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Un ciclón de realismo

El Promesas sigue sin levantar cabeza en un 2010 negro Un saque del meta Rebollo se coló en el arco rojillo ayudado por el fuerte viento, que condicionó el duelo

Un ciclón de realismoFoto: javier bergasa

OSA. PROMESAS0

PALENCIA1

OSASUNA PROMESAS Zábal; Bari, Ekhi, Richi, Dani Palacios (Natxo, min.74); Alan; Antxon, Álex Fernández, Roberto Torres (Manuel, min.65), Anunziatta (Líbano, min.79); y Óscar Vega.

PALENCIA Rebollo; Chupri, Aitor Blanco, Rui, Héctor; Chuchi (Paulino, min.83), Pelayo; Álvaro (Durantez, min.61), Alejandro, Víctor (Agostinho, min.78); y Canario.

Gol 0-1, min.31: Rebollo.

Árbitro Torralba (Comité Catalán), asistido por Peregrina y Paez. Amonestó por el Promesas a Dani Palacios, Ekhi y Anunziatta. Por el Palencia, a Chupri, Víctor, Héctor, Rui, Aitor Blanco y Gorka.

Estadio Unos 600 espectadores en Tajonar, con cerca de medio centenar procedentes de Palencia.

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PAMPLONA. La temida ciclogénesis explosiva que azotó el norte de la Península también se dio una vuelta ayer por las instalaciones de Tajonar. Lo hizo con fuerza y saña, y a Osasuna Promesas le arrolló no sólo el ciclón de viento. También le abordó un huracán de realismo, el que le sitúa ya sin margen de error en los puestos peligrosos de la clasificación. El mismo que le recuerda que todavía no ha estrenado su casillero de victorias en 2010. El año comienza a ponerse muy negro para los rojillos.

El Palencia fue ayer el verdugo el filial osasunista. Un contrincante duro al que, para colmo, también le acompañaron las molestas inclemencias meteorológicas en su travesía hacia la victoria. El bloque palentino agarró los tres puntos con todas sus fuerzas después de encontrárselos prácticamente sin querer. Fue a la media hora de partido cuando el vendaval que hacía tambalearse las vallas publicitarias se alió en contra del Promesas. Antes ya les había dado algún que otro susto.

Alejandro Rebollo, el portero visitante, sacó desde su área un balón bombeado, uno de esos que suelen ir a parar a la cabeza de algún jugador de campo. Pero ayer, todo podía suceder. El esférico voló hacia la meta defendida por Zábal, impulsado por el aire como una cometa. El arquero rojillo dudó, dio un paso más del que debía hacia delante, y no pudo evitar que la pelota se introdujera en las mallas. Un gol que ninguno de los dos cancerberos olvidará jamás.

El Promesas, con este tanto inverosímil en su contra, se metió sin quererlo en un pozo sin fondo. No por falta de ganas, algo de lo que ayer hicieron gala los rojillos, sino porque era imposible jugar con normalidad con un viento tan fuerte e irregular azotando el terreno de juego.

En la segunda mitad, Osasuna buscó encontrar la triangulación que halló en momentos puntuales del primer periodo, la que siempre le da soluciones de oro para sus problemas. Pero entre la ciclogénesis y el Palencia, que leyó el choque a la perfección y defendió con uñas y dientes su ventaja, resultó imposible trenzar cualquier jugada con sentido.

Sólo los córners, envenenados por la dirección del aire, se convirtieron en las armas de ataque más peligrosas para Osasuna. Hasta en cuatro ocasiones Rebollo tuvo que lucirse para despejar los intentos de gol olímpico de Roberto Torres y Antxon. Ni los cambios resucitaron a un Promesas trabajador y brioso, pero que, una vez más, anduvo nada efectivo en la definición. Y ahora los de abajo empiezan a acercarse.