así, pero la montaña es libertad. ¿La gente quiere pagar? Es dinero para los sherpas, esto ayuda a la economía del Nepal y ellos cumplen sus sueños. Hay buenos amigos míos que han usado oxígeno porque estaban a punto de congelarse y lo necesitaban. El alpinismo comercial es diferente. Algunos han criticado esto, pero si quieres hacerlo es cosa tuya. Puedes subir por otra ruta, ir solo... la montaña te da todas las posibilidades para realizarte. Si la ruta clásica del Everest está ocupada por mucha gente, las caras del suroeste o del norte están libres. Son más arriesgadas, mucho más. En 2013 fui por la cara suroeste y por algunos errores y situaciones un compañero mío, Alexei Bolotov, desgraciadamente murió. La montaña tiene su riesgo. Si quieres hacer algo poco usual, que se salga de la norma, es más arriesgado, pero es arte. Si quieres ser un verdadero artista, si no quieres seguir el camino habitual, tienes que hacer algo creativo y conseguir algo grande.

Así que cada postura es respetable, pero poniendo todo en su justo contexto.

–Sí. Respeto todo, pero si luego dices la verdad. Si subes el Gasherbrum con oxígeno y dices que has hecho algo increíble, no es justo para las generaciones anteriores y por las futuras. Lo has hecho por ti, pero no es un reto ni algo para tener un cuenta o comparable a lo que hizo Reinhold Messner hace años. Eso era arte deportivo. Pero vuelvo a decir que negocio es negocio. Necesitan reflejar lo que han hecho, llegar al público y a los medios, a sus patrocinadores...

Habla de arte. ¿Se considera un artista de la montaña?

–En montaña te vas formando, haces ascensos en progresión, pero tienes algo dentro de ti, en tu imaginación, algo que incluso no te deja dormir. Tienes la necesidad dentro de descubrir, de demostrar algo a la gente, de conseguir cosas, de hacer algo increíble para ti mismo. Fui montañero ya en la escuela, luego seguí poco a poco entrenando, un día pensé en la cara sur del Broad Peak y lo conseguí. Fue algo creativo en montaña. Para el arte es importante tener diversidad, conseguir algo que otros no consiguen. Y es importante tener espectadores. Quien dice que lo hace por sí mismo no dice toda la verdad, porque necesitas espectadores. Necesitas gente que aprecie lo que haces.

Usted es considerado como uno de los mejores alpinistas de la historia. ¿Cómo se siente con eso?

–Por supuesto que me siento orgulloso, pero lo importante para mí es la realización personal. Si eres escritor y escribes algo bueno, para ti es importante que a la gente le guste. Sientes que has hecho algo bueno, positivo. No peleo por el Piolet d'Or (el galardón alpino más importante), lo hago por mí mismo, pero si me dan un premio es importante porque me hace ver que estoy haciendo algo bueno con mi vida para mí y para la comunidad. No soy egoísta, pero si la comunidad lo aprecia significa que estoy en el camino correcto. La ambición está unida al deporte, es hacer algo mejor que los demás. En la maratón, es correrlo más rápido que los demás. En montaña, me gusta hacer algo mejor que los demás, en estilo alpino, o hacerlo solo. Es arriesgado, claro. He sobrevivido por mis entrenamientos y también por suerte. Otros igual de preparados han fallecido.

¿Escribe usted sus propios libros y artículos?

–Sí, es importante para mí. Me he formado como periodista. Por un lado, es una manera de presentar mi trabajo y, por otro, me sirve para hablar de buena gente como Iñaki Ochoa de Olza o Don Bowie, de cómo trató de rescatar a Iñaki, transmitir cómo es esta gente. Y cuando escribo, tengo la sensación de revivir algo que pasó hace unos años. Cuando escribo me olvido de todo durante horas, a veces ni duermo, siento mucha energía.

Usted ha relatado que ha estado alguna vez cerca de la muerte.

–Es necesario adquirir riesgos cuando quieres ir un paso más allá. Si no, te quedas en una posición cómoda y la vida pasa sin realizarte personalmente. El riesgo en montaña te da libertad, hace que puedas seguir tus propias reglas, que nadie te controle ni te ayude. He pasado muchas situaciones arriesgadas, algunas no dependían de mí o no fueron por mí. Por ejemplo, el rescate de Iñaki. Era arriesgado para los que fuimos, pero era nuestra responsabilidad como equipo, como montañeros. Cuando estás ahí entre la vida y la muerte, las sensaciones son tremendamente fuertes.

Subió los catorce ochomiles muy rápido, en apenas nueve años. ¿Es algo que recuerde a menudo? ¿O es ya pasado para usted?

–He subido los catorce ochomiles y en total he hecho 23 subidas. He subido el Broad Peak con Alex Txikon y volví dos años después por una nueva ruta, hacer algo nuevo siempre fue más interesante para mí. Lo mismo en el Nanga Parbat, donde volví en invierno. El Gasherbrum lo he subido cuatro veces de formas distintas. Aprecio que la gente diga que es bonito subir los catorce, claro que yo también lo aprecio, fue un reto, pero lo mejor para mí es que he intentado nuevas rutas, subir en invierno... Lo importante son los retos que te marques tú, hacer algo nuevo, interesante, positivo.

Dijo que aparcaba el alpinismo de ochomiles. ¿Volverá?

–Creo que se interpretaron mal mis palabras. Cuando dije que paraba, dije que había maneras de volver después de un periodo de tiempo. Probablemente volveré en invierno, sin oxígeno y para hacer una nueva ruta en estilo alpino. Quiero aclarar que mi cuerpo está preparado para la alta montaña y se adapta enseguida a los 8.000 metros porque me he dedicado muchos años a esto. Nunca dije que iba a parar para siempre. Tengo muchas opciones de montes, pero tengo 47 años y no tengo la energía de hace 20. Tengo que calcular riesgos, mi fuerza...

Es decir, quiere volver rápido.

–Tampoco es eso. Creo que tengo quince años más para hacer lo que quiero porque estoy bien preparado, no tengo que prepararme especialmente porque ya estoy aclimatado a la gran altura. Quiero encontrar el momento, elegirlo yo. Cuando sigues tu pasión y no sigues el dinero o la responsabilidad, simplemente haces caso a tus deseos. Tengo un mensaje para los jóvenes: pasé muchos años para hacer algo. Mi primer ochomil lo subí después de diez años de preparación en montaña, de rutas duras y técnicas. Y una ruta nueva en ochomil no hice hasta 16 años después de comenzar a hacer alpinismo. No todo tiene que ser inmediato. Si tienes 20 años, tienes mucho tiempo por delante.

Ha perdido amigos, ha llegado a decir que odia la montaña.

–No llegué a decir que odio la montaña, dije que no me gustaba, no es lo mismo. Por ejemplo, en mi casa no hay fotos de montañas. Veo el Everest y pienso que hay amigos que murieron ahí, es una espina que tengo clavada. Me dicen: qué bonito es el Nanga Parbat. Pero hay gente que murió ahí. Es el otro lado de la moneda. Tengo una visión profesional de la montaña. Al final son sensaciones encontradas.

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