Jagoba Mendizabal (Lasarte-Oria, 1998) no ha cumplido los 30 años y el paso del tiempo ya es un factor a tener en cuenta. Tanto es así que con su actual proyecto musical, JAGOBA, ha lanzado un primer álbum titulado Atzera begirada bat, en el que reúne algunos de los temas que ha ido recopilando los últimos dos años, entre ellos el pequeño hit Zenbat gau de 2024 junto al compositor y cantante Hazas, también de Lasarte-Oria. “No hace falta haber vivido muchas décadas para sentir que el tiempo pasa rápido”, reflexiona el joven músico guipuzcoano. Aunque ha bajado algunas revoluciones con respecto a su anterior aventura musical en la banda punk-rock Kinada, sigue confiando en el poder de las guitarras eléctricas y de las melodías certeras en esta nueva etapa.
Poniendo Jagoba en Google, sale el nombre de un conocido entrenador de fútbol vasco. ¿Tener un buen posicionamiento en internet es más difícil que triunfar en la música?
-Lo primero que me preguntaría es qué significa realmente triunfar en la música. Muchas veces se asocia el éxito a números, visibilidad o presencia constante en redes, pero en nuestro caso el objetivo es otro: hacer canciones honestas y disfrutar de los directos. Como decimos en Azken dantza, parece que hoy en día es más importante alimentar algoritmos que dedicar tiempo a crear en el estudio. Lo del posicionamiento en Google no deja de ser una anécdota. Para nosotros la música no va de ocupar espacio, sino de generar una conexión real con quien decide escucharte. Si alguien llega a mis canciones, aunque sea por casualidad, ya es suficiente motivo para seguir adelante, aunque tenga que compartir nombre con un entrenador.
¿Y las ‘colabos’? Solo si tienen un sentido
Ander Hazas, June Eizmendi, Eider Saez, Anuk eta Elene, Manu Gaigne, Mikel Ugarte… El álbum de debut de JAGOBA está trufado de colaboraciones, como mandan los cánones en la actual escena pop y, por supuesto, también en el género urbano. Es lo que pide la industria a los artistas. Y estos actúan en consecuencia. Pero en el caso del músico guipuzcoano, los featurings no son una fórmula de conectar con una mayor audiencia, sino que nacen “únicamente porque lo pide la canción”. “Si una voz o una sensibilidad concreta puede aportar algo real, tiene sentido sumarla. Si no, prefiero que la canción se quede como está. Intento no pensar en números, algoritmos o alcance, porque eso acaba condicionando la creatividad y alejándote de lo esencial”, explica Jagoba Mendizabal.
Dicen que a los jóvenes no les van mucho las guitarras, pero en su caso viene de un proyecto punk-rock y ahora con JAGOBA sigue echando mano de riffs potentes. ¿De dónde le surge esa inclinación por el rock?
-Es algo bastante natural. He crecido escuchando muchos estilos diferentes, pero sobre todo pop y rock. Aunque este proyecto tenga un sonido distinto al de Kinada, la guitarra sigue siendo una herramienta fundamental para expresarnos tanto en la creación como en la ejecución de las canciones.
La nostalgia y el paso del tiempo son dos de los temas principales del álbum. ¿No es un poco raro ponerse a mirar atrás a estas alturas de su vida?
-Puede parecerlo, pero no lo entiendo como nostalgia en el sentido de idealizar el pasado. Mirar atrás, para mí, es una forma de entender el presente. De analizar qué decisiones te han traído hasta aquí y cómo te han ido moldeando. No hace falta haber vivido muchas décadas para sentir que el tiempo pasa rápido o que ciertas cosas ya no vuelven. Creo que esa reflexión no tiene edad.
"En todas las épocas hay música valiosa"
Los boomers son muy de decir que no hay nada como la música de antes, sea esta de los años 80, 70, 60…
-En todas las épocas hay música valiosa. El paso del tiempo hace de filtro y solo permanecen algunas canciones, por eso tendemos a idealizar el pasado. Pero hoy en día también se están creando cosas muy potentes y honestas. El problema no es la época, sino la manera en la que escuchamos. En mi caso intento no cerrarme a nada: escucho desde música urbana hasta metal. Y precisamente lo mejor de la escena musical de Euskal Herria es esa diversidad.
¿Es esa pluralidad la que le atrae de la actual escena musical en Euskal Herria?
-Sí. Hay proyectos muy diferentes conviviendo, cada uno con su propio lenguaje y ritmo. No siento que exista una sola forma correcta de hacer música ni una corriente dominante que marque el camino, y eso genera un espacio muy sano para crear sin demasiadas imposiciones externas.
Por cierto, la gente de tu generación suele reivindicar lo que sonaba en la primera década de los dos mil. ¿Es de esos?
-Algo de eso hay, claro. Son los años en los que empecé a escuchar música con más conciencia y a construir mis referentes. Pero intento no quedarme anclado ahí. Mirar al pasado puede ser útil, pero vivir solo de referencias antiguas acaba siendo una forma de estancamiento. Me interesa seguir descubriendo cosas nuevas y dejarme sorprender.
La aportación del guitarrista Beñat Bobillo, Bobi, ha sido fundamental para darle forma al disco y a todo el proyecto. ¿Sin él no habría existido JAGOBA?
-Bobi ha sido una figura clave en todo el proceso. Fue mi profesor de guitarra y desde el principio entendió muy bien el enfoque del proyecto. Le propuse grabar lo que después sería Zenbat gau y a partir de ahí grabamos todas las maquetas en su casa antes de llevarlas al estudio. Ha sido compositor, productor, músico y, sobre todo, alguien con quien compartir dudas y decisiones. No sé si JAGOBA existiría sin él, pero tengo claro que no tendría la misma profundidad ni el mismo sonido.
"Parece que hoy en día es más importante alimentar algoritmos que crear canciones”
Todo lo que publica con Hazas es un éxito instantáneo. ¿No le cuadraba hacer un disco entero con él?
-Hazas tiene una capacidad enorme para conectar con la gente y nuestra relación personal es lo que ha hecho posible las canciones que hemos compartido. Pero este disco pedía otro tipo de viaje, más pausado y cohesionado. Las colaboraciones aparecen cuando la canción las necesita, no como una estrategia ni como una fórmula que repetir.
¿La calurosa acogida del single Zenbat gau le ha condicionado de alguna manera a la hora de enfrentarse a grabar el álbum?
-Ha sido un impulso importante a nivel emocional, porque te confirma que lo que haces puede llegar a la gente. Pero Atzera begirada bat es un trabajo que va mucho más allá de un solo tema. En ningún momento quise repetir una fórmula por miedo o por comodidad. El disco pedía coherencia y honestidad, no perseguir un éxito concreto.
¿De los más de un millón de reproducciones de la canción, cuánto le han llegado a su bolsillo?
-Muy poco, casi nada. El streaming sirve para llegar a más gente, pero el sistema de reparto es profundamente injusto. Las plataformas digitales se sostienen gracias al trabajo de los artistas, pero ofrecen compensaciones mínimas, especialmente a quienes no están en la cima de la industria. Es un modelo poco ético que normaliza que la música tenga valor cultural, pero no económico para quien la crea. Hoy en día, para muchos músicos, el sustento sigue estando en los directos, no en las escuchas.