La polivalente show-woman Leonor Lavado reaparece en televisión como participante de la decimotercera edición de Tu cara me suena. Afrontando el reto de cantar, y con más de una centena de voces en su repertorio, la intérprete desvela su punto de vista sobre los desafíos vocales a los que se suele enfrentar, la gestión de un cambio vital repentino y el equilibrio entre sus múltiples facetas en una entrevista que despide con “muxu bat”.
Como concursante oficial de la decimotercera temporada de Tu cara me suena, ¿qué le aporta esta vivencia a su faceta como actriz, imitadora y cantante?
Siempre digo que soy imitadora de voces habladas. El cante no es mi don, pero estoy aportando todo el humor al programa. Me lo estoy pasando muy bien, pues aquí se refuerza mi papel cómico. Que la audiencia no espere las notas afinadas. Me lo llevo más a la parte del show.
Ha imitado a Soy una pringada, la vizcaina Esty Quesada. ¿El acento de las personas que hablan euskera es más complicado de imitar?
No, aunque hablar en euskera -eso sí te lo digo- es complicadísimo. Voy mucho a Euskadi, porque tengo una relación con ella, pero es verdad que el euskera... A mí me gusta aprender idiomas, sé algunas palabras, sé contar del 1 al 10 en euskera, pero siento que es diferente. No es como imitar el acento gallego, andaluz o el valenciano. El acento en euskera también tiene su particularidad, pero no es más difícil que otros.
Gracias a un vídeo viral pasó de estar en el paro a en un plató de televisión en 15 días... ¿Cómo se gestiona una avalancha así?
Realmente, me costó mucho trabajo gestionarla. Afortunadamente, yo tenía unos conocimientos y una formación que me acompañaba. Desde los 6 años estoy haciendo teatro y Arte Dramático. Y es cierto que me costó gestionarlo. Fue un momento por un lado muy luminoso, pero también muy oscuro, porque te encuentras con tus miedos e inseguridades. Eso es parte del camino. A muchos artistas les pasa que cuando tienen un proyecto, tienen que enfrentarse a nuevos retos. Te hacen fuerte y te ayudan a impulsarte en otros proyectos. Intento que la audiencia se lo pase bien en Tu cara me suena, y también me pongo en un plató con 600 personas a cantar -que es una cosa que nunca he hecho- y me voy descubriendo en esa faceta.
¿Cree que su formación en la ESAD le proporcionó también ventajas en cuanto a la imitación?
Por supuesto, no podría haber llegado a ese punto sin haber tenido un recorrido anterior. Te da una profesionalidad. Luego ya, que la suerte salga...
Trabajaba de ama de llaves en una mansión de Inglaterra, donde sintió un vacío creativo. ¿Eso le impulsó a tomárselo tan en serio?
Claro, las cosas que te pasan en el camino nos dan los siguientes pasos. Tuve que vivir esa experiencia en Londres para buscar mi lugar artístico. En mi caso, fue así. Cuando volví de Londres me puse a hacer voces, no sabía lo que iba a salir de ahí. Nadie daba un duro por mí, me encerré en mi cuarto y me puse a hacer voces durante dos meses, me lo tomé como unas oposiciones. Y mis padres se preguntaban qué iba a salir de ahí también, nadie confiaba... Pero yo tenía una intuición de que tenía que seguir empeñada en ese camino, y que por algún lado saldría. La vida es una música y hay que bailarla.
Muy en serio también se toma el cuidado de su voz. ¿Ha tenido que descartar a algún personaje al imitar para evitar riesgos físicos?
Totalmente. De hecho, con el tiempo te das cuenta de que hay voces que tienes que ir eliminando. Al principio, cuando yo empezaba a estudiar voces era muy burra. Me ponía y: “Venga, no, que me tiene que salir...”. Y la inspiración no trabaja así. Cuando tú asientas la voz en la imitación, trabajas desde el amor por lo que haces, desde la tranquilidad, desde la calma... Hay voces que son muy duras para mí, aquellas que son muy graves. Hombres yo no puedo hacer, porque me estaría dejando la garganta. Las personas que imitamos voces entendemos ese músculo como más extenso y trabajado, por lo que tenemos una mayor capacidad. Pero hay rangos de graves y agudos que no podemos pasar. Todo lo que haces fuera de ese rango te está dañando la voz, la estás maltratando. Hay personajes que yo detecto que me hacen daño y no los cojo, o si los tengo que hacer, pues invierto poquito tiempo. A lo mejor unos segundos, pero no hago como con otros personajes que me puedo tirar una gala o dos horas hablando.
Cuenta con más de 125 voces en su registro. ¿Convivir con tantas personalidades le dificulta reencontrarse con la Leonor que disfruta de la soledad de la montaña?
No, porque es como un juego. Te lo tomas así, es como el propio actor que tiene que hacer un papel más dramático o más serio. Te puede afectar -en mi caso- en el buen sentido de la palabra. Igual llevas una semana escuchando a Susanna Griso y, durante esa semana en tu vida, tienes dejes que son de esa persona. Sin querer meto una coletilla de esa persona en mi vida durante el periodo de aprendizaje. Una vez se integra y aprendes, me lo tomo como cuando estoy estudiando con un libro. Cierras el libro y te pones a hacer otra cosa. Desde muy pequeña siempre he tenido un mundo interior muy fantástico, y de mucha diversión, así que forma parte de ese juego. Pero luego, mi día a día cambia al momento, porque tienes que sacar al perro, te llega un paquete, y tienes que ponerte las pilas con las cosas que te pasan en el día a día y en la vida.