Marisa Iturbide, que hoy tiene 73 años, nació en Ciudad de México. Sus padres eran navarros, por lo que gran parte de sus estudios los llevó a cabo en Pamplona. Empezó su carrera profesional con 21 años, y gran parte de ella la invirtió en el sector del Marketing, bien trabajando de asesora de proyectos de start-up o de editora de revistas de tendencias. Hace varios años que se jubiló, pero ella recalca que solo está "oficialmente jubilada". Este matiz lo añade porque ha continuado muchos de sus proyectos profesionales iniciados en su trayectoria, y esto no le ha impedido iniciar unos nuevos. Un proyecto nuevo como, por ejemplo, inscribirse como mentora en la iniciativa Mujeres en Camino, de la Fundación Koine Aequalitas.

Cuando el proyecto apenas era un boceto, en el ya lejano cambio de milenio, una amiga le contactó para informarle de la iniciativa, de forma que pudieran apuntarse juntas. No obstante, Iturbide comenta que, "por cosas de la vida, fui yo quien entró mientras que ella se quedó fuera".

En 2019, aquella idea de la que Iturbide decidió formar parte se materializó en el proyecto Mujeres en Camino. Un proyecto diseñado para crear una red de contactos para las mujeres en el ámbito profesional, y en la que todas se puedan apoyar a la hora de desarrollar sus competencias. El objetivo era poder complementarse las unas a las otras a través del aprendizaje, y para ello se creó la dinámica entre mentora y mentee (la discípula).

Enseñar y dejarse enseñar

Iturbide escogió ser mentora, rol que ocuparía durante sus primeros cuatro años en el proyecto. Ella explica: "Las mujeres somos tribales, en el sentido de que siempre estamos cuidando de alguien. Somos cuidadoras natas, sin que eso suponga necesariamente un cliché. Este proyecto es una forma de cuidarnos entre nosotras, y creo que el rol de mentora es una gran oportunidad para las personas mayores de 60 como yo. A esta edad estamos ocupadas combatiendo el edadismo, tratando de sentirnos útiles y de dar sentido a nuestra vida. Siendo mentora pude conseguirlo, porque pude abrir la maleta de mi experiencia para compartir todo lo que he aprendido con gente que me importa".

No obstante, llegó un momento en el que Iturbide decidió cambiar de rol y pasar de ser mentora a mentee, a aprendiz. "Yo estoy jubilada ―cuenta ella―, pero tengo una vida muy activa a nivel de proyectos y vi que necesitaba ayuda para gestionarlos todos. Yo había sido mentora de Alicia López de Ocáriz en una edición anterior. Ahora intercambiamos los papeles y ha sido extraordinariamente enriquecedor. Con su ayuda aprendí a poner plazos, a dejar de procrastinar y acabé por completar todo lo que tenía en mente. Fue una gran oportunidad para aprender".

Mucho por hacer

Según ha señalado, aunque todavía "hay mucho trabajo por hacer" en la visibilización del liderazgo femenino, "es remarcable la fuerza, la preparación y el arrojo que tienen las mujeres ahora". "Esto que decían de que más vale pedir perdón que permiso... Nosotras venimos de generaciones en las que debíamos pedir permiso para todo, pero ahora estamos mucho más fortalecidas", ha afirmado. "El nivel de formación y preparación que están recibiendo las mujeres está dándoles mucha más seguridad en sí mismas, no tienen ningún reparo en exigir lo que les corresponde, aunque queda mucho por hacer", ha señalado.