Historias de los vascos

El erudito que diseminó su biblioteca por toda Euskadi

El jeltzale bilbaino Patxi Abrisketa acumuló 11.000 libros en su exilio colombiano que donó a instituciones vascas de manera desinteresada

29.06.2020 | 11:27
Patxi Abrisketa hizo acopio de libros de temática vasca.

La Guerra Civil llevó al exilio a cerebros prodigiosos. Uno de ellos fue el del bilbaino Patxi Abrisketa Irakulis. Tras su paso fugaz por Estados Unidos, se estableció en Colombia y llegó a atesorar 11.000 libros en ocho lenguas con temática vasca. Fue delegado del Gobierno vasco y amigo de célebres personalidades como el Premio Nobel Gabriel García Márquez, de quien siempre guardó una anécdota.

Aquellas estanterías volaron a su Bilbao del alma en su retorno a Euskadi el 12 de julio de 1984, tres décadas después de su viaje al otro lado del Atlántico. En una entrevista elaborada hace décadas, Abrisketa le hizo saber al periodista Antxon Urrosolo que acumulaba seis toneladas de papel y 200 metros cuadrados de referencias bibliográficas.

El publicista y apasionado de la heráldica Endika de Mogrobejo informaba en un obituario que dedicó a su amigo de que Patxi hizo entrega gratuita y desinteresada de este tesoro a las bibliotecas de la Universidad de Deusto (Bizkaia), Parlamento Vasco (Araba), Archivo de la Comunidad Benedictina de Lazkao (Gipuzkoa) y Museo Vasco de Baiona (Lapurdi). Fueron, finalmente, un total de 9.860 libros. "No hay que olvidarse de que Abrisketa disponía de la más importante biblioteca bolivariana", subrayaba el también bilbaino. Con más de 4.000 volúmenes, estaba catalogada como la más importante del mundo en su género.

Además de Gabriel García Márquez Gabo, compartió amistad con José Vicente de Katarain, un flamante editor colombiano, e incluso a su muerte se encargó un busto de su persona a Jorge Oteiza. Antxon Urrosolo lo visitó en Colombia y volvió a encontrarse con Abrisketa en Bilbao. El economista vizcaino detalló al cronista que por una casualidad no llegó a ser profesor de Gabo en la Universidad. Sí lo fue, por ejemplo, del presidente Pastrana. "No fui profesor de Estadística de García Márquez por un año, porque dejé la cátedra para ir a Washington, como funcionario de la Unión Panamericana". En su ausencia, el alumno suspendió la materia. En un encuentro, el vasco le dijo al colombiano: "Usted se libró de que yo le aprobara estadística por un año". Rieron y recordaron lo difícil que fue para Patxi dejar atrás su Euzkadi de la guerra.

Patxi estimaba que aquel golpe de estado de 1936 dio un giro importante a su existencia y a la de tantos de su generación. De hecho, el bilbaino fue parte junto a su hermano Patxuko de la sección de Industrias Movilizadas del Gobierno vasco, a las órdenes de Raimundo Abando. Cuando cayó el Cinturón de Bilbao, Abando encargó a Patxuko la misión de salvar los planos del material de guerra, pero "él, que prefería quedarse en Bilbao, delegó en mí esta tarea". Y Patxi, a sus 23 años, cumplió el reto. Le encomendaron trasladar los legajos hasta Valencia para entregárselos a Indalecio Prieto, responsable republicano de la materia. El jeltzale Manuel de Irujo hizo de intermediario.

En Puigcerdá, se incorporó a un tren cargado de monjas y de curas, que aunque no iban vestidos con hábito, "no podían despistar su condición", le narró a Urrosolo. Pasado a Francia escribió a distintos países de América latina pidiendo ayuda. Dos amigos de la universidad de Deusto le enviaron un contrato de trabajo para Colombia. En París se compró un traje y partió.

Instalado en Bogotá, según Mogrobejo, Abrisketa fue profesor de la Universidad, militante activo del PNV y, durante años, delegado del Gobierno vasco en la capital colombiana. Él, que había nacido en Bilbao el 10 de octubre de 1913, y bautizado en San Vicente Mártir de Abando.

Gerente de multinacionales

En lo profesional, el hijo de Francisco de Abrisketa y Aretxabaleta, natural de Trapagaran, y de Josefa Irakulis Bilbao, de Amorebieta, fundó la cátedra de Estadística de la Universidad de Bogotá y fue gerente de importantes multinacionales.

"Su casa siempre estuvo abierta a cualquier vasco, a quienes recibía en el aeropuerto, les daba posada o les enseñaba la ciudad", enfatizan quienes lo conocieron bien. Era además vicepresidente de la Sociedad Bolivariana y fue impulsor de los actos organizados en Euskadi en 1983, año del bicentenario del nacimiento del libertador.

"Patxi fue embajador y albacea de todo lo vasco en el Caribe", valoraba Urrosolo. En la misma línea se expresa en estos días el exsenador del PNV Iñaki Anasagasti, quien reivindica la figura del economista. "De él, destaco tres vertientes: que tuvo un puesto de responsabilidad durante la guerra. Dos, su exilio y cargo de delegado del Gobierno vasco en Bogotá. Y tres, como erudito, presidente de la Sociedad Bolivariana tanto de Bogotá como en Bilbao, y su incomparable biblioteca que dispersó por los diferentes herrialdes. ¡Tenía una personalidad fantástica!", concluye Anasagasti.