10 errores al contratar un seguro que debes evitar porque pueden salirte caros
Fijarse solo en el precio o ignorar la letra pequeña son algunos de los fallos más frecuentes que pueden dejarte sin cobertura cuando más lo necesitas
Contratar un seguro debería ser sinónimo de tranquilidad; sin embargo, en la práctica, no siempre es así. Muchas personas descubren cuando ya es demasiado tarde que supólizano cubre lo que esperaban o que sus condiciones no se adaptan a sus necesidades. Las prisas, la falta de información o un exceso de confianza nos llevan a cometer errores que, cuando sufrimos un imprevisto, en vez de solucionarnos un problema nos pueden provocar un enorme disgusto.
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Porque un seguro no es solo un trámite ni un recibo más que pagar al año, sino que es una promesa de protección. Y para que ese compromiso se cumpla, conviene pararse a leer despacio y, sobre todo, a entender qué es en realidad lo que estamos firmando. Si no lo hacemos bien, nos exponemos a cometer algunos de esos fallos que después pagaremos muy caros. A continuación vamos a enumerar diez de ellos.
1- Fijarse solo en el precio
Es el error más común y es que, aunque elegir la opción más barata puede parecer una buena idea, a menudo ofrece coberturas mínimas o franquicias muy elevadas. No se trata de pagar menos, sino de elegir la póliza que mejor se adapte a nuestras necesidades.
2- No leer las condiciones de la póliza
La letra pequeña sigue siendo la gran olvidada. En ella se esconde todo aquello que la póliza no cubre, sus límites y sus condiciones. Leerla con calma y preguntar todo lo que no se entienda es fundamental para no llevarnos luego una desagradable sorpresa.
3- Comparar solo precios y no coberturas
Dos seguros pueden costar lo mismo y ofrecer protecciones muy distintas. Comparar únicamente el precio, sin analizar qué incluye cada póliza, puede llevar a tomar decisiones poco acertadas.
4- No declarar correctamente los bienes
Subestimar el valor de los bienes o no declararlos adecuadamente es más habitual de lo que parece. El problema llega en caso de siniestro: la indemnización puede ser menor de lo esperado por la aplicación de la regla proporcional.
5- Desconocer las exclusiones
Pensar que todo está cubierto es una de las ideas más peligrosas. Las pólizas incluyen situaciones que quedan fuera de cobertura, como daños por falta de mantenimiento o determinados fenómenos. Conocerlas nos evitará más de un quebradero de cabeza.
6- No entender la franquicia
En seguros como el del automóvil, la franquicia es la cantidad de dinero que deberá pagar el asegurado antes de que actúe la compañía. No tener claro este importe puede generar disgustos cuando llegue el momento de utilizar el seguro.
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7- No adaptar el seguro a los cambios personales
Conforme la vida cambia (una mudanza, una reforma, la llegada de un hijo…), el seguro también debería hacerlo. No actualizar la póliza puede crear lagunas importantes en la protección.
8- No contratar coberturas necesarias
A veces, por ahorrar, se prescinde de coberturas que pueden resultar clave, como la asistencia en carretera o determinadas garantías en el hogar. Es esencial que el seguro se adecúe perfectamente a nuestro estilo de vida.
9- No revisar la red de asistencia
Cuando ocurre un imprevisto, lo importante no es solo que el seguro responda, sino cómo lo hace. Una red de asistencia limitada o lenta puede hacer que un problema se convierta en una experiencia aún peor.
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10- Olvidar los plazos y la renovación
Las pólizas suelen renovarse automáticamente y no estar pendientes de los plazos puede implicar seguir pagando un seguro que ya no interesa. Incluso puede ocurrir que estemos pagando dos seguros a la vez por no haber cancelado el primero a tiempo.
Ya lo ves, contratar un seguro debería ser una decisión meditada. Y es que, evitar estos errores, no solo permite ahorrar dinero, sino, sobre todo, ganar en tranquilidad. Porque estar asegurado no es lo mismo que sentirse seguro, y es en esos momentos en los que uno se siente perdido cuando una buena póliza debe dar la talla.
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