“Bienaventurados” (Selig, en alemán) es la palabra que abre y cierra el esperanzador monumento musical del Réquiem de Brahms. Bienaventurados todos, pero especialmente los que lo interpretan, porque, sobre todo para el coro, es, sin duda, una de las obras más duras de sostener en su altísima y continua exigencia. Quien lo haya cantado sabe que, después de cantar un Réquiem de Verdi, por ejemplo, se puede cantar otro, pero con el de Brahms, se llega exhausto.
Perry So, tan seguro y claro como siempre, llevó un tempo lento, expectante y manteniendo la piedad en los primeros números, luego lo movió algo más, así dio vida a una versión propia. La orquesta sonó con gravedad y mansedumbre en el magnífico comienzo. Y el Orfeón bordó el pianísimo inicial “a capella”, dejando sin respirar al auditorio. A mi juicio, el coro estuvo muy bien en los extremos (matices en “piano” y fuertes conclusivos), con algún asomo de fatiga en tramos intermedios, pero, por supuesto, sin que, en ningún momento, peligrara la atmósfera de la obra: densa donde las haya, con penetrantes rayos de luz, -la soprano y el coro en el n. 5-. Los solistas, de alto nivel, corroboraron el éxito de la versión.
Orquesta Sinfónica de Navarra Orfeón Pamplonés (Igor Ijurra, dirección). Erika Baikoff, soprano. Biger Radee, bajo. Perry So, dirección. Réquiem Alemán de Brahms. Baluarte. 28 de mayo de 2026. Casi lleno.
N.1.- Al buen comienzo en pianísimo, le siguen los buenos detalles de regulación (crescendo-diminuendo) fundamentales durante toda la obra. También en el N. 2.- Los matices de “dulzura” cuando se llega al “piano” (das grass istverdoret), contrastan con el marcado acento de los tramos en fuerte. Bien hecho (no fortísimo). N. 3.- El bajo Birger Radde tiene una voz potente, que impone, pero sobre todo hermosa de timbre. Frasea con holgura y dice el texto (Señor enséñame) con cierta imprecación, que luego convierte en humildad (Siehe meine Tage). El coro se mete en la sonoridad del solista, esta sección sale estupendamente. La primera fuga se consume en su densidad; o sea con una orquesta que amalgama un sonido un tanto oscuro, y el coro que defiende el texto en ese maremágnum. Quizás hubiera pedido un poco más presencia en las voces agudas, son las que más luz arrojan. N. 4.- Una delicia de adecuación del texto silbante y la música. De nuevo mandan los reguladores de Brahms y de Perry So. Todos los hacen bien. ¿Quizás un poco más lento?... Pero hay peligro de caer en blandenguería. N. 5.- Es uno de los caramelos del repertorio de soprano. Erika Baikoff –de buena reputación- frasea con gusto, pero, creo, que ese fraseo debe ser un poco más aireado, y el agudo algo más etéreo; siempre salvando pedido por la partitura. Este número sí que lo veo más lento; a no ser que el maestro se pusiera de acuerdo con la solista en el tempo. N. 6.- Buen comienzo, con las notas sueltas e impulsadas por el texto bien pronunciado (“sotto voce” enigmático). El bajo, con su contundente presencia vocal, (también matizada en los “pianos”), presagia la gran fuga. Un torbellino que se salva por los intérpretes, pero con sufrimiento en algunas entradas. N. 7.- No sé con qué coros contaría Brahms para su réquiem, pero, después de semejante fuga, mandarle al coro, por cuerdas, que estabilice la afinación, el matiz “piano” y la solemnidad lenta (Feierlich) del final es un reto mayúsculo. Y, sin embargo, así se gana uno el cielo. Llegando al calderón de silencio que Perry So sostuvo y que, afortunadamente, nadie interrumpió. Contundente cierre de temporada. Y contundente ovación.
Y la próxima viene francamente atractiva y atrevida: Nielsen, Debussy, Ravel, Bruckner, Enesco… Si Dios quiere, allá estaremos.