Para disfrutar de un buen partido de tenis hay que estar cerca de la acción, cerca de los jugadores. Cuando uno está a pocos metros de los tenistas, saborea todo con mucha más intensidad: se les oye, se les ve la expresión de la cara, las contracciones musculares, el sudor, la velocidad de la mano, la fuerza de las piernas en las frenadas y arrancadas, vamos, todo lo que no se aprecia desde la fila 20. Hay gente que dice que prefiere ver un partido en televisión que en directo desde el gallinero. Y es cierto, porque para estar lejos, qué mejor que quedarse en el sofá, disfrutando de la cámara lenta, repeticiones y con alguien que te lo explica todo.

En el ATP Masters 1000 Madrid se juega a demasiada distancia del público. Del público de verdad. La Caja Mágica dispone en su pista central de un montón de filas de palcos que comienzan a ras de pista, para invitados, políticos, futbolistas, empresarios, modelos, cantantes y toda esa clase de gente famosa que suele ir gratis a todo tipo de eventos. Grosso modo, da la impresión de que los palcos llegan hasta la mitad de la altura de las tribunas. De esta forma, si no estás invitado, ni eres político, ni futbolista, ni empresario, ni modelo, ni cantante, ni perteneces a ese elenco de gente famosa que suele ir gratis a todo tipo de eventos, puedes comprar una entrada de primera fila. De primera fila de gallinero. O sea, que pagando primera fila tienes derecho a ver el partido desde la fila 20, más o menos.

El público que no dispone de un palco VIP, el de verdad, es el que tiene verdadero interés en ver el tenis de cerca, porque entiende de qué va todo lo que se desarrolla en la pista y tiene criterio para hablar de tenis y, sobre todo, para saborearlo. Pero no puede porque no pertenece al famoseo. Y a la mayoría de los famosos, no nos engañemos, les atrae el tenis como la txuleta a un vegano.

Esto no tiene buena pinta. Parece que la política de vestir de gente guapa las filas cercanas a los protagonistas no va a cesar. Y esto tiene el agravante de que, en muchos partidos, los palcos están vacíos y el público de verdad sigue ahí arriba, en gallinero. ¿La solución? Muy fácil: hacerse político, futbolista, empresario, modelo, cantante o famoso de esos que suelen ir gratis a todo tipo de eventos. Y verá el tenis como debe ser. De cerca.

El autor es entrenador Nacional de Tenis