En plena charla distendida, después de formarse la parrilla de salida que suele decidir el Gran Premio de Mónaco, dos veteranos como Max Verstappen y Lewis Hamilton bromearon al aconsejar a Kimi Antonelli cómo tomar la salida rodeado del lujo y la presión del Principado, porque al chaval así le ven fuera de la pista, como un niño con rostro de no haber roto un plato. “¿Un consejo? Cuando se apaguen las luces, espera un segundo”, lanzó Verstappen. Y Hamilton añadió: “Sí, yo voy un paso por detrás, así que espera dos”. Nada más fundirse el semáforo, Antonelli soltó el embrague como un diablo. Porque esa sonrisa indefensa, que democratiza la simpatía hacia él, esconde algo que se está descubriendo al mundo, una capacidad al volante que está sorprendiendo, impasible ante la tensión que se trata de volcar sobre su aparentemente vulnerable presencia. 

El primero, el más asombrado –y a la vez malhumorado–, debe ser George Russell, el gran señalado para proclamarse campeón mundial de Fórmula 1. El británico estrenó el curso correspondiendo a las expectativas. Desde esa primera carrera con victoria, todo han sido reveses. Antonelli ya encadena cinco triunfos consecutivos en las seis citas transcurridas. Esta última especial, por eso del glamour ya la historia que guarda el circuito de Montecarlo, por ser el más joven de la historia en conquistar sus calles. 

Todo comenzó como algo que se antojaba esporádico, pasajero, anecdótico. Antonelli venció en China, pero las dudas asaltaron respecto a su suficiencia para alcanzar victorias ejecutando adelantamientos. Vamos, con rivalidad en pista. Contra todo pronóstico, los domingos se fueron tiñendo con la bandera italiana. Y así se llegó a Mónaco, circuito de pilotos. El chico de 19 años cerró la pole y en carrera respondió. Tuvo que hacerlo en dos ocasiones, en las salidas, que había sido su talón de Aquiles en los albores del curso.

Antonelli protege en dos ocasiones la primera plaza

En la primera lanzada, Antonelli defendió la primera posición. El peligro era Max Verstappen, que se quedó completamente parado por un fallo de motor. El neerlandés quedó borrado en el fin de semana más competente de 2026. El italiano tuvo ese pequeño –o gran– golpe de fortuna para anular al máximo adversario. Pero en la vuelta 70 de las 78 programadas se realizó una segunda salida tras la aparición de una bandera roja. Entonces la amenaza de Antonelli, que había liderado toda la prueba, era Lewis Hamilton. El joven también fue capaz de proteger la primera plaza. Sin duda, progresa a pasos agigantados. A estas alturas, Antonelli ha cobrado forma de campeón. Cabe recordar que el último jerarca italiano de la Fórmula 1 fue Alberto Ascari en 1953...

Russell cede en la lucha por el título

Porque quien se erigía como su gran opositor, Russell, ha rubricado dos ceros seguidos. “Cualquier cosa que pudiera ir mal, ha ido mal”, lamentó el británico. “Es el resumen de la temporada”, añadió. Russell parecía tener garantizada la tercera posición, pero en lo que él catalogó como “un error de comunicación” le condujo al decimotercer puesto final. Fue penalizado con cinco segundos por saltarse la velocidad del pit lane y se retrasó el cumplimiento hasta verse condenado. Cae al tercer peldaño del Mundial, a 68 puntos de distancia. Hamilton, por su parte, asciende al segundo escalón, a 66 unidades del líder.

Antonelli, con el trofeo de ganador subido al podio de Mónaco. EFE

Una jornada caótica

Lo cierto es que la carrera fue una amalgama de abandonos y sanciones. Verstappen fue el primero en causar baja. “Sospechamos que algo con el motor no ha ido bien. En la vuelta de formación ya veíamos que algo no funcionaba bien”, relató tras retirar el coche de la pista. Después, Lando Norris, vigente campeón del mundo, también se bajó del monoplaza antes de tiempo por un problema en la batería. Quinto abandono por problemas de fiabilidad de McLaren. A 18 vueltas del final, Lance Stroll chocó contra el muro y apareció el safety car. Cuando el coche de seguridad iba a abandonar la pista, Charles Leclerc se estrelló contra las protecciones en el mismo punto, en la curva previa a la entrada del túnel. Una parte del asfalto se levantó en ese punto y la organización de la carrera optó por ondear la bandera roja. Entonces, Antonelli tuvo que defender su posición de privilegio tras una nueva salida y lo hizo con soltura, sin sentir la amenaza en este caso de Hamilton en su cogote.

"Me salía todo de forma natural"

“Ha sido un fin de semana increíble, uno de esos días donde teníamos ritmazo. Me salía todo de forma natural, el coche se sentía muy bien”, manifestó el vencedor con ese rostro que infunde ternura pero que está provisto de una madurez considerable, porque su discurso es el de cualquier veterano en su misma situación: “La temporada es muy larga. Hay que seguir empujando y elevando el listón. Es un muy buen momento, pero hay que seguir”. No se deja llevar por la euforia. Sus pies estaban sobre el asfalto del Principado.

Hamilton, segundo, igualó el récord de ocho podios en Mónaco de Ayrton Senna. “El coche es bueno, pero necesitamos más carga aerodinámica. Hay que seguir trabajando duro”, instó el británico, satisfecho de todos modos.

El alboroto abrió las puertas del podio a Isack Hadjar, que cruzó la meta en tercera posición, aunque su podio quedó en vilo por una posible sanción al tocar el coche los mecánicos cuando estaba prohibido. 

Además, Carlos Sainz, que se encontraba en posición de puntos, tuvo que abandonar en la resalida después de un toque con Bortoleto. El madrileño se sumó al total de siete bajas, junto a Valtteri Bottas y Oliver Bearman. Fernando Alonso, que partía penúltimo, ascendió con este vacío al duodécimo lugar. De nuevo, con más pena que gloria. Aston Martin sigue con su batalla por abandonar la zona baja de la clasificación.